Brendan Rodgers.

ANALIZANDO A LOS TÉCNICOS: BRENDAN RODGERS

En el fútbol mundial, hay entrenadores cuyas labores son eficientes en sus clubes pero carecen de prensa, ya sea por su perfil bajo o su cautela. Brendan Rodgers, técnico norirlandés que actualmente dirige al Liverpool, es uno de ellos. Fue contratado en 2012 gracias a su buen trabajo previo en el Swansea City, logrando el ascenso a la Premier League. Brendan es un técnico jóven (41 años) con poca trayectoria como jugador, puesto que por una lesión debió retirarse de la actividad a los 20 años, cuando jugaba en el Reading. Desde que era un niño, Brendan se educó respetando y abrazando los gustos futbolísticos de su padre, quien “amaba el fútbol europeo y a la selección de Brasil”. Uno de esos equipos, evidentemente, era el Liverpool de Bob Paisley y Joe Fagan. Por ellos sentía un aprecio especial, en parte porque su abuelo se consideraba un red más, en parte porque en Anfield se disfrutaba de las muestras más altas del passing game. Con el paso de los años vería cómo su carrera futbolística no iba a ser especialmente prolífica, pero que sí le valdría para terminar de afianzar la idea que comenzó a sentir como propia en el salón de su casa.

Luego de colgar los botines en 1993, Rodgers decidió abocarse a trabajar en la dirección técnica. Comenzó a trabajar en la academia del Reading, un equipo tan inglés como el resto, donde implementó un 4-3-3 incoherente con la idiosincrasia futbolística británica. Su estilo captó rápidamente la atención de José Mourinho, quien lo incorporó tiempo después a la academia del Chelsea. The Special One lo fue incorporando rápidamente a su entorno más cercano, y poco a poco, el norirlandés se fue fogueando a la par del portugués, quien le aportaba su experiencia ante diversas situaciones: Cómo manejar un grupo de estrellas, la intensidad en los entrenamientos, conceptos tácticos y la importancia de la preparación. Con el tiempo, este tipo de vivencias no significaron un cambio radical, sino que aportaron nuevos matices.

»Mi filosofía es jugar un fútbol creativo y de ataque, con disciplina táctica».
                                                    
Tiempo al tiempo, llegó la etapa tan ansiada, la de dirigir un primer equipo. Su carrera comenzó de manera oficial con el Watford, donde lo anunciaron en 2008. Tras su salida en 2009 decidió regresar a Reading, pero los resultados no lo acompañaron y debió irse 6 meses después. Sin embargo, Brendan no se inmutó y decidió seguir adelante. Fichó por Swansea City en julio de 2010, en lo que posiblemente fue una de sus mejores decisiones en su carrera como DT. Instauró su idea y el grupo respondió a la perfección, los galeses llegaron a la Premier League desplegando un fútbol vistoso.
 »En Swansea éramos alabados por nuestra vocación ofensiva. Sin embargo, conseguimos quedar imbatidos en muchos partidos y estábamos muy arriba en los registros defensivos”.
Hablando de su paso por el conjunto galés.
TEMPORADA 2011/2012: ASCENSO CON SWANSEA

El modelo: 4-2-3-1.

Con el fichaje de Sigurdsson en el mercado invernal, Swansea adoptó un 4-2-3-1 que mantendría hasta el final de la temporada, aunque en muchos partidos y dependiendo de las situaciones se optó por un 4-3-3 bien marcado. Desde el comienzo la idea fue establecer secuencias de pases largos, reduciendo así el juego directo. La gran virtud de este equipo era que sabía interpretar cuando pausar el juego y cuando cambiar el ritmo.
La naturaleza de sus extremos Dyer y Sinclair lo permitían.  Ese matiz era indispensable, ya que, si el equipo debía correr, sabía como hacerlo.

Los puntos fuertes:
Los hombres clave del esquema de Rodgers eran Britton y Allen. Daba igual si se jugaba 4-2-3-1 (ya que ellos compartían la base de las jugadas) o  4-3-3 (donde actuaban como mediocampistas interiores).  Su relación con los cuatro defensores era vital, y es que ambos se caracterizaban por ser muy ágiles, tanto en el gesto a la hora de girar y distribuir, como para interpretar el lugar correcto de la recepción.
Los laterales: Rangel y Taylor. Ambos jugadores eran fundamentales en las fases de equilibrio, perspectiva y trancisión. Primero, con un apoyo horizontal en el inicio que le daba continuidad al equipo en la salida, y segundo, con un aporte clave en los metros finales para hacer más ancho al ataque.
Sinclair, Dyer y Routledge, los extremos: Gozaban de características similares. Recibían siempre muy abiertos (algo que ensanchaba el campo y permitía al equipo cambiar de orientación con comodidad), eran

explosivos (lo que les permitía activar espacios cortos a espalda de los defensas) y su manejo de pelota era bueno, lo que ayudaba a los ataques estáticos a ser productivos, ya que con el rival bien replegado, el balón al costado creaba buenas ventajas.

La referencia del gol: Graham. Al tratarse de un delantero sin grandes cualidades técnicas en el manejo de pelota, ralentizaba poco sus recepciones en el área, algo que beneficiaba al equipo, puesto que sus descargas (a cualquiera de los extremos o a los tres futbolistas centrales del medio campo), le daban dinamismo a los ataques. Su estilo se adaptaba muy bien a lo que proponía Rodgers, esto lo confirmó el delantero marcando 12 goles en el certamen. Tras formar un equipo espectacular que conquistó el ascenso, la temporada de ensueño terminaba y llegaba el gran desafío, Liverpool le abría las puertas al norirlandés.

“¿Que se necesita tiempo para implantar mi filosofía? No cabe duda, soy muy realista. Seguramente nos llevará unos años situar al equipo donde queremos. Aunque necesitaremos invertir y también el tiempo para trabajar, sabemos que ganar partidos es importante. Esta es una filosofía y un estilo que está tanto en mi ADN como en el del club, con lo que esperamos poder ir implantándola en los años venideros”.
En su primera conferencia como director técnico del Liverpool.

Liverpool venía de estar dirigido por Kenny Dalglish, otro amante del passing game. En este caso el desafío era muy grande: Resurgir a un grande del fútbol inglés. Los reds habían terminado la Premier en el octavo puesto y habían ingresado a la Europa League, Rodgers debía poner manos a la obra y la cuestión era: ¿estaba el equipo preparado para poner en práctica la idea de su nuevo entrenador?. El equipo comenzó la temporada con un 4-3-3, trabajando una salida lenta con muchos pases y pocos riesgos. Joe Allen, quien había sido fichado por el técnico desde el Swansea, era amo y señor de la mitad de cancha. Los interiores se situaban un escalón por delante y los laterales eran los encargados de ensanchar el campo. El mecanismo, sin ser excesivamente brillante, lograba su objetivo de controlar el balón y llegar a buenas posiciones en tres cuartos o, incluso, en el área. Sin embargo, los reds carecieron de efectividad en dicha temporada, dejaron muchos puntos en el camino y terminaron dependiendo mucho de los goles de Luis Suárez. Ante este problema, el norirlandés decidió fichar a Daniel Sturridge y Philippe Coutinho en el mercado invernal de 2013. Ambos terminaron siendo las mejores incorporaciones. El brasileño encontró continuidad y se convirtió en imprescindible para acelerar el fútbol en el último tercio del campo. Su impacto visual fue tremendo, pero incluso fue mayor el impacto competitivo que supuso la presencia en el once de ambos.

Sturridge representa un perfil de futbolista moderno cada vez más habitual: es autosuficiente, recibe muy abierto, inicia la diagonal y busca el gol. Sus 10 gritos y 3 asistencias en 14 partidos con el Liverpool certifican el éxito de una contratación que al técnico también le sirvió para ganar una referencia en el juego directo, tanto al pecho como a la espalda de la defensa. De esta manera, aún sin Luis Suárez por la sanción y con no demasiadas esperanzas de poder entrar en Europa, desde que Coutinho y Sturridge se vistieron de rojo, el Liverpool mejoró su promedio goleador de 1,76 a 2,08, consiguiendo ganar siete partidos, empatar cuatro y perder sólo dos. La primer temporada fue de menor a mayor. Si bien desde lo numérico no se logró mucho más que en las campañas de Dalglish o Hodgson, la sensación que dejó el equipo fue otra. Se había logrado una identidad, un patrón de juego.

Para la temporada 2013/14, llegaron refuerzos, los más resonantes fueron: Iago Aspas, delantero proveniente del Celta; el defensor Kolo Touré, desde el Manchester City; el arquero Simón Mignolet, desde el Sunderland y el extremo Victor Moses, desde el Chelsea.

Finalmente, el equipo red para la temporada 2013/14 logró ensamblarse y quedó conformado de la siguiente manera:

Los puntos fuertes: 
SUASTU. Luis Suárez y Daniel Sturridge se complementaron a la perfección. El uruguayo y el inglés marcaron 48 goles (a falta de 8 partidos por jugarse). Obviamente, la adepción a la red de ambos no es una cuestión aislada: Raheem Sterling y Philippe Coutinho son fundamentales a la hora de colaborar. Ellos se desmarcan, ensanchan el campo, buscan la diagonal y pivotean constantemente para lograr los espacios necesarios.

»Los mejores son aquellos que inspiran a otros a jugar bien. Suárez es un jugador inspirador. Es simplemente fantástico trabajar con él y ver la determinación que encara día a día. Él merece todos los elogios y creo que, si decide quedarse aquí por más tiempo podrá convertirse en uno de los mejores jugadores de la historia del club”.

Sobre la importancia del uruguayo Luis Suárez en Liverpool.

EL TRIÁNGULO DEL MEDIOCAMPO. Joe Allen, Jordan Henderson y Steven Gerrard son amos y señores de la mitad de cancha. Pese a la soltura con la que se desenvuelven y la regularidad con la que ensanchan el campo, cuando el equipo no tiene la pelota tienden a compactarse para salir a presionar. En cuanto al circuito de pases, son indispensables: Todos quitan, todos relevan, todos tocan. Además, no juegan solos, los laterales se encargan de acompañarlos en el ataque y de relevarlos en el retroceso. Los extremos se encargan de abrir huecos y los utilizan para triangular.

LA SANGRE NUEVA. Usufructuar las inferiores, el gran negocio de Rodgers. El norirlandés hizo hincapié en los jóvenes para reforzar aquellos puestos en donde el dinero no podía reparar. Dotó de confianza a jugadores como Henderson (23), Sterling (19) y el proveniente del Swansea, Allen (24) y los insertó de a poco en la alineación titular. También se encargó de foguear a jovenes como Martin Kelly y John Flanagan, de 23 y 21 años respectivamente.

El resultado en conjunto de todos estos factores arroja muestras de un equipo valiente, convencido y que, como se dice en la jerga popular, »va al frente». Los números en la presente temporada están de su lado: Liverpool marcha en los primeros puestos y todo indica que, si no comete errores significativos, puede llevarse la Premier League. Hoy los reds son uno de los mejores equipos de Europa, y esto no es una cuestión de azar o aislada. Es fruto de un proyecto serio que encabeza el señor Brendan Rodgers. Y es que soplan aires de cambio en Merseyside, este equipo parece no tener techo. Si bien el objetivo es ingresar nuevamente a la Champions League, seguro que no se quedarán sólo con ello y, en la recta final de la liga, están listos para pelear por ese título que no obtienen desde 1990. Mucho tiempo para un grande que quiere volver a ser, como dice la canción, actor de lo que fue. El DT tiene la confianza necesaria, disfruta de un respaldo económico relevante y una historia reciente de la que debe aprender. Contar con una idea no lo es todo, pero sí algo muy importante. Y más cuando uno nació viendo al gran Liverpool desde chico, creció con la admiración al fútbol de Cruyff y maduró al amparo de Mourinho. El norirlandés tiene convicción, principios y mucho futuro por delante. A seguirlo de cerca.