ANTONIO SASTRE: EL PRIMER POLIFUNCIONAL

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Eran otros los tiempos. Era otra la técnica y la estrategia, radicalmente diferentes a las que nos acostumbran hoy por hoy. Salvo cuando se trataba de embelesar los ojos con la figura de Antonio Sastre remontando el verde césped. En el incipiente Fútbol Profesional que se abría paso en la década del ´30 a fuerza de gambetas y fina estampa, el oriundo de Lomas de Zamora revolucionó los pizarrones de todos los vestuarios con su ductilidad y entrega. Un adelantado a su época, Sastre entendió el concepto y la virtud de la polifuncionalidad como el mejor soldado bielsista, décadas antes de que dicha tendencia inundara el panorama global. Quebrando los inmóviles sistemas tácticos, supo desempeñarse como delantero por ambas bandas, volante libre de horizontalidad, marcador de punta derecho y hasta arquero. El hombre que fue inmortalizado en Brasil, postulado para Premio Nobel de la Paz, uno de los 24 futbolistas argentinos que la AFA eligió para integrar el salón de la fama. Un jugador futurista que tomó por asalto los desprevenidos inicios del Siglo XX.

Desde sus primeros quiebres de cintura en el Club Progresista de Avellaneda, “Sastrín” ya maravillaba con su destreza y sorprendía con su sacrificio. Rodeado de un fútbol estático en el que el desequilibrio individual opacaba de manera íntegra al despliegue físico, su presteza para bajar a recuperar el balón (a veces inclusive hasta su propio área) y llevarlo en sus pies hasta el arco rival dejaba atónitos tanto a conocidos como a extraños. Su pasmoso ir y venir le ganó rápidamente un lugar entre las filas del brillante Independiente de finales de la década del ´20, recomendado por el capitán Manuel Seoane. El advenimiento del profesionalismo lo encontró tirando paredes con “La Chancha”, y otros cracks legendarios como Raimundo Orsi y Luis Ravaschino, y ya desenvolviéndose sin dificultades como entre-ala derecho o izquierdo. Sin embargo, su consagración llegó cuando se agotaban los años ´30: formó parte junto a Vicente De la Mata y Arsenio Erico de una de las delanteras más letales en la historia del Fútbol Argentino, y se alzó como alma y motor del “Rojo” bicampeón 38-39, llegando incluso a reemplazar al histórico Fernando Bello en la valla, sin recibir goles. Aquellos fueron los primeros torneos conseguidos por Independiente desde el final del amateurismo.
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El relieve de las características del “Cuila” atrajo, como no podía ser de otra manera, los ojos de los seleccionadores nacionales. Vistiendo la celeste y blanca confirmó su clase mundial al erigirse como baluarte indispensable en la consecución de las Copas Américas ´37 y ´41. Fue en la primera de esas 2 competencias en la que Sastre empezaría a dejar su huella en las tierras donde más adelante sería idolatrado: para desactivar el daño potencial del ala izquierda brasileña, integrada por los impredecibles Tim y Patesko, el cuerpo técnico argentino requirió los servicios del jugador del “Diablo” como marcador de punta por derecha. No sólo fue impecable su solidez defensiva, sino que fue desde su banda donde pudieron gestarse los momentos más destacados del la creatividad ofensiva de aquella Selección. Su preponderancia dejó una marca indeleble en las memorias verde-amarelas y, en 1942, el San Pablo se acercó a Avellaneda para preguntar por él…
Dejando atrás 13 temporadas de gloria, habiendo anotado 112 goles en 340 partidos profesionales, “Sastrín” quedó libre y armó las valijas para viajar rumbo al país vecino. Promediando casi 1 festejo cada 2 partidos se convirtió en el primer ídolo argentino en Brasil, en donde le consiguió al San Pablo el debut en la cima con los Campeonatos Paulistas del ´43, ´45 y ´46. El amor que llegó a profesarle la “Torcida Tricolor” desembocó en la construcción de una estatua en su honor, en las inmediaciones del mismísimo Morumbí. Tal fue el fanatismo generado por el hijo de la “Caldera del Diablo” que, cuando abandonó el club en 1946, el Presidente, Décio Pacheco Pedroso, aseguró: “No duden que si se propone un jugador de fútbol para Premio Nobel, todo Brasil lo va a votar a Sastre”. También el venerable Oswaldo Brandao se refirió al “Cuila” como “El hombre que nos enseñó a los brasileños a jugar al fútbol”.
Ya retirado, Sastre aceptó un desafío más en 1947. Todavía capaz de entregar destellos de su categoría internacional, fue una pieza clave del ascenso a Primera de Gimnasia y Esgrima La Plata, para luego abandonar definitivamente la profesión. Su vida se apagó en 1987, pero el brillo de sus enseñanzas revolucionarias vivirá eternamente como un verdadero mito del Fútbol Argentino.
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Comunicador social antisocial. Inconformista crónico. Profesor de Periodismo Deportivo. Fundamentalista de Messi.

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