ZLATAN, TALENTO DE ROSENGARD

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Hijo de inmigrantes balcánicos, Zlatan Ibrahimovic se forjó en una de las zonas más peligrosas de Malmo. Su evolución futbolística lo llevó a las principales ligas, aunque fue en el Calcio donde logró su mejor nivel. La ambigüedad de un notable jugador y una personalidad avasallante.

La Guerra Civil que sometió a Yugoslavia a principios de la década de 1990 tuvo serios antecedentes que desencadenaron la inmigración masiva hacia territorios cercanos. Suecia fue uno de los países con más afluencia. En la ciudad de Malmo, ante la inminente posibilidad de ruptura en su lugar de origen, numerosas personas comenzaban a encontrar una salida para desarrollar de otra forma su vida. Una de ellas era Sefik Ibrahimovic, un hombre que provenía de la zona bosnia.

Caracterizado por su apego a la bebida y el alcohol, Sefik vivía en un suburbio de la ciudad. Había conocido a Jurka Gravic, una mujer proveniente de Croacia, con quién tendría seis hijos. Entre ellos estaba Zlatan, criado con su padre en un departamento de Rosengård, posteriormente a la separación de sus progenitores cuando apenas tenía dos años. Inmerso en un espacio con alto índice de criminalidad y una inmigración cada vez mayor, el chico creció jugando al fútbol. La población crecía por las personas provenientes de los Balcanes, pero las condiciones de la zona eran pobres y estaban alejadas de las que podían observarse en las principales ciudades suecas.

En muchas ocasiones, Zlatan no supo escapar al contexto. Mientras continuaban los problemas de su padre, el joven desarrollaba sus aptitudes futbolísticas con sus amigos, pero también era protagonista de sucesos que marcaron su adolescencia. Condujo un auto robado con una placa falsa de policía, y llegó a contar que sustraían cualquier objeto que necesitasen del mercado cuando lo necesitaban. Además, nunca pudo progresar en el colegio y terminó abandonándolo.

Un mural del territorio en el que forjó su carácter exhibe una frase que ha expresado, ya con la experiencia que le otorgó su carrera: “Puedes sacar al niño de Rosengård, pero no puedes quitar a Rosengård del niño”. En su juventud, ayudó a su madre a limpiar casas, practicó taekwondo consiguiendo buenos resultados, desestimó la posibilidad de ser boxeador que le acercó su tío Sabahudim y estuvo cerca de abandonar el fútbol por un trabajo que le ofrecían desde el puerto. Finalmente, una entidad en la que jugaban chicos inmigrantes de la ex Yugoslavia le ofreció la posibilidad de comenzar a jugar. Sería el punto de inflexión para su trayectoria.

Su equipo perdía un juego por goleada, ingresó y marcó ocho tantos para el asombro de propios y extraños. Entre los veedores del partido se encontraba un ojeador del Malmo, el equipo más importante de la ciudad. Inmediatamente lo llevó a las instalaciones del club. Con 12 años, Zlatan se sumó al equipo. Evolucionó en sus capacidades, y debutó con un gol en la Primera del conjunto celeste, a los 18. “Tengo fuerza, tengo técnica. Creo que puedo mejorar mi juego con la cabeza, aunque pienso que mi principal virtud es que soy muy técnico”, manifestaba en una entrevista el hoy jugador del PSG.

Zlatan joven, luciendo la camiseta del Malmo.

No obstante, su primera temporada estaría marcada por el descenso. No jugaría demasiados partidos aquel curso, pero sí sería elemental para devolver al equipo a la élite de Suecia, un año más tarde. Ya comenzaba a ser uno de los jugadores más altos del plantel. Al tiempo de que no prosperaban las ofertas provenientes de Inglaterra, aceptaba la proposición del Ajax conducido por Leo Beenhakker. Sus compañeros en Malmo lo acusaban de individualista, él mismo aceptaba que debía aprender a soltar antes el balón, pero en los Países Bajos sabían que tenían un jugador con mucho margen de mejora.

La transferencia al Ajax sería el primer paso de su crecimiento. Luego, brillaría en Italia y recalaría en Barcelona, donde no pudo hacerse un lugar ante la idea de Guardiola de utilizar a Messi como falso 9. El Calcio vio su regreso en un nivel óptimo, aunque siempre lo caracterizaron sus salidas problemáticas de los clubes. A mediados de 2012, firmó con el PSG, que iniciaba un proceso dominado por los petrodólares. Aún así, más allá de haberse consagrado en el certamen nacional de cada liga que disputó, nunca consiguió ganar la Champions League. Sin dudas es una de sus cuentas pendientes, junto a obtener un logro de importancia con su selección. Un jugador con un talento fuera de serie, que siempre quiso tomar el rol de protagonista del film.

Fuente: http://www.martiperarnau.com/club-perarnau/la-revista-10-del-club-perarnau/

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About Author

Periodismo y fútbol. 24 años, de Roldán.

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