SUFRIÓ PERO TUVO PREMIO

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Boca la pasó mal en algunos tramos del partido pero con un planteo inteligente y un mediocampo en buen nivel, supo aguantar y aprovechar al máximo los espacios que dejó Palmeiras, y así se metió en la final de la Copa Libertadores. La misma será ante River, en un duelo que quedará para la historia.

Palmeiras, urgido por la derrota 2-0 en la ida, arrancó con un juego muy directo. Apenas agarraba la pelota alguno de los centrales, buscaba por arriba al centrodelantero Deyverson, especialista en ese tipo de envíos. Este la bajaba, generalmente para Dudu, quien centraba a un área llena de camisetas verdes, ya que los volantes se desdoblaban -en especial Bruno Henrique-. Con esa fórmula, en la que no había más de dos o tres pases seguidos, el local complicó mucho a Boca en los primeros 15 minutos, y hasta convirtió un gol que fue anulado por offside. El visitante estaba bien parado, pero su rival empujaba mucho y ganaba los duelos individuales. Sin embargo, ese planteo tenía su contrapartida: al poner tanta gente en ataque, no llegaban a volver y el equipo se hacía muy largo, quedando solo Felipe Melo para la contención, y dejando espacios que eran ideales para un equipo rápido en ataque. Así, luego de que Cristian Pavón y Ramón Ábila tuvieran sus chances, Sebastián Villa hizo una gran jugada por la derecha y esta vez Wanchope no perdonó.

Con el 0-1, el conjunto brasileño estaba obligado a meter cuatro goles si quería pasar de fase. Aunque en los minutos siguientes siguió intentando, el golpe fue demasiado duro, y el empuje inicial se fue diluyendo. Además, Boca se afirmó en el campo gracias a un buen trabajo de los mediocampistas: Nahitán Nández mostró su habitual despliegue, Pablo Pérez ayudó en la marca y decidió bien en los pases en profundidad, y Wilmar Barrios también tuvo una gran noche quitando y relevando. Pavón y Villa se desgastaron por las bandas y Wanchope fue importante con sus buenos pivoteos, haciendo descansar al equipo. Palmeiras se mostró excesivamente apurado y abusó de los pelotazos, careciendo de elaboración a excepción de algunos intentos de Lucas Lima. Fue un equipo muy individual y con nulas jugadas colectivas: los más peligrosos seguían siendo Dudu y William por los costados, pero en general se les hacía fácil a los centrales xeneizes ganar por arriba.

En el segundo tiempo, todo esto cambió. El ingreso de Moisés, un jugador más cerebral, mejoró mucho las posesiones del equipo de los hombres de Luiz Felipe Scolari. El juego se hizo más fluido y el equipo empezó a tocar muy bien en velocidad. Dudu recibía mano a mano ante Lucas Olaza y estuvo muy inspirado, generando los mejores ataques por la banda derecha. Boca se metió cada vez más en su área, por lo que los rebotes le quedaban al rival. Agustín Rossi fue importante con un par de buenas intervenciones, pero el visitante estaba muy dubitativo atrás y finalmente llegó el gol de Luan tras quedar habilitado por Lisandro Magallán. Para colmo, cuando parecía ya haber pasado el mejor momento de Palmeiras, Carlos Izquierdoz -en su único error en el partido- cometió un penal y Gustavo Gómez puso el 2-1.

El local empezó a creer en la remontada y a Boca se le podía escapar una serie que estaba totalmente controlada. Fueron los minutos más complicados de todo el trámite. Palmeiras se agrandó y siguió inquietando con los mismos argumentos. Felipe Melo ganaba las divididas y el equipo tenía la pelota. Los desbordes y centros llegaban de ambos costados y Dudu parecía jugar como quería. Ingresó Miguel Borja, conformando junto a Deyverson un doble nueve peligroso en el juego aéreo. Sin embargo, la defensa del equipo de Guillermo Barros Schelotto rechazó mucho por arriba. Y la carta ganadora fue la misma que en la ida: pocos minutos después de ingresar, Darío Benedetto recibió tras un buen contraataque de Nández y Pérez y otra vez no perdonó, con un derechazo desde media distancia que puso el 2-2 definitivo. La jerarquía del Pipa fue demasiado para un equipo que ahora tenía que meter tres goles en veinte minutos para clasificarse, con un rival mucho mejor parado, jugando tranquilo y aguantando la pelota.

Después de una Copa que transitó con muchas dudas, Boca logró meterse en la final. En las instancias decisivas, Guillermo hizo planteos más inteligentes y esta no fue la excepción. Encontró un 4-1-4-1 que le dio equilibrio y resultados. No tuvo tanta elaboración, pero en todos los partidos sus delanteros se las arreglaron para convertir sin necesitar de muchas chances. Con la jerarquía del plantel en ataque, lo primordial era lograr más solidez defensiva y se consiguió. La serie fue muy pareja salvo en los minutos en los que jugó Benedetto, que sacó toda la diferencia. Por su parte, el mediocampo, la defensa y Rossi también estuvieron a la altura. Ahora se vendrá una final histórica ante el tradicional rival: teniendo en cuenta los antecedentes, seguramente se definirá por detalles, pero será fundamental mantener estas virtudes mostradas en los cruces ante Cruzeiro y Palmeiras.

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