HECHIZO ETERNO

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Juan Sebastián Verón

Juan Sebastián Verón

Cabeza levantada, radar encendido. El guante ya está ubicado en el pie para lanzar los últimos pases largos de su carrera. Los que anduvieron por Italia e Inglaterra haciendo de las suyas. Los que volvieron a La Plata para conquistar américa. Juan Sebastián Verón merece respeto. Por su carrera, su estilo y su profesionalidad. Más que respeto, el Estadio Único lo vanagloria. Una y otra vez, porque el señor, se lo merece. Tan victorioso como ofuscado tras sus últimas experiencias europeas, «La Brujita» regresó a la ciudad de las diagonales y alegró a la mitad de los habitantes con uno de sus hechizos. Alegró, si, porque raramente no se trataba de esos hechizos que duran años y solo traen sufrimientos. Al contrario. Verón despertó un nivel de competitividad dormido en el mundo Estudiantes. Llevó a la gloria al equipo que dirigía Diego Simeone tras perseguir incansablemente a Boca Juniors, y vencerlo en una final apasionante y dramática. Los pincharratas se enamoraron de las brujerías de aquel calvo que vestía la camiseta N°11. Pero no imaginaban ellos que aquél solo era el principio de un amor. Hijo de «La Bruja» Juan Ramón, Sebastián quería mantener la tradición familiar: hacer rugir al león por todo América. Con su escoba desplazó rivales en noches épicas, memorables, dignas de un film hollywoodense. Con su rol protagónico, Estudiantes, como en los viejos tiempos, pisó fuerte en Brasil y se alzó con la Copa Libertadores. Ya era épico. Por el logro, y por el contexto. Ese que marca que son pocos los que vuelven al club de sus amores, porque prefieren mantener las lujosas y tranquilas vidas europeas. Verón no siguió la lógica, volvió porque se sentía en deuda con el club que lo vio nacer. Y empezó a transformarse en leyenda.

Años de protagonismo en los que se destaca otro título local y una final más que digna ante el quizás, mejor equipo de todos los tiempos, Barcelona. El cuerpo de la buena bruja empezó a deteriorarse, pero la mentalidad ganadora y la profesionalidad siguieron intactas. Ni hablar del talento. Verón se alejó por un tiempo pero volvió porque ama el fútbol. Su regreso trajo muchas versiones, pero él mismo se encargaría de callar rumores. En un nivel más que aceptable, y aún lidiando contra los maléficos dolores que traen los años, el símbolo pincha se transformó en una pieza clave del equipo dirigido por Mauricio Pellegrino. Como siempre, desde la mitad, se encargó de solidificar estructuras y transmitir confianza a un equipo plagado de juveniles. Siempre atento, preciso, y bien ubicado, claro, para contrarrestar su habitual lentitud -fisica-, «La Bruja» vio como su Estudiantes se hacía protagonista del Torneo Final 2014. Fue destacable la dupla que formó junto a un juvenil aguerrido pero para nada negado con la pelota en los pies: Gastón Gil Romero.
En un final dramático, y con Gimnasia -rival de toda la vida- peleando el campeonato, Estudiantes optó por no ser noticia. Por remar desde atrás, y en silencio. Un sábado 10 de Mayo, el pueblo pincha se reunió para darle el último adiós a su ídolo. El ‘Pincha’ enfrentaba a San Lorenzo pero ‘La Bruja’ prefirió estar lejos de un rol protagónico. Los flash de aquella tarde lo incomodaban. Verón, tipo de pocas palabras, pero importantes. De los que dicen mucho hablando poco. Siempre prefirió hablar en la cancha. Esa tarde no fue la excepción. Desde su pie derecho, Estudiantes construyó sociedades en espacios pequeños, hizo correr a sus velocistas hacia zonas del campo liberadas, y hasta se hizo fuerte en la zona de recuperación. El equipo de Pellegrino jugó su mejor partido del campeonato y borró al último campeón con un contundente 3-0. El Estadio se rompió las manos aplaudiendo la salida del lider, el símbolo, el principal artífice de tanta hazaña. Desgarraron sus almas, también, enterados de que estaban siendo testigos del último show de «La Brujita» en su casa.
El mundo del fútbol sabe que sus trucos y su arte quedarán guardados en los capítulos especiales del fútbol argentino.
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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.