EL INIGUALABLE JUST FONTAINE

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Delantero rápido y goleador; así se podría definir el juego de Just Fontaine, el brillante futbolista francés que se cansó de perforar redes ajenas en la década del ’50. Aún hoy, a más de medio siglo del Mundial de Suecia, nadie ha podido igualar su marca como máximo artillero en una Copa del Mundo.

Duele tener que analizar la carrera de un deportista que tuvo que colgar los botines a temprana edad. ¿Qué hubiera sido de la vida de Fontaine si una lesión no lo hubiera alejado de la canchas siendo tan joven? Saberlo es imposible, pero con sólo notar que brilló en una época dorada del fútbol, con cientos de ilustres apellidos como noble competencia, permite hacerse una idea de lo que este galo de origen marroquí significó en el mundo de la pelota de cuero.

En 1958, en Suecia, y durante un lapso de sólo un mes en el calendario, se forjó buena parte del legado que dejó. Llegó al país escandinavo con 25 años, en la plenitud de su carrera y con un palmarés que lo respaldaba. Era una época aun sombría de Les Bleus, ya que si bien contaba con enormes futbolistas como Raymond Kopa -que ya era ídolo en Real Madrid- no lograba consolidarse en la élite del fútbol mundial. Sin embargo, el delantero nacido en Marrakech tuvo mucho que ver en eso de colocar a los galos en el mapa.

Si bien la VI Copa del Mundo lo encontraba enfundado en la camiseta francesa, Fontaine había nacido en el por entonces protectorado francés de Marruecos, tierra que cobijó sus años de formación como futbolista, hasta producirse su debut en el US Casablanca, ocho años atrás. Ocho años después, en Suecia, era otro. La responsabilidad de defender los colores de la Tricolor no le pesaba. Sin duda que brillar en el Reims, al que había llegada desde Niza (club que le abrió las puertas al Viejo Continente) lo había fogueado en el primer nivel. El 8 de junio, ante Paraguay, saltó a la cancha con la confianza de los más de 300 goles que tenía en su haber y no defraudó. En su debut en el máximo certamen de FIFA, se llevó la pelota: marcó tres tantos y puso su apellido en boca de todos. Los rápidos ataques que pregonaba el equipo encontraron el ariete a su intérprete ideal.

Apenas tres días después Yugoslavia frenó el carro francés, al imponerse por 3 a 2. De más está decir que las dos conquistas de Les Blues fueron de Fontaine, que en sólo 180’ sumaba 5 tantos en la tabla de goleadores. Esta vez su potencia quedó plasmada en la primera conquista, como también su elegancia en la segunda de ellas, al picarla con calidad sobre el 1 de los balcánicos. Escocia fue el rival en la última presentación del Grupo B, y allí, ni William Wallace pudo frenar al goleador ya que con una diana aportó para el 2 a 1 de los suyos, que así se metieron en cuartos de final. ¿El próximo rival? Irlanda del Norte. El 19 de junio en Norrköping ambos equipos se vieron las caras, y las diferencias de calidad se evidenciaron notablemente. Les Blues se llevó el boleto a semifinales, con dos gritos de Fontaine, quien abrió su cuenta personal con el único tanto de cabeza que marcó en toda la competición. El 4 a 0 levantó aún más la moral del elenco europeo, que ahora debía medirse nada más ni nada menos que con Brasil.

Pelé, Vavá, Didí y Garrincha de un lado, como figuras máximas del Scratch. Fontaine, Kopa y Piantoni del otro. Era cantado que los goles debían hacerse presentes en el colmado estadio Rasunda de Estocolmo. Antes de los 10’ el cotejo estaba 1 a 1: Vavá para la Verdeamarela; mientras que Just igualó tras una gran carrera, a la que le sumó el plus de desparramar al gigante de Gilmar. La primera mitad se cerró con un 2-1 para el elenco sudamericano, luego de que Vavá logró quebrar la defensa tricolor. El complemento mostró a una figura excluyente, que eclipsó a los demás 21 protagonistas: Edson Arantes do Nascimento, mejor conocido como Pelé, pero al que todavía le faltaba para ser O’Rei, ya que tenía 17 años. Marcó a los 52’, 64’ y 75’ para destruir la ilusión del héroe de Marrakech. Sobre el final, Piantoni decoró un resultado que fue lapidario. Usualmente el ánimo de los equipos derrotados en semifinales se sitúa por el piso a la hora de tener que verse las caras en el partido por el tercer y cuarto puesto. No así para Fontaine, que más allá de ver cortado su camino hacia la final, todavía contaba con un juego más para extender su terrorífica racha goleadora. Alemania fue el rival de turno, y ante los Teutones se dio su mejor producción. Sus virtudes de pescador florecieron para marcar en la parte inicial, al igual que sus dotes de velocista en el complemento, para sí lograr escapar a la marca y sumar sus últimos gritos. Rubricó dos goles en cada tiempo, casi sin despeinarse. Fue un 6 a 3.

La estadística demuestra de forma irrefutable la influencia que Just Fontaine tuvo en el seleccionado galo: de 23 conquistas que alcanzó el equipo, él aportó 13 dianas, siendo hasta hoy en día la cifra más alta que un jugador consiguió anotar en una Copa del Mundo. No obstante él siempre fue humilde y se limitó a decir que sus botines fueron los reales artífices de su fructífero Mundial, al que llevó el calzado adecuado, tras destruir el mismo luego del doblete en liga y copa con el Stade de Reims. La fortuna cayó de su lado, y encontró la solución de la mano de un compañero: «En aquella época sólo teníamos dos pares de botas, y no había patrocinador. Me encontré sin nada. Por fortuna, Stéphane Bruey, uno de mis compañeros suplentes, calzaba el mismo número que yo, y me prestó las suyas. Seis partidos y trece goles más tarde, se las devolví. Me divierte pensar que algunos de mis goles fueron inspirados por la adición de dos espíritus en el interior de un mismo zapato». Creer o reventar quizás.

Pasaron un centenar de brillantes jugadores luego de la aparición de este galo, que colgó los botines en 1960, a los 27 años de edad, y luego de una doble fractura de tibia y peroné que cortó su carrera. Brilló en Casablanca, Niza y Reims, donde acumuló 459 goles en 327 partidos. Además dejó el plus de su marca mundialista, la que habla a las claras y por sí sola de lo que significó su presencia en la historia del fútbol. Suecia fue y será inolvidable por la aparición en sociedad de Pelé, pero también se convirtió en tal por la presencia de este gran delantero. Fue veloz y punzante, muy preciso a la de la verdad, y fundamentalmente, nutrió su juego con gol, mucho gol.

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Periodista deportivo egresado del Círculo. Amante de todo tipo de deporte, sin distinción alguna. Sueño con clonar a Lampard para que nunca deje de patear una pelota. Escribo sin ansias de ser leído.

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