MUCHOS GOLES Y UN NO ROTUNDO

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Fueron exactamente 312 los goles que Carlos Caszely convirtió como futbolista profesional. Dicha cifra lo volvió un referente del popular club chileno, Colo Colo. Pero además, su no rotundo a la Dictadura Militar encabezada por Augusto Pinochet lo transformó en un ídolo popular.

Sus apenas 170 centímetros no le impidieron ser un delantero que inspirara respeto en el área. A Carlos Caszely, «El Chino», siempre le alcanzó con su fútbol lleno de potrero. Imaginación y serenidad lo distinguieron a la hora de entrar al área. Remates alejados de los arqueros; instinto para saber dónde iba a crearse la oportunidad. Una personalidad hecha para sobresalir en días importantes. El idilio de Caszely y el público de Colo Colo no fue para nada difícil. Ya en su primera temporada como titular (1968), convirtió 20 goles en 22 partidos. Dos años más tarde, en 1970, fue pieza fundamental para que el conjunto Cacique cortara una sequía de siete años sin títulos.
Carlos Caszely

Entrado el año 1973, su actuación en la Copa Libertadores resultó formidable: goleador del certamen con nueve gritos en 13 encuentros. Aquel equipo dirigido por Luis Alamos es considerado uno de los mejores en la historia del fútbol chileno, pero no pudo darse el gusto de darle la primera Libertadores al país. No sin polémica, Independiente logró, en una serie de tres encuentros, vencer a Colo Colo y obtener la segunda de sus cuatro copas consecutivas. En Avellaneda fue empate 1-1, y en Chile, Caszely convirtió el que pudo ser el gol del título, pero fue anulado. «El Chino» repitió grito en el desempate de Montevideo, pero el tiempo suplementario fue aprovechado por el Rojo de Humberto Maschio. Fue tal el impacto de aquel Colo Colo que algunas versiones lo ven como un argumento que retrasó el Golpe Militar al gobierno encabezado por Salvador Allende. «Creo que hay parte de verdad. Es hipótesis, no se puede saber. Si Colo Colo ganaba la Copa después venía la Intercontinental, y a lo mejor lo hubiera retrasado un poco más y no hubiera pasado la desgracia que sucedió en este país», declaró el goleador en entrevista a La Tercera.

«Dije que era el gerente del fútbol ya que, al igual que en una fábrica, existen obreros que hacen el trabajo pero tienen un gerente que pone la firma. En el fútbol la firma es el gol».

Lo cierto es que meses después de aquella recordada final, el presidente socialista fue derrocado y para Chile comenzó un proceso cargado de violencia y violaciones a los derechos humanos. Como suele ocurrir, el fútbol fue utilizado para distraer a la sociedad, pero Caszely optó por no formar parte de aquello. Ese mismo año, aprovechando la expansión de su imagen, emigró a España para jugar en el Levante Unión Deportiva. Su llegada, aún hoy, es considerada un gran acierto por parte de aquella gestión, ya que se trataba de un jugador de renombre internacional en un club de segunda línea y que no se encontraba en Primera División. A pesar de las grandes aspiraciones, Levante perdió la categoría y Caszely mudó sus goles a la Tercera División del Fútbol Español. Por ese entonces, ya se encontraba consolidado en la Selección Chilena, y observaba con desazón el curso de su país. La Roja accedió al partido de repechaje por un lugar en el Mundial de Alemania 1974, pero la Unión Soviética, consciente de las atrocidades que se cometían en el país sudamericano e incluso en el Estadio Nacional de Santiago, exigió sin éxito a la FIFA que se cambiara la sede del encuentro. El 21 de noviembre de 1973, el seleccionado de Chile salió a la cancha y jugó, durante 30 segundos, un partido sin oposición alguna. El capitán Francisco Valdes marcó recordado gol del «partido fantasma», y así el país sudamericano obtuvo boleto mundialista. El show debía continuar.

Previo al viaje hacia tierras germanas, el dictador Pinochet recibió a los futbolistas que representarían al país. Caszely eligió no estrechar la mano con un responsable directo de torturas y asesinatos. Aquel acto le trajo consecuencias: tiempo después, su madre, Olga Garrido, fue secuestrada; violentada física y mentalmente antes de ser devuelta a casa. El no de Caszely a la Dictadura y su mala relación con Pinochet se intensificaría con los años, al punto de que el goleador fue uno de los principales personajes que militaron por el no en el referéndum de 1988, cuando el pueblo chileno decidió que Pinochet no extendiera su mandato y se diera inicio a la transición democrática.

Carlos Caszely es saludado por el Presidente de Chile, Salvador Allende. FOTO: Marca

Carlos Caszely es saludado por el Presidente de Chile, Salvador Allende. FOTO: Marca.

La Copa del Mundo de 1974 no arrojo buenos resultados para Chile, pero a Caszely, su temporada en Levante le valió el interés de los clubes de Barcelona. Según el propio futbolista, Johan Cruyff estaba interesado en incorporarlo al cuadro culé. Fue finalmente el Espanyol quien se hizo con los servicios del atacante chileno, y aquella temporada, Caszely fue el goleador del equipo. Otros dos años dieron forma a una estadía que no por breve fue fácil de olvidar. El «Chino» es considerado uno de los mejores jugadores que vistió la camiseta del Espanyol, y una de las puertas de acceso al Estadio lleva su nombre. Lo que siguió fue el regreso a su casa, Colo Colo, para ganar más títulos, obtener tres veces consecutivas el premio al máximo goleador liguero, y sellar para siempre su idolatría con el público, siendo incluso el máximo goleador histórico del club. Pero más allá de todos sus logros futbolísticos, Caszely duerme con la tranquilidad de haber utilizado su nombre para luchar por un mundo mejor. Y ese es un premio que no figura en ninguna estadística.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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