Ricardo Caruso Lombardi.

EL DOCTOR DESCENSO

Domingo 11 de Mayo de 2014. En una tarde lluviosa, Quilmes, necesitado de puntos, le ganaba 1 a 0 a Gimnasia, quien peleaba el campeonato. El único gol del partido había llegado tras un grave error del arquero Monetti, el cual no pudo retener el balón e impedir que la pelota entrase tímidamente al fondo de la red. Esa jugada era fiel reflejo de cómo fue el partido. Peleado, friccionado, sentido, mal jugado. Pero ojo, porque a los 49 minutos, con un lobo platense jugado en ataque, Ríos se escapa por izquierda, la sirve al medio para Pérez Godoy y este define con sutileza por arriba: travesaño, trayectoria sumisa del balón y gol. 2 a 0. El cervecero se queda en primera. Algarabía. Invasión. El grito desaforado de un pueblo que estaba descendido y resucitó. El orgullo de los jugadores y cuerpo técnico, que torcieron el destino. Y en medio de todo esto, estaba él, recubierto de personas que se le colgaban y lo abrazaban, gritando al únisono palabras como »vamos», »dale» o »todavía» y empapado hasta las manos. Así lo vive, así lo siente. Ricardo Caruso Lombardi, la virgen desatanudos, la maestra particular del fútbol argentino, había cumplido otra vez con la consigna establecida, con todos los problemas y obstáculos que la situación conlleva: Salvar a un equipo del descenso. El análisis y repaso de un personaje del fútbol nuestro.
Su prolifera carrera comenzó en 1994, cuando se hizo cargo de Defensores de Belgrano, tras la derrota del dragón frente a Argentino de Quilmes como visitante. Tras asumir, Caruso dirigió al Defe durante cuatro fechas, logrando en ellas 3 triunfos y un empate, y con ello una impensada clasificación para el Octogonal, donde fue eliminado increíblemente por Atlanta, que, tras igualar 3-3 en Núñez, lo derrotó en Villa Crespo 1 a 0 en el match revancha. Sin embargo, para la temporada siguiente, el Tano armó un equipo muy competitivo, en el cual se destacaban entre otros Cristaldo, Reginaldo de Souza, Giorgetti, Montero y Piersimone, todos ellos jugadores con sobrada experiencia en la Categoría.
Tradicional a su esquema de juego conservador, la campaña de Defensores reveló pocos partidos perdidos (8), empates en exceso (16) y relativamente pocos triunfos (10), con una baja cifra de goles a favor y en contra (en ambos casos cercanos a 1 por partido). A pesar de mantenerse invicto durante las últimas cinco fechas y derrotar en cancha de Platense a Excursionistas (condenándolo al descenso), la escuadra no alcanzó la clasificación a las instancias finales por el ascenso, quedando al margen por un punto. Por consiguiente, el partido frente a Excursio marcó el final del ciclo del bigotón en Núñez.
 Luego, pasó por Sportivo Italiano desde 1995 hasta 1996. Ese mismo año tomó las riendas del plantel de Estudiantes de Buenos Aires. En 1997 condujo a Temperley y luego hasta 1998 volvió a dirigir por segunda vez a Sportivo Italiano. Volvería a Estudiantes en 1998 y se tomaría un descanso hasta el año 2000, cuando aceptó la oferta de Platense. Tras su ida del calamar, su derrotero seguiría con El Porvenir en 2001 y All Boys en 2002. Tras su ida de Floresta en 2003, llegaría el turno de dirigir a Tigre, en donde lograría en la B Metropolitana cosechar 93 puntos sobre 120, alcanzando un 77.50% de eficacia, récord absoluto, solo superado por el Chelsea de Mourinho que en en la Premier League de esa misma temporada obtuvo 95 puntos sobre los 120 en disputa.
 Tiempo después, el equipo se fue desarmando y a Tigre le costó adaptarse a la primera. Sin embargo, el Tano supo sobreponerse (cuando no) a las adversidades y, antes de dejar su cargo en 2006 para irse a Argentinos, dejó armada la base que lograría el ascenso a Primera división en 2007 en cancha de Nueva Chicago, de la mano de su sucesor Diego Cagna.
LLEGAR A PRIMERA: SALVAR AL BICHO Y A LA LEPRA
 Su aventura en la máxima comenzaría entonces, en La Paternal, luego de ser recomendado a la entidad porteña nada mas y nada menos que por Diego Armando Maradona, símbolo de la institución. Argentinos venía de salvarse de dos promociones consecutivas y parecía no asentarse en la A. Richard puso manos a la obra en lo que sería su primera incursión en la cúspide del fútbol argentino, y los resultados serían óptimos: Con varios jugadores desconocidos para nuestro fútbol y muchos jóvenes, Argentinos Juniors finalizaría octavo con 26 puntos y  se salvaría de todo. Como consecuencias positivas, muchos de los players que el bigotón asentaría en primera serían artífices del campeonato logrado por el Bicho en 2010, con Claudio Borghi. En el torneo siguiente, Caruso atravesaría una pequeña crisis anímica que repercutió claramente en el rendimiento del equipo, por eso, decidió renunciar en el amanecer del Apertura 2007. Poco tiempo más tarde, la derrota en el clásico y la ida de Pablo Marini hicieron que Newell’s, en descenso directo y con crísis futbolística, fue a buscar al técnico y éste no se negó.
Su aventura en la lepra sería fantástica. Agarró a un equipo desalmado y lo salvo del descenso a varias fechas del final. Se dió el lujo de ganar el clásico rosarino en Arroyito y salvarse del descenso cuatro fechas antes (cuando asumió Newell’s estaba en descenso directo). La base de ese equipo era un 4-4-2 aguerrido que se plantaba en todas las canchas a tratar de cortarle el circuito a los rivales. Los pilares de aquel equipo eran Justo Villar, Rolando Schiavi, Germán Ré, Nicolás Spolli, Hernán Bernardello, Santiago Salcedo y Alejandro Da Silva. Gracias a la impenetrable defensa, las atajadas por un lado, y los goles por el otro, Caruso, y los muchachos lograron sacar del pozo a la lepra. Sin embargo, durante la pretemporada, los constantes encontronazos con los referentes del equipo (Principalmente Schiavi y Claudio Husaín) terminaron con la salida del DT, quien recalaría en FC Urquiza por un corto período.
RESUCITAR A UN GRANDE Y VOLVER A VICTORIA
Al año siguiente, Racing Club, urgido de puntos para no recaer en la promoción, decidió contratar sus servicios. Era su primera incursión en un equipo de los denominados »grandes». El Tano pondría manos a la obra en la academia. Se encargó de absorber la presión que recaía sobre sus muchachos y a partir de su singular personalidad descontracturó las situaciones críticas que sobrevolaban sobre su equipo. En definitiva, se ganó la confianza del grupo. Es que él fue quien confió en Pablo Migliore mientras antes se debatía si Campagnuolo o Martínez Gullotta debían quedarse con el arco. También fue él quien entendió que ganaría seguridad en la defensa con Lucas Aveldaño y Matías Martínez, dos futbolistas que eran tercera y cuarta opción antes de su llegada. Y fue él quien logró que en la mitad de la cancha sus muchachos se animaran a dar tres pases seguidos. Así como buscó variantes para convertir, ya que la efectividad de sus atacantes fue muy baja: apenas marcaron siete tantos de veinte conquistados. Eligió distintos caminos para alcanzar el objetivo. Recibió críticas por sus métodos para obtener puntos, se alejó del buen juego y especuló cuando lo creyó necesario. Todo en función de eludir la zona del descenso. Y cuando las críticas lo abrumaban por sus plateos mezquinos, Richard contó con la complicidad de sus muchachos que le regalaron un contundente 4-1 sobre Arsenal, en la 12ª fecha. Finalmente, logró lo prometido y el blanquiceleste se quedó en primera. Luego, en el Apertura 2009, el equipo se desarmaría y dejaría el cargo tras varias derrotas.
Una vez entrado el año 2010, se calzó el buzo de Tigre nuevamente. Llegó en la primera fecha del Clausura. Por ese entonces, el Matador estaba lejos de la Promoción (Racing en promo con 109, Tigre sumaba 126), pero reemplazo a Diego Cagna que venía de sumar 8 puntos en 19 fechas en el apertura 2009. Finalmente, sumó 46 puntos en 37 jornadas. Ganó 13, empató 7 y perdió 17. La efectividad fue de un 41,4 %.
MORIR DE PIÉ
 
En 2011 y promediando el Torneo Clausura, arribó a Quilmes, donde la situación era espeluznante. El entrenador asumió con el club en estado crítico y sólo un «saca puntos» como él podría mantener al Cervecero en Primera, o al menos eso pensaba la dirigencia. En 15 encuentros, los del Sur sumaron 5 victorias, 5 empates y 5 derrotas (20/45 puntos) y cayeron al Nacional B. Siendo esta la única mancha en el currículum del Tano. Sin embargo, aquella fría tarde de junio el equipo se retiró aplaudido del estadio José Luis Meiszner. Pese al descenso, el Tano y sus dirigidos lograron cambiarle la cara a la escuadra y rearmar un equipo devastado. En la temporada siguiente, Caruso se fue del Cervecero promediando la última parte del torneo (B Nacional), y con el equipo en el cuarto lugar, en zona de promoción. Finalmente él se iría a San Lorenzo y Quilmes ascendería directamente en la última fecha de la mano de Omar de Felippe. Aquel equipo estaría conformado por jugadores como Miguel Caneo, Martín Cauteruccio, Joel Carli, Emanuel Trípodi, Germán Mandarino, Jacobo Mansilla, Ezequiel Rescaldani y Pablo Garnier, entre otros. Si bien la salida de Richard de la entidad del Sur no fue del todo transparente, su paso por dicha institución dejó más buenas que malas.
CON LOS SANTOS DE SU LADO
Tras su partida, recaló en San Lorenzo, en lo que sería una de sus hazañas más sufridas. El equipo de Boedo estaba devastado económica e institucionalmente, y el equipo no daba respuestas. Para colmo, varios de sus jugadores estaban enfrentados en el vestuario. El bigotón reclutó fuerzas y unió al núcleo de los futbolistas azulgranas. Debutó frente a Racing, en la fecha 9, con una igualdad 1-1 en Avellaneda que modificó por completo el semblante de un plantel muy golpeado. Después hilvanó una buena racha de puntos cosechados y recién conoció el dolor de la derrota en la jornada 15, como visitante ante Unión.
Pese a que no pudo eludir la serie ida y vuelta frente a Instituto por la promoción, zafó contra San Martín de San Juan y gracias a resultados ajenos de la pérdida directa de la categoría. Debió enfrentar a la Gloria y, con personalidad y sabiduría, contagió a sus jugadores para imponerse con jerarquía y quedarse en primera, misión para la cual fue contratado. Así las cosas, logró festejar, desahogarse y conseguir uno de sus mejores éxitos desde que se desempeña como director técnico en el medio local. Al fin y al cabo, tiene con qué: dirigió 13 partidos, de los cuales ganó cinco, empató seis y perdió solamente dos. Esto significa un porcentaje del 55 por ciento de las unidades en juego, algo muy por encima de los otros entrenadores que «colaboraron» para el mal presente del Cuervo en la tabla de los promedios. Tras su salida del Bajo Flores en octubre, debido a los magros resultados en el Inicial 2012, volvería a Argentinos en 2013.
VUELTA A LA PATERNAL: HÉROE Y VILLANO 
Al igual que todos los equipos adonde arribo en primera, el Bicho presentaba los mismos problemas institucionales y futbolísticos. El doctor descenso limpió a tres referentes (Matellán, Garcé y Placente) y, con un equipo repleto de juveniles, se las arregló para salvarse del descenso en la última fecha, venciendo en Rosario al campeón Newell’s. Confiandole el ataque a Leandro Caruso y Juan Anangonó, y potenciando a los jóvenes como Rodrigo Gómez, Lucas Rodríguez, Gaspar Iñíguez y Nicolás Freire, los de La Paternal lograron salir de la zona roja. Sin embargo, las cosas en el Torneo Inicial 2013 no marcharían de la mejor forma y, tras la derrota como local ante Central por 1-2, Caruso dejaría de ser el técnico colorado. Registrando un campeonato de 25 puntos, que dejaban al equipo en descenso directo y con la premisa de sumar muchas dianas en el torneo siguiente para zafar. Argentinos Juniors finalizaría descendiendo esta temporada de la mano de un ídolo del club, Claudio Borghi. Lamentablemente, Si bien el bigotón logro evitar el descenso en el Final 2013, quedará como uno de los responsables del descenso del club por la campaña del Inicial.
EL SABOR DEL REENCUENTRO
 
Este año, arribó a Quilmes en la tercera fecha del Torneo Final. El cervecero se encontraba aturdido ya que ni Nelson Vivas ni Blas Armando Giunta lograron hacer despegar al equipo del Sur. La escuadra tuvo un flojo arranque y el Tano estuvo cerca de renunciar tras la derrota como local frente a Estudiantes por 3 a 1. El técnico adució que ‘‘No quería sufrir más». No obstante, retiró lo dicho y declaró seguir hasta final de campeonato. Esa tarde amarga en la que los quilmeños se vieron tan superados, fue bisagra para el camino a la salvación. Los reclutados por el entrenador recuperarían fuerzas y, tras tres victorias consecutivas y vencer a Gimnasia (ver principio de la nota) con autoridad en la penúltima fecha gracias a un planteo 100% carusiano, lograrían la permanencia. El elenco cerraría el torneo con una goleada en contra 0-5 frente al campeón River. Días después, Richard anunciaría su dimisión del cargo tras una deuda de los dirigentes para con el. El doctor descenso saldó así una deuda con los hinchas de la Cerveza, la salvación. Los pilares de aquel equipo: Christian Lema, Rodrigo Braña, Leandro Benítez, Gonzalo Ríos y Fernando Telechea.
 
Te podrá gustar o no, podrá ser defensivo, podrá ser arrogante y »vende humo», pero el Doctor Descenso es un personaje del fútbol argentino al que hay que respetar. Laburador como pocos, sus proezas con distintos clubes del ascenso y la Primera División lo avalan como uno de los mejores técnicos de la actualidad.