LUIS FELIPE SCOLARI EL GAÚCHO DE LA VERDEAMARELHA

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No siempre los técnicos han sido destacados futbolistas. Este es el caso de Scolari, quién de rústico y limitado defensor, se transformó en un entrenador de suceso. Nacido en Passo Fundo, sur de Brasil, este truculento defensor central, se terminó convirtiendo en uno de los principales nombres entre los técnicos brasileños e internacionales de todos los tiempos.

Ocuparía la mayor parte de esta nota citar los cargos y títulos obtenidos por el sexagenario Luis Felipe, o Felipão, como se lo conoce en el mundo de la pelota. Varias veces obtuvo los máximos galardones por donde estuvo y, al menos, digamos que fue Campeón de la Copa Libertadores de América en más de una ocasión y Campeón Mundial de Selecciones con Brasil. Dirigió en Europa, América y Asia, este verdadero trotamundos del fútbol.
Felipão no es unanimidad, no podría serlo en un país que ama al fútbol y que posee 200 millones de técnicos. Sí, la enfermera municipal ribereña en el Amazonas también opina y discute y en ese frenesí que genera la redonda, este técnico, así como casi todos sus predecesores, es muy cuestionado. Controvertido, criticado por su idea simplista del juego, Scolari ocupa el máximo cargo en la selección de Brasil por segunda vez. La Prensa del centro de Brasil, Rio y San Pablo, apunta sus cañones contra lo que ellos entienden como el -valga la expresión- afeamiento del juego de la verdeamarelha, haciendo un fútbol más parecido con el del Río de la Plata, con menos gambeta o amague y más agarrón y patada.
 
No podría ser diferente, este áspero ex defensor, plasma en sus sistemas de juego, si es que existen, la importancia de la marca y el desarme de los contendientes. Para tal, ha armado un equipo sin glamour y con pocas estrellas. Sin pretender comparar y ya comparando, digo esto para una selección donde ya han coexistido en un mismo equipo figuras como: Piazza, Jairzinho, Pelé, Tostão, Gerson, Rivelino y Carlos Alberto. Inclusive cuando obtuvo el Mundial de 2002, Scolari tenía un cuadro más estelar que el de hoy, en ese equipo lucieron: Cafú, Rivaldo, Lúcio, Ronaldo y Ronaldinho, entre otros.
Para corroborar lo que afirmo, basta darle una mirada a la defensa. Marcelo, Thiago, David Luiz y Dani Alves; es decir, son jugadores que brillan pero visten overol, que se arremangan y hacen lo suyo. Del resto de los jugadores, mucho no le importan a Felipão como figuras individuales, sí como colectivo. Solo Neymar seguramente hará alguna diferencia, pero Luis Felipe lo sabe, aún no tiene como cargarse el equipo al hombro, caso sea necesario.
Una de las características interesantes del técnico es no darle alas a los caprichos ni al vedetismo de los cracks de turno y no sentir presión, de ningún sector, al menos visible, para convocar o poner a un determinado jugador. Principalmente con la prensa carioca o paulista. Tipo simple, directo y sincero, Scolari empezó su ascenso en la carrera de técnico en el interior de Rio Grande do Sul, su provincia natal, en 1983 con el equipo de casaca verde, Juventude de Caxias do Sul y el rojinegro Brasil de Pelotas. El preparador físico de sus equipos, Flávio Teixeira -“Murtosa” como lo conocen en Brasil– lo acompaña a Felipão desde esa distante década del ochenta.
 
Hay una anécdota muy buena sobre este personaje del fútbol. Cuando entrenaba a Brasil de Pelotas en 1983, obtuvo el tercer lugar en el campeonato brasileño, con muchas victorias importantes como local, como ante el Flamengo de Fillol y Zico, que mantenía la base del equipo campeón intercontinental de 1981. Conseguido semejante triunfo de un equipo del interior como Brasil de Pelotas ante un reciente campeón mundial e interrogado Luiz Felipe por la hazaña de la conquista, el mismo dijo, en un buen portugués campechano: “no los íbamos a dejar venir acá al patio de casa y robarnos la gallina…”.
Otra. Frecuentador del café Aquarius, de la ciudad de Pelotas, Luiz Felipe apoyado en la barra del local, intimidaba a los que lo miraban diciendo que estaba allí para tomar café y no para hablar de fútbol. Enseguida, el mismo invitaba a las personas próximas a acercarse y bebiendo la sabrosa infusión comenzaba a hablar, por supuesto, de fútbol.
Es posible que Brasil, aun con todas las de ganar, no venza en la Copa del Mundo, dado que también hay otros muy buenos equipos buscando la gloria; de cualquier modo algo va a ser cierto y me animo a afirmarlo: dejará todo en la cancha. Luiz Felipe afirmaba en 2002, ante una marea de críticas premundialistas, que el equipo de Brasil podía no agradarle a muchos pero que era “todo corazón” y dejaría la vida en la cancha. En esa ocasión terminaron definiendo con Alemania de Rudi Völler, que llegaba por la puerta del fondo al torneo, vía repechaje. Ahora no será diferente, la verdeamarelha del gaucho de Passo Fundo ciertamente hará un buen papel, como mínimo, en lo que respecta a entrega y honor a la camiseta.
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About Author

56 años, escritor. El fútbol y el rugby, mis pasiones. San Lorenzo de Almagro un sentimiento. Escribir sobre fútbol y sus protagonistas, un oficio que intento aprender día a día.

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