SOBREVIVIENDO A MUSSOLINI

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Luis Monti jugó dos mundiales. El primero en Uruguay 1930, defendiendo los colores argentinos. El segundo en Italia 1934, cruzando el Atlántico y vistiendo la camiseta del anfitrión. En ambas competiciones llegó a la Final y jugó amenazado.

Nacido en Buenos Aires (1901), dio sus primeros pasos cuando el fútbol hacía lo propio. Debutó en la máxima categoría en pleno apogeo del amateurismo, con la camiseta de Huracán. Con el “Globo” fue campeón en 1921 y llamó la atención de su siguiente club, Boca Juniors. En el Xeneize permaneció una sola temporada para luego pasar a San Lorenzo de Almagro, donde se erigió como uno de los futbolistas más importantes del país: fue pieza clave en los títulos de 1923, 1924 y 1927.
Sus destacadas actuaciones en el fútbol local le valieron la convocatoria a la Selección Nacional, para la que jugó 16 partidos y marcó 5 goles. Con la Albiceleste, además, consiguió el título sudamericano de 1927 y el subcampeonato olímpico en 1928. Después de aquello, le llegó la hora de debutar en una cita mundialista. A la final del primer Mundial de Fútbol (1930), llegaron las dos naciones más potentes de la época, Argentina y Uruguay.

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La historia de las amenazas recibidas por los argentinos en ese Mundial es bien conocida, sin embargo, hay otra no tan divulgada que también intenta dar explicación a lo que sucedió la tarde del 30 de Junio de 1930. Ese día, Marco Scaglia y Luciano Benetti, agentes fascistas bajo las órdenes de Benito Mussolini se hicieron pasar por hinchas uruguayos y enviaron una carta amenazadora que llegó a cada uno de los jugadores argentinos, pero hicieron especial énfasis en uno de ellos. Ese no era otro que Luis Monti. “Doble Ancho”, como le llamaban por su gran porte físico, acusó el golpe. Le habían avisado que ante una victoria Argentina, él y su familia sufrirían las consecuencias.

Monti pidió no jugar el encuentro, pero ante la presión del público que había llegado a costas uruguayas y también de los dirigentes, tuvo que alinearse entre los 11 que saltaron a la cancha. En el vestuario los rostros eran de preocupación y desánimo, pero resaltaba la del mediocampista argentino, que se vestía para disputar el encuentro con lágrimas en los ojos. Una vez en la cancha Monti fue una sombra, no corría, no generaba juego, no “raspaba” como lo había hecho a lo largo del torneo. “Se caía un rival y lo ayudaba a levantarse, tenía miedo, teníamos 300 oficiales con bayonetas alrededor, teníamos que perder” recordó tiempo después el más joven de ese plantel, Francisco Varallo.

Resultado de imagen para luis monti italiaArgentina perdió 4-2 ante los locales y al regresar a Buenos Aires, el equipo argentino sufrió todo tipo de insultos, pero el blanco preferido fue Luis Monti. Él mismo dijo “todos los argentinos me hicieron sentir una porquería, un gusano, tildándome de cobarde y echándome exclusivamente la culpa por la final perdida en Montevideo”. La primera parte del plan italiano se había cumplido, Monti era el jugador que los europeos necesitaban para conseguir el título que cuatro años más tarde se celebraría en sus tierras. Para persuadir a Monti de vestir de Azzurro, luego recurrieron al incentivo económico. “Doble Ancho”, que en ese momento cobraba el equivalente a 50 dólares entre San Lorenzo y su trabajo municipal, recibió la visita de dos italianos que a sabiendas de la situación de Monti y los cambios que se avecinaban en la organización del fútbol argentino le ofrecían mejores condiciones laborales. Difícil de rechazar, y más aún ante la hostilidad diaria que recibía. Otros talentosos argentinos que emigraron junto a él fueron Raimundo Orsi, Enrique Guaita y Attilio Demaría. Su destino en el viejo continente estaba en Turín. Juventus lo esperaba para que se transformara en pieza clave del equipo, y así fue: logró cuatro títulos de Liga.

Para el Mundial de 1934, ya con la camiseta de Italia, volvió a vivir la presión y las amenazas. Ya desde el inicio del torneo, se sabía de la importancia que Mussolini le daba al certamen. La presión no era poca. Italia se topó ante España y evidenció que los árbitros jugaban su papel. Siete jugadores rivales terminaron lesionados y no pudieron jugar al 100% el desempate tras el 1-1. “Menos mal que ganamos. Mejor dicho, ganó Monti. Les pegó a todos, creo que hasta al seleccionador español”, expresó su compañero Orsi. Ya en la final ante Hungría, al vestuario llegó una carta escrita por el propio Mussolini. El lema era “Vencer o Morir”. Fue triunfo y título mundial.  Años más tarde Monti afirmaría “En Uruguay en 1930 me querían matar si ganaba y cuatro años después, en Italia, si perdía”.

Esta vez para Doble Ancho, la amenaza imploraba una victoria, al contrario de lo sucedido cuatro años atrás. Finalmente y tras una Copa plagada de sospechas, el resultado fue el deseado nuevamente para Il Duce. Monti suspiró y supo que podía estar tranquilo. En cuatro años había jugado dos finales amenazado de muerte y había logrado salir vivo de la experiencia.

Por Emiliano Granja
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El fútbol de otra manera.

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