PEDRO OCHOA, EL REY DE LA GAMBETA

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Fue uno de los primeros cracks criollos, bastión indispensable para que Racing consiguiera el heptacampeonato. Considerado el mejor jugador de la segunda parte de la década del 20, Pedro Ochoa es una de las leyendas del amateurismo.

Menudo, bajito, desfachatado, cara dura, Pedro Ochoa fue uno de los mejores gambeteadotes de la primera parte del fútbol argentino: la era amateur. No tenía alma goleadora. Su mayor virtud era desparramar talento y rivales en los últimos metros de la cancha. Generador de juego, un distinto, proporcionó el fútbol que le dio al club de Avellaneda el mote de “Academia”. “¿Si pienso las jugadas? A veces sí, pero cuando se pasa a un jugador y sale otro y otro, ya no se puede pensar nada porque la cabeza no da. Entonces las piernas se encargan de seguir haciendo las gambetas”, esta declaración de Ochoíta, como le decía su amigo Carlos Gardel, describe a la perfección el modo de jugar que tenía el delantero por derecha que hizo toda su carrera en Racing. Fue Gardel quien le dedicó el tango «Patadura» a Ochoa, y lo convirtió en un ícono de la cultura popular extrafutbolísticamente: “Burlar a la defensa, con pases y gambetas y ser como Ochoíta, el crack de la afición”.

Debutó a los 16 años, en 1916. Su apariencia y movilidad no convencieron al principio, pero el desbordante talento que Ochoa desplegó en la cancha provocó admiración en la hinchada de la Academia. Pedro era la clara muestra del estilo criollo, de “la nuestra”, el potrero y la habilidad por sobre lo estructurado del fútbol británico. En el año de su debut se consagró campeón. Al igual que en 1917, 1918 y 1919, para completar el heptacampeonato de Racing. También se coronó en 1921 y 1925. Además estuvo en las obtenciones de las copas Aldao 1917, 1918; las Ibarguren 1916, 1917, 1918; y la Copa de Honor 1917. Se complementó a la perfección con Alberto Ohaco, intachable goleador de la época y con Natalio Perinetti, otra gloria albiceleste. Junto a éste último, conformó una de las mejores duplas del amateurismo, aunque fuera del campo de juego su relación no fue buena. En 1925 fue campeón invicto en Racing, sin descollar pero fue la figura de ese equipo, que no lució y le costó mucho suplantar a Ohaco (retirado) y Perinetti (lesionado). Junto al arquero Marcos Croce, fueron los bastiones de una Academia con varios jóvenes.

Más tarde trasladó su talento a la Selección Nacional, donde consiguió la Copa América 1927. Sin embargo, la albiceleste fue un sueño difícil de cumplir para Ochoa, y que demoró demasiado en llegar. Si bien marcaba diferencias, su nivel ya no era el de años atrás. Fue suplente durante gran parte del torneo en el que la Chancha Seoane, crack de Independiente y amigo de Ochoa fue elegido mejor jugador. También compitió en los amistosos previos a los Juegos Olímpicos de Ámsterdam pero una lesión lo dejó al margen. Tras ser uno de los emblemas e impulsores del fútbol profesional en Argentina, se retiró en 1931, con solo cinco partidos disputados en el profesionalismo. Cansado tras 15 años de trayectoria, convirtió su último gol en un 1-0 frente a Huracán. Luego se dedicó a ser chacarero y tuvo un breve paso en las inferiores de Racing hasta que murió a los 47 producto de un paro cardíaco. Ochoa, gloria del fútbol local y el amateurismo. Leyenda en Racing. Multicampeón. Precursores de la esencia madre de este deporte en Argentina.

Foto: Racing Club.
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