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SIGNOS VITALES DURANTE EL DERRUMBE

El José Fierro fue testigo de las dos caras del conjunto que dirige Diego Cocca. Por un lado, humillación individual y colectiva en casi un tiempo completo; por el otro: respuesta, amor propio, rebeldía y dominio sostenido en el complemento. Sin embargo, pesó mucho más lo primero que lo segundo.

Ante Atlético Tucumán, Racing profundizó su crisis futbolística a tal punto de ser superado 3-0 en media hora de juego. Sin vuelo creativo, sin circulación, con niveles cada vez más bajos (Augusto Solari, Marcelo Meli, Pablo Cuadra, Alexis Soto) la Academia paseó por el norte argentino. Con la novedad del regreso de Lautaro Martínez, la ilusión se renovó. Pero la vuelta en buen estado del juvenil, sumado al desparpajo de Andrés Ibargüen, no alcanzó para levantar un equipo subterráneo.

Recién en la recta final de la primera mitad hubo alguna sociedad entre los atacantes, proyecciones de los laterales y otro peso en ofensiva. Quizás lo más destacable de todo el encuentro en Tucumán haya sido la exigencia que tuvo la defensa y el arquero rival: con Lautaro y la voluntad de Cuadra, Ibargüen e Iván Pillud, tanto Christian Luccheti como su reemplazo Alejandro Sanchez, tuvieron que evitar que el resultado se achique.

Ese punto es el más rescatable y deja ver una luz de esperanza dentro de la adversidad. De la mano de Lautaro y Lisandro, las expectativas para la vuelta contra Libertad se incrementan. Pero los déficits son demasiados. La defensa no da respuestas ni individual ni colectivamente; los generadores de juego no están y todo recae en individualidades.

La problemática está con el efecto de la bola de nieve: cada vez se agranda más y, ahora, hasta alcanzó la continuidad de un intocable como Diego Cocca. El juego de Copa Sudamericana tiene una relevancia más que importante, no solo por lo deportivo, sino porque puede desencadenar el caos definitivo en un club que estaba erradicando esa mala costumbre. La respuesta deberá ser inmediata.