GARRAFA SANCHEZ: DIOS PRECISABA UN DIEZ

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Garrafa fue gambeteador como pocos, pícaro y con una pegada envidiable. Su nombre es símbolo del potrero y el juego argentino. La historia de un crack que no se desvivió por jugar en los clubes más importantes y se confortó en la calidez del ascenso.

Desde chico se destacó en el Baby Fútbol, donde aseveran que tenía una gran habilidad para desmarcarse “en una baldosa”, y quienes lo veían jugar día tras día, sostenían que casi nunca erraba un tiro. Su carrera profesional empezó en Laferrere, en la B Nacional, jugando de 3. “Aunque muchos no lo crean, yo empecé jugando de tres. Al tiempo pasé a jugar en el medio. Subía y bajaba todo el tiempo. Era increíble… parece mentira, antes era una laucha, flaquito y rápido, una maquinita”.

Durante cuatro temporadas disfrutó de jugar en el equipo de su barrio y el equipo de sus amores, cosa importante en su vida. Lo que siguió fue un gran paso por El Porvenir, con ascenso a la B Nacional incluido. “Garrafa” ya se había ganado el corazón de los hinchas cuando tuvo que emigrar al Uruguay para jugar un corto tiempo con Bella Vista. Tras mucho tiempo parado por lesión le llegó una de las grandes oportunidades de su vida, la de jugar en Banfield y mostrarse al país.

En su primera temporada fue la figura excluyente del ascenso taladro y se convirtió en referente del plantel e ídolo de la hinchada. Su juego era una novedad, jugaba igual que en el potrero, tirando caños y corriendo todo el tiempo. Claro, siempre había jugado de esa manera, era auténtico, pero en sus anteriores clubes pocos lo veían. “Para mí en el Porve fue donde hice mis mejores partidos, pero en ese tipo de equipos casi nadie te registra, no jugás por nada, ni peleás por nada. No es como estar en Banfield, donde te guste o no tenés los ojos de la gente puestos en tus actuaciones y hagas lo que hagas te terminan conociendo” .

En este mundo del fútbol donde todos se desviven por jugar en los equipos grandes, Garrafa no lo tomó como prioridad sino que prefirió continuar con su estilo de vida, y cerca de sus afectos. Cuando Carlos Salvador Bilardo era el técnico de Boca quiso contar con sus servicios y lo tuvo a prueba una semana, pero terminó declinando por su pasión por las motos: era un peligro y no estaban dispuestos a aceptarlo. Él tampoco aceptó que cambien su modo de vivir y continuó siendo ídolo en el Taladro. “Si no iba en la moto, directamente no iba. No tenía otra. Trataba de ir más temprano, antes que llegue el micro, para que no me vea nadie…”. Lo curioso es que seis meses después de su trunco pase a Boca se vio obligado a cambiar la moto por un Fiat Uno ya que no podía llevar a su nena… ¿Qué hubiera sido de su carrera si aceptaba cambiar sus modos para jugar en Boca?

Ya lejos de las primeras planas del fútbol argentino, terminó su carrera donde la había comenzado, y donde siempre había querido finalizarla. Cuando era joven y brillaba en primera había dicho “Pienso jugar hasta los 35 años y terminar en Laferrere. Aunque esté en la C y tenga que ir gratis. Es mi vida y siempre digo que no tenes que estar besando camisetas para demostrar cuánto queres a un club. La única camiseta que voy a besar es la de Laferrere”. Intentando realizar una pirueta con la moto en la puerta de su casa del barrio de Laferrere, “Garrafa” sufrió un accidente y perdió la vida, causando una gran conmoción en todos los futboleros que recuerdan sus gambetas y sus caños, pero especialmente en los hinchas de Lafe y el Taladro. Distintos homenajes se hicieron en su memoria. Uno de ellos es el documental que se exhibió de manera gratuita en la cancha de Banfield para todo el público y que muestra su vida con material inédito.

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About Author

Estudiante de Historia en la UBA. A veces oficio de periodista. Hincha y socio de Argentinos Juniors.

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