Los pibes de Racing pusieron la cara.

RACING MEJORÓ CON CONCEPTOS BÁSICOS Y EL EMPUJE DE LOS PIBES

En el estreno de Juan Ramón Fleita, la Academia levantó dos veces el resultado contra Newell’s y pudo haberlo ganado. Desde los pies de Facundo Gutiérrez apareció el fútbol perdido. Con siete pibes surgidos del Predio Tita, el equipo casi se lleva un triunfo de Rosario.

En época de transición hacia la elección del nuevo técnico, Racing jugó uno de los mejores partidos del campeonato. Sin ser descollante y con reiteradas falencias en los sectores más endebles, mostró personalidad para no claudicar. Con insistencia y más valentía que fútbol, pudo empatarle el resultado dos veces a Newell’s. Y no lo ganó por muy poco.

Con el mismo esquema (4-4-2), sin fortaleza defensiva en la zaga (el debutante Schlegel estuvo nervioso y Barbieri infantil) y con complicaciones para recuperar la pelota en la mitad de la cancha, el desarrollo empezó difícil para Racing. Brian Sarmiento aprovechó muy bien la espalda del Pulpo González para generar daño. Sin embargo, la cara era opuesta en ofensiva. Aún con Lisandro López en un nivel paupérrimo, con las intermitencias de Andrés Ibargüen y el joven Martín Ojeda (interesante variante por la banda izquierda), alcanzó para desajustar un fondo inestable de Newell’s.

La mejora se dio a partir de los pies de Facundo Gutiérrez. El juvenil volante central que hizo su debut mostró las credenciales que se le veían en Reserva: buena ubicación, habilidad para soltarse y romper líneas sin pelota o conduciendo y mucha claridad para distribuir en campo rival. Con sus pases frontales, incisivos y agresivos, Racing encontró la manera de saltear la línea de volantes del local. Sin embargo, el punto más destacado de los dirigidos por Fleita fue la constancia para buscar el arco rival, aún en pasajes sin claridad. Nunca renunció a la búsqueda ofensiva y fue más práctico que con Diego Cocca. Cuando se pasó el momento de esplendor de la Lepra, la Academia tomó la posta y fue quien propuso las condiciones. La principal falla estuvo en la claridad para los metros finales. Con el Pulpo contenido, Ojeda e Ibargüen intermitentes, Mansilla y Cuadra (entraron en el complemento) irresolutos y Lisandro en una mala noche, la precisión en ataque recayó demasiado en los movimientos de Lautaro Martínez.

Esta claro que con esto no alcanza, pero parece un avance gigantesco para un equipo que no encontraba ningún atisbo de reacción. El cierre del año ante Gimnasia puede ser el punto final a la apatía. A partir de eso, el nuevo cuerpo técnico y la dirigencia ganadora de las elecciones, deberán atender de forma eficaz los llamados de urgencia para reestructurar lo necesario. Material hay, falta trabajo y calidad. Aunque sea en este fin de año, los pibes ponen la cara dejando en claro que se puede confiar en ellos.