UN PRODIGIO BAJO PALOS

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En el imaginario de todo argentino futbolero queda archivada aquella atajada ante Johnny Rep. Sobre el comienzo del juego, detuvo un remate furibundo y desvió la pelota al córner. Volvió a aparecer durante el encuentro para negar el gol holandés y dar vida a la Selección Argentina. Ya con lo acaecido en los 30 minutos extras, El Monumental explotó de algarabía y júbilo. Ubaldo Matildo Fillol se erigió como héroe en 1978, y sus acciones salvadoras fueron uno de los principales apoyos del equipo campeón dirigido por César Luis Menotti. Por aquel entonces, el Pato era uno de los arqueros de mayor experiencia del fútbol argentino y el dueño absoluto del arco de River Plate. De reflejos extraordinarios, era capaz de parar cualquier remate que vaya a su arco. Se lucía con estiradas espectaculares a los ángulos tras disparos lejanos. Su fortaleza hacía que fuera casi imposible vencerlo. Otorgaba una seguridad al colectivo que difícilmente pueda ser igualada por otro arquero. Su inmensa categoría hacía empequeñecer a los rivales, con acciones de todo tipo y una lucidez magnífica. Impecable en los mano a mano, su figura achicaba el arco a medida que el futbolista rival se acercaba a definir. Fillol fue, sin lugar a dudas, un prodigio. Si ante Holanda disputó un partido consagratorio, sus actuaciones previas en aquel Mundial no estuvieron muy por debajo. Frente a Polonia y Brasil, salvó al equipo con atajadas de mucho calibre, y sacó un gran tiro libre a Grzegorz Lato y el penal a Kazimiers Deyna, que posibilitaron comenzar de buena manera la segunda fase. Su buzo verde no se distinguía en las pantallas de televisión, que transmitían en blanco y negro, pero sí era posible apreciar el 5 en su espalda. Eran tiempos en los que la numeración se decidía por abecedario, y Norberto Alonso fue el dueño de la 1. De principio a fin del campeonato, su rendimiento fue excepcional. Daniel Passarella ejercía su liderazgo y, del otro lado del campo, Mario Kempes, Daniel Bertoni y Leopoldo Luque decidían el encuentro a favor con sus conquistas.

Su historia con el seleccionado no había iniciado en la Copa del ’78, certamen del cual fue elegido mejor arquero, sino que ya había estado en Alemania 1974. Fue citado como tercer arquero, pero el entrenador Vladislao Cap le dio la oportunidad de jugar ante Alemania Oriental, por encima de Daniel Carnevali y Miguel Ángel Santoro. Hombre clave de Menotti, viajó a España 1982. Tiempo después, formó parte del equipo que consiguió la clasificación al Mundial de México, pero Carlos Bilardo decidió dejarlo fuera de los convocados. Nery Pumpido fue el titular y un desconocido Héctor Zelada se presentó como tercer arquero. Ubaldo Matildo había estado de arranque en el empate ante Perú que brindó el punto necesario, en 1985, pero no imaginó que ese sería el último partido con su país.

En medio de los 11 años que duró su carrera en la Selección (los 58 partidos que jugó para Argentina dan cuenta de la enorme diferencia de calendarios con respecto a la actualidad), destacó en cada club donde jugó. Su debut en Quilmes atrajo las miradas de Racing y, más allá de marcar una época, fue en su llegada a River cuando sobresalió. Volaba a ambos costados, realizaba acciones inverosímiles y se transformaba en el mejor arquero del fútbol argentino. La otra corriente de estos lares era defendida por Hugo Gatti. Con el tiempo, la balanza se fue decantando para el lado del Pato. Por su velocidad de reacción, agilidad de piernas, reflejos, seguridad, y una personalidad avasallante, Fillol defendía su arco y marcaba el rumbo del equipo.

Líder del conjunto Millonario, se convirtió en uno de los artífices de la coronación en el Metropolitano 1975. River volvió a obtener un título tras 18 años, su peor racha en el fútbol argentino. Con Ángel Labruna desde el banco, y Roberto Perfumo, Alonso y Oscar Más como compañeros, el Pato fue fundamental y consiguió poner coto a una situación muy adversa. A propósito de su apodo, Pato nació cuando entrenó por primera vez con la cuarta división de Quilmes a causa de la lesión de Iglesias, el titular. Los nuevos compañeros lo llamaron de la misma manera que al reemplazado, y el sobrenombre ya no cambió. Con Rafael Aragón Cabrera, presidente de River, discutió en 1979 por su contrato. Las fuertes acusaciones mutuas derivaron en una quita de sueldo al arquero, que años más tarde defendería las camisetas de Argentinos Juniors, Flamengo y Atlético Madrid. En cualquier lugar donde jugó, se impuso y sacó a relucir sus inmejorables condiciones. Volvió al fútbol argentino, retornó a Racing y se despidió en Vélez, no sin dar antes su última exhibición.

En la misma cancha donde 13 años antes había alcanzado la gloria, Fillol detuvo todo lo que llegó a su portería. River acumuló chances y hasta un penal de Rubén Da Silva, pero todo lo paró el mejor arquero que ha tenido Argentina en su historia. A los 40 años, volvió a mostrar su potencial y quitó posibilidades de campeonar al que fuera el club de sus amores, en un torneo que acabó llevándose Newell’s con Marcelo Bielsa como director técnico en 1991. El estadio lo aplaudió de pie. Las estadísticas, aún hoy, sostienen que el Pato -junto a Gatti- es el arquero que más penales (26) atajó en nuestro fútbol, con un récord de seis en una temporada. Fillol desestimó la recomendación de Renato Cesarini, uno de los formadores más prolíficos de Argentina, a los 14 años. “Qué manos grandes tiene usted, puede ser un gran arquero”, le manifestó cuando visitó un bar de San Miguel del Monte (ciudad en la que nació el arquero), provincia de Buenos Aires, donde Ubaldo era mozo. Tiró por tierra una prueba en River poco tiempo después y se probó en Quilmes cuando no auguraba un futuro como profesional, mucho menos con rendimientos estratosféricos.

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Periodismo y fútbol. 24 años, de Roldán.

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