HABÍA UNA VEZ…

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No es nueva la pasión de los niños por el fútbol. Hace aproximadamente 50 años, cuando la palabra Internet aún no asomaba en la mente de ningún científico ni técnico y menos en los diccionarios de la Real Academia Española, era un lujo tener televisores a color, por lo que en general, las familias debían conformarse con escuchar las noticias y novedades sobre el mundo del fútbol a través de radios y diarios. En éstas épocas mencionadas, que muchos podrían considerar prehistórica, el balonpié ya era un fenómeno a nivel Mundial. Los niños escuchaban, veían, leían acerca de los fenómenos que arrasaban en las ligas y copas más importantes del otro lado del Océano Atlántico. Uno de esos muchachos, José, creció y tiene 2 nietos; Eugenio y Manuel. Imposible que no quede en su recuerdo todo lo que vivió mientras era un joven, en su adolescencia, en su juventud. Tan dificil le sería olvidarlo que decide transmitirselo a dichos nietos. Divide las historias, sabe que ellos pueden leerlas o mirar las hazañas de los jugadores de los que él habla en las computadoras, en las video-casetteras, en los DVD, en los especiales que transmiten en los canales deportivos. Pero decide, sin embargo, contarlo desde su punto de vista. Le parece importante. Le gusta hablar de ello. Una tarde lluviosa de invierno, cuando su hijo le llevó a sus nietos para que pasen el resto de la tarde con su abuelo, no había Internet. Tampoco había televisión. Ni siquiera había luz. Edesur había vuelto a tener problemas y los chicos estaban aburridos. Nada que hacer. Y el viejo empezó a contar algo…


»Sabían que hace 35 o 40 años no teníamos computadoras? Bueno, yo tuve la suerte de que mi papa, su bisabuelo, era un hombre de mucho dinero. Muy rico. Era un estanciero muy ocupado pero estaba siempre muy a favor de sofisticar la casa, de la tecnología. En fin, recuerdo el momento en que nos llegó nuestro primer aparato en blanco y negro, a pesar de que en el país se vendían desde una década antes. Se podía ver lo que pasaba en el Mundo. Habían cinco o seis canales. Y en uno de ellos, transmitían los partidos del Mundial, que había iniciado un 13 de Junio, un día después del que vivimos ahora. Había leído días antes que Alemania, la selección anfitriona y la que llamaba más mi atención, venció a Chile con gol de un muchacho de pelo afro, bastante robusto, Paul Breitner. Pero quien realmente me sorprendió fue un joven que llevaba la pelota pegada al pie, con mucha destreza y era muy extraño. No entendía si era improvisado o qué hacía pero arrancaba desde atrás de todo, casi pegado al arco e iba gambeteando rivales hacia el centro del campo, incluso llegando hasta donde se encontraban los defensores del equipo contrario. Me río de solo pensar en mi sorpresa; un defensor que pasaba a distribuir juego a la mitad de la cancha y que luego avanzaba hasta el área para atacar el arco. Increíble. Fue el inicio de una revolución en el fútbol, la creación de una nueva posición, la del Líbero. Estando tan viejo me olvido de mencionar ciertas cosas, disculpen. Su nombre era Franz Beckenbauer, tal vez lo han escuchado en algún momento. Desde ahí, no me cansé de buscar información de él y averigué millones de cosas. Nació en Munich, una de las ciudades más importantes de la más grande potencia del Viejo Continente. Su capital es Berlín, pero en ciudades como ésta nacieron importantes talentos y ocurrieron grandes hechos históricos. Desde muy jovencito, el alemán había destacado en un club llamado Munich 1860. A los 14 años de edad, un gran club del país que en ese momento era muy mediocre, decidió ficharlo: el Bayern Munich. La NationalMannschaft vio el talento de este pibe y decidió hacerlo debutar en 1966, cuando la Copa se hizo en el país de la Reina. Sorprendió a todos, marcando 4 goles. Y desde ahí, el modesto equipo de Munich empezó a hacerse un espacio entre los grandes del Mundo, ganando Ligas y Copas tanto nacionales como internacionales. En 1970, cuando Beckenbauer ya había empezado a ser apodado como el Kaiser, fue el capitán indiscutible de un firme candidato al título. Le faltó muy poco, disputó un partido maravilloso contra Italia y terminó en tercer lugar al vencer a Uruguay. En uno de esos encuentros, jugó el resto del partido con el brazo roto, inmóvil. Qué luchador. Tantos bebes hoy tirándose al piso en cancha, cada vez se juega menos, más faltas, menos fútbol. Por eso digo que como éstos ya no hay eh.» 

Los muchachos estaban mirando con los ojos entreabiertos a su abuelo, cuyo relato empezaba a hacerse algo pesado, sin mencionar sus errores técnicos. Pero él no se daba cuenta, se encontraba haciendo lo que mucha gente suele hacer a esa edad; recordaba el pasado con anhelo, angustia y nostalgia, escapándose alguna lágrima mientras continuaba el relato con incesante emotividad.

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»Ya los siguientes años Alemania y el club del Kaiser empezaron a hacer eco en todo el Mundo; ganaron la Eurocopa, la medalla de oro en los Juegos Olímpicos y él con el Munich ganó la Copa de Europa, ahora Champions. Llegó el Mundial que planteamos al principio, el de 1974. Me volví fan de los alemanes y hasta esperaba una final entre Argentina y los europeos. Claro que al estar en un grupo con Brasil y Holanda, eso se volvió imposible. Esos holandeses jugaban un fútbol que no sabes, era invencible. Me parecía muy complicado que Alemania ganara esa final. Pero confiaba en mi ídolo. Mi nuevo ídolo. No metió goles pero siempre fue fundamental. Siempre. Nunca defraudó. En ningún momento. En ningún lugar. Y no decepcionó, otra vez. Alemania ganó 2-1 con un gol del Bombardero Gerd Muller, uno de los máximos goleadores de los Mundiales. Notable trabajo. En 1984, cuando había terminado su carrera, se volvió técnico de la Mannschaft. Hasta ahí causó problemas al Mundo. El Mundial se lo ganamos, con la magia del Diego y luego nos ganó la final de 1990. Y sumó otro logro: el único jugador en la historia que ganó Mundial como jugador y como entrenador, tras haberlo concretado con anterioridad Mario Zagallo. Después ayudó a organizar la Copa del 2006 y…»

Se escuchaba la solitaria voz del hombre mayor de edad en la sala de estar, cuando la luz había acabado de volver. El televisor se encendió de repente y el Módem de la computadora volvió a prenderse. Sus dos nietos se encontraban durmiendo en el gran sillón que se encontraba frente a él, sentado en una de esas viejas sillas de madera. Sonriendo, se levantó a tomar el control remoto y puso un canal donde pasaban un partido del Bayern Munich. Manuel Neuer había acabado de salir a despejar una pelota hacia afuera del área, con una entrada muy correcta a Marco Reus, delantero del Borussia Dortmund. De repente, el viejo oprimió el botón de apagado y se sentó nuevamente en su silla:

»¿Son éstos los líberos de ahora? ¿Entran fuerte, van a los pies a romper huesos y se limitan a defender? Ja, como los de antes no hay. Nunca habrá otro como Franz.»

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Un romántico del futbol. Messista. Argentino por sobre todo. Junto letras en @PasionFulbo y @Uni_Futbolero. Muy ocasionalmente en @KaiserFootball.

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