LA TRÁGICA MUERTE DE MIRKO SARIC

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“No tengo nada contra Saric, pero el que se suicida es un cagón”. Diego Armando Maradona, 12 de abril del 2000.

La desafortunada declaración del mejor jugador de todos los tiempos, siempre fiel a su polémica verborragia, puso en palabras la sensación de muchas personas que, viendo una tragedia desde afuera, no alcanzan a comprender el tormento de una mente que elige quitarse la vida. Esta decisión extrema, a veces incluso tildada de egoísta, tiñe el proceso previo de misterio y se esfuma sin dejar explicaciones. Por eso el suicidio del joven Mirko Saric, el 4 de abril del 2000, conmocionó a la comunidad futbolera desde su núcleo más íntimo hasta los estratos superficiales, y se convirtió en uno de los grandes cimbronazos de un fútbol argentino que daba sus primeros pasos en los albores del Siglo XXI.

Hijo de padres croatas, el vistoso volante nació el 6 de junio de 1978 en Buenos Aires, y se desempeñó desde pequeño en las inferiores de San Lorenzo. Luego de un destacado paso por la Reserva, debutó en Primera el 22 de diciembre de 1996 bajo el mando de Carlos Aimar, y reemplazando al eterno Pipo Gorosito. A pesar de su inobjetable talento, Saric pisaría poco el césped del Nuevo Gasómetro en partidos oficiales, hasta el arribo de Oscar Ruggeri en 1999.

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En el último año de la década menemista, Mirko se convirtió en una pieza clave del “Ciclón” del “Cabezón”: erigido como eje y organizador del equipo, llegó a ser tasado en 10 millones de dólares, y su nombre se volvió popular en los pasillos de todos los clubes del país. Pero detrás del clásico desarrollo de un pibe que empezaba a acariciar el éxito en Primera, se escondía una personalidad retraída e introvertida que se encontraba abrumada por las presiones que traía aparejadas el fútbol profesional. Si bien llegó a disputar 47 partidos con los “Cuervos”, anotando 6 goles y exhibiéndose como un promisorio valor a futuro, sus años en Primera estuvieron signados por las desgracias, tanto dentro como fuera de la cancha.

Luego de su explosión en el fútbol grande, Saric tuvo un bajón de nivel pronunciado, fue relegado al banco de suplentes, y en un partido contra Rosario Central, fue embestido por el carrito que asiste a los lesionados mientras realizaba el pre-calentamiento. Recibió 3 puntos en la rodilla y, ya recuperado, fue titular ante Boca en un cruce por la Copa Mercosur, pero sufrió un esguince de tobillo que lo tuvo 1 mes alejado de las canchas. En medio de todo esto fue protagonista de un accidente de autos del que salió ileso, y se enteró por una prueba de ADN que su hijo de dos meses no era realmente suyo. El punto cúlmine de caldo de cultivo que potenció las tendencias depresivas de Mirko fue la rotura de los ligamentos de su rodilla izquierda en diciembre de 1999, en el último partido del año de la Reserva, contra River.

El exquisito zurdo coqueteó con la idea de dejar el fútbol luego de este pronunciado infortunio, que amenazaba con mantenerlo parado al menos hasta mediados del 2000. En el club se lo llegó a escuchar confesando que no encontraba motivos para vivir, y para buscar una solución aceptó la recomendación de asistir a terapia con una psicóloga. En lo sucesivo tranquilizó a sus allegados, asegurando que el tratamiento lo ayudaba mucho, pero la mente de Saric ya había tomado una decisión definitiva.

Menos de 20 días después, su madre, extrañada por su negativa de bajar a desayunar, fue a buscarlo a su habitación, sólo para encontrarlo colgado de una barra para hacer ejercicios, ahorcado por una sábana. La ida de su hermano Martín al fútbol paraguayo, luego de quedar libre de San Lorenzo, fue otro de los duros golpes que Mirko tuvo que aguantar. Mirna, la única hermana que aún vivía con él, acusó al club de no comprometerse suficientemente con el tratamiento: “Él decía que no quería vivir más. Necesitaba medicamentos y San Lorenzo nunca lo ayudó económicamente a comprar los remedios. El psiquiatra con el que se estaba tratando lo quería medicar, pero él no quería porque le podía hacer mal para seguir en el fútbol”. La historia de Mirko Saric no sólo es desgarradora por el horror del desenlace, sino porque sirve como evidencia de la presión casi inhumana que ejerce la monstruosa maquinaria del fútbol Profesional sobre aquellos que se atreven a buscarlo como medio de vida.

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Comunicador social antisocial. Inconformista crónico. Profesor de Periodismo Deportivo. Fundamentalista de Messi.

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