TODOS LOS GOLES VALEN UNO

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“Lindo, feo, de afuera, de cerca, con los tobillos, con el empeine. Todos los goles valían, y siguen valiendo uno”. La frase pertenece a Luis Artime, uno de los mejores goleadores en la historia del fútbol argentino.

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Debutó en 1959, con la camiseta de Atlanta. Al poco tiempo, declaró que había que quemar la AFA. Todo una muestra de su personalidad. Sin pelos en la lengua y un carácter que le ayudó a mantenerse durante una década como un atacante de temer. No fue, sin dudas, el goleador más vistoso y deslumbrante que se recuerde. De hecho, recibió numerosas críticas por su estilo casi exclusivo de empujar la pelota a la red. “Cuanto más me criticaban, más fuerte me sentía”.

Llegó a Atlanta por recomendación de un tal Osvaldo Zubeldía. El entrenador, Victorio Spinetto, le dio la oportunidad. Artime no falló: con el “Bohemio”, marcó 50 tantos en 67 partidos, y se dio el lujo de compartir equipo con su amigo Hugo Orlando Gatti. Tras ser traspasado a River, su exposición creció.  Llovieron las críticas y las burlas, pero aquel goleador nunca dudó de sus condiciones. Era difícil que hiciera un gol desde larga distancia; siempre en el área, su hábitat natutal, peleando con los defensores. El centrodelantero referencia que se involucraba poco en la creación de juego. “Mi obligación era oler los goles en el área y después concretarlos”, declaró en entrevista con El Grafico. Por aquellos años, supo discutir en buenos términos con el gran Dante Panzeri, el quien criticaba su juego.

Resultado de imagen para luis artime zubeldiaNo fue fácil, a pesar de sus goles, jugar con la camiseta de River. El goleador llegó en 1962, en plena sequía de títulos. Se fue tres años más tarde, sin poder darle al “Millonario” la vuelta olímpica que se hizo esperar 17 años, pero gritó muchísimos goles: 70 en 80 encuentros. Tras un breve paso por el Real Jaén de España, regresó al país para jugar en Independiente. Cosas de la vida, Artime era hincha de Racing, pero no sólo no dudó en ir al Rojo, sino que también hizo de la Academia su víctima preferida a lo largo de su carrera: le convirtió 17 tantos. En Independiente gritó campeón por primera vez tras la obtención del Nacional 1967, del que fue máximo artillero. Luego emigró al fútbol de Brasil para seguir con sus impresionantes números, compitiendo a la par de un tal Pelé. Hasta que en 1969, se fue a Uruguay para hacer historia.

Con la camiseta de Nacional de Montevideo, aquel goleador se transformó en leyenda. Ganó 4 Copas Libertadores (1970-1971-1972-1974) y la Copa Intercontinental 1971. Su promedio de gol asusta: 65 goles en 66 partidos. Como si faltará más para ser un ídolo, nunca perdió un clásico ante Peñarol. Tener decisión y fe, mirar siempre al arco y nunca lamentarse en excesos por un gol errado, son algunos de los consejos del hombre que anotó 292 goles en toda su carrera, con la particularidad de que nunca le gustó patear penales. Artime destacó a Osvaldo Brandao como su mejor entrenador. A Luis Cubilla como su mejor compañero. A José Sanfilippo como el mejor goleador que vio, y a Martin Palermo como un goleador más actual con condiciones similares a las suyas. Su preferencia por pasar desapercibido lo llevó a rechazar un partido homenaje como despedida. También rechazó ser ayudante de campo de César Luis Menotti. Como entrenador no tuvo un paso destacado, pero se animó a denunciar el uso de jeringas en vestuarios y AFA debió implementar el uso de antidoping.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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