EL GIGANTE

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El Gigante recorre el césped, incrédulo, y se acerca a los límites del terreno, pero no está seguro de poder resistir a tanto cariño condensado. Hace como que se golpea el pecho, pero en realidad acaricia el escudo que vistió durante cerca de la mitad de sus 43 años. Esconde sus lágrimas en un acto paternalista de compasión, en el afán de llevarles consuelo a los miles de fieles que fueron a rendirle homenaje. Esos que no pueden disimular, porque su llanto es un río alimentado con décadas de glorias, y no hay represa que pueda contenerlo.
Hace apenas unos minutos, el Gigante fue llamado por el DT, el recio pero apacible canoso, que sigue tratando a sus jugadores como hijos a pesar de ya no dirigir juveniles. Un DT que entiende perfectamente de los componentes emocionales de un arte profundo e intrincado como el Fútbol, y por eso decidió hacerle el regalo al Gigante, que también empieza a peinar cabellos plateados. Y además es un presente para sus compañeros, y para los que poblaron las tribunas esperando ver ganar a su equipo, pero también esperando ver a su ídolo concretar el récord.
No es en realidad Gigante por su figura imponente, sino más bien por su trayectoria intachable. Por lo que evoca, y lo que porta sobre sus hombros. Ya acomodado en su hábitat natural, el Gigante se cierne en toda su inmensidad sobre un intimidado atacante rival, quien intenta disparar, pero termina casi entregándole el balón como muestra de respeto y reconocimiento. Por demás merecidos. Una armadura de escamas impenetrable, evidencia de su temple de acero. Alas interminables que le permiten volar de palo a palo para cumplir con su tarea. Y aliento de fuego, alarido en llamas que impulsa a sus compañeros como un grito de guerra. Es el Dragón, el guardián de las Puertas del Infierno.
Quien suscribe tuvo la divina fortuna de observarlo custodiando los 3 palos del Diablo, la valla más grande de América. Con apenas 5 años, quien suscribe decidió hacer el intento de emularlo siendo arquero, y no se arrepiente de haber tomado y sostenido esa determinación. Así como no se arrepiente de conservar aún el buzo característico que lo acompañó en sus gestas en el Orgullo Nacional. Quien suscribe lo recuerda aún llorando de tristeza luego de ser eliminado en Francia ´98, y por eso hoy se encuentra embargado de emoción al verlo llorar de alegría. Pero quien suscribe no es lo que importa, sino un país entero rendido a los pies del Gigante.
Fue un honor ver su ímpetu y convicción en acción, Faryd. Huelgan las palabras de agradecimiento, pero son inevitables. Gracias por permitirnos compartir sus felicidades y sus abatimientos. Gracias por transmitirnos su amor por este deporte y por esta vida, que le dio tanto a usted como a nosotros, dejándonos presenciar su magnificencia.
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About Author

Comunicador social antisocial. Inconformista crónico. Profesor de Periodismo Deportivo. Fundamentalista de Messi.

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