CARLO CASTELLANI: LA VIDA POR SU PADRE

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El nombre de Carlo Castellani remite a la historia grande de Empoli. Hasta 2011 tuvo el récord de goleador histórico del club (superado por Francesco Tavano) y el estadio lleva su nombre. Pero no es el único lugar donde aparece, ya que en Montelupo Fiorentino, ciudad donde nació, está en la lista de 21 personas que la madrugada del 9 de marzo de 1944 fueron detenidas y llevadas a un campo de concentración Nazi.

Placa en Montelupo con los nombres de los detenidos

Nació el 15 de enero de 1909 y comenzó su carrera futbolística en el conjunto Azzurro en 1926. Tras cuatro años se convirtió en el primer jugador de la institución en participar de la Serie A cuando, en 1930, fue traspasado a Livorno, cuna de la izquierda italiana.

Cuatro años más tarde, previo paso por Viareggio, retornó a Empoli que se encontraba en la Serie C. 61 goles con esa camiseta en toda su carrera lo llevaron a convertirse en el máximo ídolo de la modesta institución.

Retirado del fútbol y alejado de la política, a sus 35 años, vivía con su mujer y sus hijos en la localidad de Fibbinia, perteneciente a Montelupo, donde atendía una serrería. El  4 marzo de 1944, obreros de una fábrica de vidrio de la zona se declararon en huelga, sumándose a los campesinos rebeldes que estaban en contra de la ocupación alemana. La reacción del gobierno fue detener a todo miembro de la rebelión o sospechoso de serlo.

6Los presos eran trasladados en un camión rumbo a la estación de trenes de Florencia, pero realizaron una parada en la casa de Castellani con la intención de llevarse a su padre, Davide, quien se había expresado públicamente en contra de Benito Mussolini y Adolf Hitler. “Mi padre está enfermo y no se encuentra en estos momentos ¿Qué tal si voy yo al cuartel y les explico la situación a las autoridades”. Carlo se subió al colectivo pensando que sólo sería un trámite.

A las pocas horas estaba dentro de un vagón repleto de personas asustadas rumbo a Mauthausen, Austria, donde funcionaba uno de los campos de concentración del régimen Nazi.  Allí se encontró con un viejo amigo de la infancia llamado Aldo Rovai, quien fue uno de los sobrevivientes.

Rovai le contó de las torturas que se sufrían allí: de las duchas salía gas y no agua, cientos de presos morían al caer de las escaleras debido al peso de las piedras que transportaban, y otras atrocidades. Trató de mantener con esperanzas a Carlo hasta el último momento hasta que el 10 de agosto este le entregó una nota que decía “Cuéntale a mi familia cómo he muerto. Diles lo que he sufrido, ¡más que Jesucristo!”. Al día siguiente, cuando fue a buscarle, ya no estaba en su rincón, había sido arrastrado a una fosa donde pasó a la eternidad.

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