EL VÁSCO LÁNGARA, DE LA GUERRA A BOEDO

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Autor de más de 100 goles con San Lorenzo en los tiempos del Viejo Gasómetro, Lángara fue un exiliado de la dictadura franquista, que llegó una mañana a Boedo y por la tarde le metió cuatro en 35 minutos al River Plate de Labruna y Pedernera. La historia de un noble vasco que llegó a desafiar a los líderes fascistas de Europa, antes de dejar su huella en el fútbol argentino.

“Perdóneme, pero me es imposible. Hoy juega Lángara, que es mi ídolo, y voy para la cancha”, contestó sin saber con quién trataba, un inocente taxista al pedido de su idolatrado de esperarlo diez minutos antes ir a jugar un partido. La anécdota describe a la perfección que en 1939, el año de su llegada, el hombre ya era muy querido en San Lorenzo de Almagro. Isidro Lángara pudo ser considerado un vasco loco por cruzar el Atlántico y abandonar su Pasajes natal para recalar en estas tierras lejanas del Rio de La Plata.

Pero para comprender realmente la dimensión de su grandeza, es necesario conocer el contexto del origen de su llegada a la Argentina y lo que logró en su carrera. De físico fornido y cabezazo poderoso, el “Cañonero de Oviedo”, como le decían por su potente remate de ambos perfiles, de muy joven se destacó por meter muchos goles en el Real Oviedo español. Fue Pichichi de la Liga por tres años consecutivos, por lo que trasladó sus conquistas a la Selección Nacional. Eran tiempos oscuros en la Europa, del periodo de entre guerras, donde el malestar general por la crisis económica y las cuentas pendientes que dejó la primera contienda mundial, eran expresadas por el exacerbado nacionalismo de los pueblos. Los gobiernos totalitarios usaban la propaganda como medio de manipulación de masas, un recurso más económico y efectivo que la violencia estatal. No faltaría mucho para el estallido de un nuevo conflicto.

El Mundial de Italia 1934 trajo esa modalidad, y España pudo arruinar los planes propagandísticos de Benito Mussolini y su régimen fascista si no fuera por la ausencia de su figura. La Furia Roja forzó un desempate ante la Azzurra con Lángara en cancha, pero éste quedó al margen del duelo decisivo por lesión y su equipo quedó afuera. Igualmente, con dos goles a Brasil, fue de lo mejor de la competencia y no sería la única oportunidad de su vida de estropear los propósitos de un dictador. Un año después, visitó la Alemania nazi de Adolf Hitler con el combinado ibérico para jugar un amistoso en la ciudad de Colonia. Ante la presencia del mismísimo Führer y la de otros 80 mil fanáticos nazis en el estadio, convirtió dos goles en la remontada final ante los germanos, que festejaban la victoria parcial 1 a 0 ondeando banderas con la esvástica. Pudo volver con vida a su país, donde fue recibido como héroe por el Gobierno Republicano. Con 17 goles en apenas 12 juegos, ya era considerado el mejor futbolista de su Selección cuando estalló la Guerra Civil Española de 1936, que adelantó los acontecimientos posteriores de la Segunda Guerra Mundial. Fanático de la pelota y de sus convicciones, primero combatió contra las fuerzas Franquistas que pretendían imponer una España única, sin tolerar la identidad cultural de los vascos, catalanes, gallegos o los que sean. Luego integró un combinado que se llamó “La Selección de Euskadi”, creada por los Republicanos para recaudar fondos y que giró por toda Europa hasta la caída de Bilbao en 1937 y el exilio a México, antes de su paso por el Ciclón. Resulta que en 1938, el conjunto formado con fines benéficos y de difusión, participó del campeonato mexicano y causó sensación. Entre sus compañeros estuvo Ángel Zubieta, otro vasco de marca imborrable en San Lorenzo que lo recomendó a la dirigencia de entonces avalado por el técnico Guillermo Stabile, quién lo conoció en el Viejo Continente.

Cuenta la leyenda que Lángara era pretendido por River Plate, pero avivados de la envergadura del jugador, un rápido directivo cuervo lo contrató. Llegó una mañana al puerto de Buenos Aires y por la tarde debutó en el Viejo Gasómetro justamente contra los Millonarios. Dicen que al principio despertó las risas de los presentes por su porte físico, más parecido al de un luchador de catch que a un futbolista profesional. Muy pronto se ganó el respeto y la admiración de todos cuando marcó cuatro goles en tan sólo 35 minutos. El encuentro terminó 4 a 2. Años más tarde recordó en una entrevista sobre las cuatro conquistas en su estreno: “El primero llegó cuando toqué por tercera vez el balón. El segundo fue con la cabeza, aunque reconozco que me rozó un hombro. En los otros usé mi remate”. Un debut tremendo, y más espectacular si se tiene en cuenta que los hizo sin realizar ningún entrenamiento previo y el día en que llegó, ante la gran formación riverplatense integrada por Amadeo Carrizo, José Manuel Moreno y Adolfo Pedernera, entre otros.

A pesar de los continuos enfrentamientos entre la colonia española dividida entre los simpatizantes nacionalistas (los franquistas vencedores) y los de la izquierda republicana, la llegada del “Dinamitero”, como se lo apodó acá, volcó a muchos de ambos bandos a ser hinchas de la institución de Boedo, de arraigo español al ser fundado por hijos de inmigrantes de esos pagos, pero que no era tan identificado con esa comunidad como el Independiente de Avellaneda, barrio de anarquistas en plena Década Infame.

En 1940 fue el máximo anotador del torneo y hasta 1943 hizo 110 goles en 121 encuentros. Notable eficacia en pocos años. Insuperable para estos tiempos. Además se lo recuerda por su conducta ejemplar en el campo de juego. Nunca reaccionó ante los golpes y reiteradas provocaciones de los rústicos marcadores rivales y la tolerancia de los arbitrajes. Pudo sacar ventaja en el juego desleal gracias a su físico imponente, pero eso no era acorde a un caballero como él. Un jugador noble de otra época. “El público me recibió como si hubiera nacido allí. Además, la suerte de goleador me ayudó a acercarme más a ellos. Pero nunca, y eso lo sentí, pude ser campeón, aunque teníamos un gran equipo”, se lamentó tiempo después. Igual dejó una huella inolvidable en los corazones azulgranas. En cuatro temporadas, hasta jugó dos amistosos con la camiseta argentina y volvió a México para jugar con sus compatriotas refugiados.

Fue varias veces el mayor rompe redes de la competencia y por ese hecho comparte junto a Di Stéfano, Romario y Van Nistelrooy, el record de ser goleador en tres países distintos. En su ocaso futbolístico aprovechó que ya no formaba parte de ninguna lista negra y se dio el gusto de retirarse en su querido Oviedo. También volvió a ser seleccionado para jugar con la Roja, pero fue suplente del joven Telmo Zarra, otra leyenda. Después volvería a vivir en tierras del tequila, y esperó tras varios años de la muerte del Generalísimo” Francisco Franco para regresar definitivamente. Falleció el 21 de agosto de 1992 a los 80 años. El viejo templo de avenida La Plata se deleitó con sus formidables actuaciones, tanto que con su partida quedó un gran vacío en el ataque del Ciclón, que los hinchas propios y hasta de otros equipos lamentaron.

Por: Luis Giménez
@L_GimenezOjeda

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El fútbol de otra manera.

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