Renaldo.

LA ESTRELLA QUE NO PUDO SER

Hay cracks que no son. Hay estrellas que no son. Hay jugadores que están destinados a ser muy grandes y por una cosa u otra, terminan sin serlo. El fútbol es así; no da tregua, no perdona, no siempre es justo. A veces, las tragedias marcan a las personas de manera permanente. Dejan una marca que nunca termina de cicatrizar. Y eso para un jugador puede significar su propia tumba, literalmente. El jugador que veremos hoy no es europeo, es de la más importante fábrica de talentos del mundo: Sudamérica. Más precisamente, de Brasil, país que crió a varias estrellas en la historia del fútbol. Pero este jugador no pudo serlo. Adquirió un color opaco con el tiempo y nunca logró brillar con toda la fuerza.

Renaldo Lopes Da Cruz nació un 19 de Marzo de 1971 en Cotegipe, un pequeño municipio del estado brasilero de Bahía. Tuvo un inicio muy tardío en el fútbol, ya que debutó en el modesto Guará en el año 1991, con 21 años. De ahí, pasó a un club mejor como lo es el Atlético Paranaense, donde estuvo por 2 años y posteriormente, se fue al Atlético Mineiro, donde tuvo un rendimiento esperanzador. Empezaban a hablar del futuro crack de la Selección de Brasil, que convirtió 31 goles en 63 partidos, con un promedio de 0,5 por partido. Nada mal. Y así, prácticamente en la misma época que Bebeto se había consagrado como crack total en el cálido césped del Riazor, Deportivo Coruña fichó a ésta gran promesa brasilera por 350 millones de pesetas, la antigua moneda que se utilizaba en España antes del Euro. Las declaraciones siguientes ilusionaron aún más a los hinchas del futuro Super Depor, que empezaban, en su mayoría, a considerar que el delantero valía cada centavo que se pagó por él. Llegó a afirmar en algún momento que: »soy muy parecido en la forma de jugar a Rivaldo y a Ronaldo. No los defraudaré.» Y por consiguiente, indicaba que llegaría tan lejos como ellos. Habría que analizar en toda la historia del fútbol si alguien erró tanto en sus comentarios como el joven Renaldo, que ese día cavó la tumba en la que se sumergiría su descendente carrera futbolística. En los primeros meses, las actuaciones fueron discretas. Correctas, sin sorprender ni brillar. Hasta que las tragedias empezaron a sucederse cuál película de terror; su hermano y sus padres fallecieron mientras comenzaba a dar sus primeros pasos en el club español. El dato crea un paralelismo con la historia de otra gran promesa del fútbol mundial. Robert Enke, el arquero alemán que se suicidó en el año 2009. Probablemente, la tragedia familiar de Renaldo lo marcó para siempre, ya que coincidió con una abrupta caída en su desempeño. En 23 partidos disputados marcó tan solo 5 goles, cuando se esperaba mucho más. Una clara decepción invadió tanto a hinchas como dirigentes que comenzaron a pensar que habían cometido un gravísimo error al pensar que todo brasilero es crack. Finalmente, tras un año vacío de emociones, regresó a su país para jugar en el Corinthians. En ese momento, todo el mundo entendió que el problema no era el jugar en un país extranjero o la presión que significaba cumplir las expectativas que él mismo creó; Renaldo, simplemente, no era el mismo. Gritó una vez en 11 partidos. Luego, llegó a Las Palmas, donde metió 14 goles y pasó posteriormente al Lleida, donde festejó 8 tantos. Tras salir de Extremadura, el brasilero nunca volvió a España ni a Europa y pasó por los clubes más exóticos posibles del país de la Samba. A pesar de una gran actuación en el Paraná, donde convirtió 30 goles en 41 partidos, el tiempo había pasado y ya era tarde para resurgir; ya tenía casi tres décadas y media, y no le quedaba mucho más por hacer. Por esto, siguió desfilando en diferentes clubes y se despidió del fútbol en el año 2012, habiendo marcado poco más de 200 goles, a pesar de que él mismo afirmara haber metido 425 tantos. Contaba los que hizo en equipos juveniles, claro. Pero lo cierto es que eso podría haber sido cierto si la tragedia no lo hubiese marcado y hubiera despegado en el club español, antes de pasar a un grande. La suerte no lo acompañó en este deporte tan hermoso, confuso, bipolar y a veces injusto que es el fútbol.