REDONDO: LA ALTANERÍA HECHA FÚTBOL

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Presencia, toque, visión, soberbia y distinción. Argentina no disfrutó lo suficiente de todas esas cualidades de uno de sus máximos exponentes. Fernando Redondo brilló en Europa a puro toque y elegancia.

Escuela clásica. Pelota al piso, nada de revolearla. La zona de influencia del blondo mediocampista comenzaba en el círculo central y llegaba hasta la línea de fondo. Estampa de crack, en el Real Madrid se convertía en el vértice de un triángulo con los dos centrales merengues.  Fernando Hierro era uno de sus habituales compañeros en esa figura.

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Toque de espalda para abrir el juego. Simple, sin complicarse. Formando siempre un triángulo. Maestro del pensamiento. Rueda de auxilio hasta quedar de frente al arco rival.

Una vez de frente, con panorama, el despliegue tomaba presencia. Con la ubicación como ancho de espadas, Redondo dejaba de ser “5” y se transformaba en “10”. El desdoble lo hacía convertirse en socio del ataque de los delanteros, y habilitarlos. En el texto, parece que hablamos de un extraterrestre. Incluso, sonarán grandilocuentes algunas de las virtudes destacadas, pero Redondo era eso, un exagerado talento.

Foto_2 La complejidad del juego del “Príncipe” iba más allá de un traslado desde su terreno de juego hasta el área rival. El 5 se convertía en enganche. Y, luego, en extremo o segundo delantero. Era habitual verlo salir del círculo, tocando con uno de los atacantes para salir por izquierda y llegar al fondo. Recordada es una jugada contra el Manchester United en pleno Old Trafford: escape por izquierda, rodeado de camisetas rojas, mete taco para sacarse de encima el marcador y paralelo a la línea de fondo, levanta la cabeza y la tira a atrás. Lo extraño de este caso, es que no era una situación aislada.

En el imaginario colectivo, Redondo estaba signado como un 5 de clase. A continuación Pasión Fulbo revela un compilado de situaciones en la que el llamado “Volante central” terminó como extremo o, incluso, segundo delantero. No sólo lanzando un centro, sino también levantando la cabeza y jugando hacia atrás, recostado para su mejor perfil.

Allí su pierna dejaba de ser una espada preparada para la batalla para sufrir una metamorfosis hacia lo sensible. Lo virtuoso aparecía en su pie zurdo y una pluma comenzaba a aflorar de su botín. Puros lujos y sabiduría en una cabeza que estaba 10 segundos adelantada. Sabía todo lo que iba a hacer.

Su talento era acompañado de altanería. Conocidos son varios cruces dentro de la cancha de juego con sus rivales: “¿Vos cuánta plata ganas?” y otras frases, acompañaban sus pisadas. Incluso, Francisco Maturana recuerda un cruce del mediocampista con Faustino Asprilla en la “Revista Soho”: “En La Copa América de 1993 había una fuerte rivalidad con Argentina, y en una discusión en el campo con Fernando Redondo, Faustino le dice: “¿Vos cúanto te ganás?”. Y Redondo le dice: “Yo gano tanto…”. Asprilla trató de cerrar: “Yo gano más, yo gano 30.000 dólares”. Redondo le contestó: “Pero yo tengo esta cara”.

Su paso por la Selección fue breve. En el recuerdo quedará que rechazó una llamada de Carlos Salvador Bilardo, enamoró a todos con Alfio Basile y la recordada pared perfecta con Diego ante Grecia. La pelea con Daniel Passarella ¿por el pelo? (mmm) y esos últimos partidos con Marcelo Bielsa. El mismo Loco Bielsa que, antes de un partido ante el Athletic Bilbao le dijo: “Usted no me gusta. Pero tengo que venir a ver a todos”.

Redondo era un ser especial. Amado hasta lo más profundo del ser por todos los madridistas. Recordado como “El Príncipe de Madrid”.  Ha sido, sin dudas, uno de los mejores jugadores que ha sacado Argentina. Nacido en Talleres de Remedio de Escalada, debutó en primera en la fábrica de volantes centrales más grande del mundo, Argentinos Juniors. Tenerife y Real Madrid vieron su mejor versión.

Por: Federico Lamas

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El fútbol de otra manera.

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