Matthew Le Tissier

EL VALOR DE LA LEALTAD

En este fútbol híper competitivo y comercial, es rarísimo encontrar un jugador que, pese a contar con muchas ofertas económicas superadoras, elija permanecer en su club. Desarrollar toda su carrera con la misma camiseta y a la hora de sopesar su crecimiento económico, prefiera desechar dinero y seguir defendiendo al club que su pasión le indicó. Hablar del Southampton sin mencionar a Le Tissier es imposible. Son indivisibles gracias a la lealtad de la que hizo gala “Le God” en toda su carrera.

Southampton es una ciudad gris, muy religiosa, conocida como la ciudad de los santos. Y en cada ingreso a la ciudad, uno se encuentra con un llamativo cartel, que dice: «Bienvenido a Southampton. Está usted entrando en el país del Dios.» Y en ésta ciudad, hablar de Dios es referirse a un futbolista de excepcional calidad, cuyas hazañas en el césped, forjaron una leyenda a comienzos de los años noventa. En esta ciudad, célebre por haber sido el puerto de zarpada del Titanic, Dios era un tal Matthew Le Tissier. Matt, jugador de fútbol para unos, y  mesías para otros, fue alguien capaz de llenar el estadio de los “Santos”. Los feligreses acudían cada quince días, para esperar durante una hora y media, que se produjera ese celestial chispazo, esa jugada de otro mundo, el gol que confirmara a los devotos que Dios existe, que le gusta el fútbol, que se presentaba con camiseta rojiblanca, pantalón negro, y llevaba el siete en la espalda del Southampton. Y casi siempre “Le God” les cumplía.

Nació el 14 de octubre de 1968 en Saint Peter Port, isla de Guernsey, una de las islas del Canal de La Mancha, algo que le permitiría tiempo después poder ser convocado por cualquiera de las Federaciones de Fútbol del Reino Unido (Escocia, Inglaterra, Gales o Irlanda del Norte). Llegaría a Southampton en 1986 con 18 años, para no salir nunca más y convertirse en un jugador venerado para los casi trescientos mil vecinos de la ciudad. En su primera temporada, Le Tissier marcó tantos goles espectaculares que la prensa lo bautizó como “Mister Le”, aunque la hinchada local fue mucho más allá. Después de un golazo al Aston Villa, pasó a ser conocido con el calificativo de “Le God” (El Dios).

A medida que fueron pasando las temporadas, donde Le Tissier fue máximo goleador del equipo y su mejor asistente, antes de cada partido los hinchas rojiblancos recibían la salida al campo de Matt con un grito unánime que inmortalizaron como el estribillo de una canción, cuya estrofa más repetida y coreada decía: ‘He is God, Matt Le God‘. Él siempre se tomó su condición de estrella de un simple. “Me llamaban Le God, pero podría haber sido Matt The Fat (Matt, el gordo). Bebía tanta cerveza antes de los partidos que a veces me pesaba el culo. También me pasaba con las hamburguesas y el chili”. Introvertido, reservado y hombre de pocas palabras, se sentía extraño ante tanto halago. “Cuando me llamaban Dios, no sabía qué decir, sobre todo si me cruzaba con un cura… Yo no era Dios, claro. Imagínate que Dios siguiera mi dieta de cerveza y hamburguesas”.
Volante de creación, poseedor de una exquisita técnica, cabeza erguida y el balón atado a sus pies. No le gustaba la marca y tampoco era veloz. Matt tenía precisión de cirujano en su pierna derecha, sus pases largos eran marca registrada. Gambetas, vaselinas y un pateador de tiros libres temible. “Su talento era simplemente algo fuera de la normal. Podía regatear a los últimos siete u ocho jugadores sin velocidad y acababa asistiendo o marcando como si fuera paseando. Para mí, él era sensacional“, opinó sobre él Xavi Hernández, algo a lo que el gran Matt contestaría con humor: “Cuando leí que era uno de los ídolos de Xavi, pensé en hacerme una camiseta que dijera «Xavi me ama».
 
Sin embargo, Matt pertenecía a esa clase de jugadores que son atemporales y siempre contemporáneos. Alguien que derrochaba calidad en un fútbol inglés rústico, áspero, físico. Aunaba en una misma figura la misma dosis de calidad que de vaguedad y dejadez. Pudo haber dejado el Southampton en innumerables ocasiones para pasar a equipos como Liverpool, Manchester United, Nottingham Forest, Chelsea, Tottenham, Arsenal, Atlético de Madrid, Juventus, Milán o Lazio, algo que sí hicieron algunos de los mejores jugadores que tuvo como compañeros de equipo: Mick Channon (el goleador histórico del club), Alan Shearer, Peter Shilton o Kevin Keegan, pero él decidió quedarse en su ciudad y hacer feliz a sus vecinos. Como el mismo diría:“Es fácil jugar en el Manchester United o en el Liverpool. Yo prefiero jugar al borde del abismo, con presión, sacando a un equipo de bajar a segunda. Jugar en los mejores clubes es un reto bonito, pero hay un reto mucho más difícil: Jugar contra los grandes y ganarles. Yo me dedico a eso”. 
Matt vistió la camiseta rojiblanca en 528 ocasiones entre Liga, Copa y Copa de la Liga, anotando más de 200 goles en quince temporadas (1986-2002). Le Tissier fue único, irrepetible, un genio que pudo haber marcado una época. Sir Alex Ferguson fue explícito: “Podía ganar un partido cuando le diera la gana”. Solo que a veces, no le daba la gana, se aburría y bostezaba en pleno partido. Fue el Ricardo Bochini del fútbol inglés. Tenía un talento similar. No exagero. Basta mirar y deleitarse con los muchos videos que hay de él. Le Tissier era un deleite para la vista. “Puedes cambiar de mujer, puedes cambiar de ideas, puedes cambiar de casa, de héroes, de trabajo, puedes cambiar de división, puedes cambiar de amigos, de vida, y puedes cambiar hasta de corazón, pero hay algo de lo nunca podrás cambiar, de camiseta.” No se sabe a ciencia cierta, si alguna vez Le God escuchó esta cita, pero a nadie puede extrañarle si hubiese sido suya, ya que lo describe de cuerpo entero.