EL HOMBRE QUE PATENTÓ UN PENAL

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Hasta la Eurocopa de 1976 Antonin Panenka era un nombre más en el fútbol. Pero su temeraria manera de ejecutar el decisivo cobro para Checoslovaquia en la final ante Alemania, lo hizo entrar en la historia grande. Y consiguió así que su figura siempre sea recordado en definiciones desde los doce pasos.
 
El 20 de junio de aquel 1976 quedó para siempre plasmado en la memoria colectiva del fútbol. Checoslovaquia venció ni más ni menos que a Alemania y alcanzó la gloria europea, alzándose con la Copa de Europa, un torneo que ha sido esquivo a grandes selecciones del viejo continente como Inglaterra por ejemplo. Ese día la ya desaparecida nación (dividida luego en República Checa y Eslovaquia) se alzó con el triunfo desde el azar de los tiros penales, y con una última ejecución que quizás es más recordada que el título conquistado.
Sus primeros pasos en el Bohemians
“Los penales los erran aquellos que los patean”. Esos valientes que pese a contar con toda la presión de sus hinchas sobre sus espaldas, tienen el valor, el coraje, y la “sana locura” de hacerse responsables de tamaña situación. Se trata de un momento límite. De convertir será aquel jugador recordado por siempre como lo que es: un valiente; sí por un designio del destino llegara a fallar su ejecución, la situación será diferente, e indudablemente verá marcado su nombre como responsable de la desgracia de la derrota, sea quien sea el interprete.
Aquí no importan los nombres propios. La “chapa” que pueda tener el ejecutante queda de lado apenas el juez le otorga la potestad de decidir su destino: él será el máximo responsable de su suerte. Maradona, Zico, Del Piero, no son pocos aquellos grandes jugadores que han malogrado la pena máxima.
“Penal bien pateado es gol”, así lo aseguraba Carlos Nai Foino, aquel recordado juez del famoso penal que enfrentó a Delem contra Roma, en el famoso Boca-River de 1962. Si tenemos en cuenta esta frase, nunca podría considerar como correctamente ejecutado el lanzamiento de Panenka, aquel que dio motivo a esta nota. Una forma que se hizo y se hace presente en las mayores competencias futbolísticas a lo largo del globo.
Por un momento póngase usted en la cabeza de Antonin Panenka. Es una época cruda, con una cortina de hierro que todavía separa al viejo continente. Su equipo (y su nación) se encuentra a un paso de conquistar algo que es un verdadero anhelo. La tensión es palpable en la noche de Belgrado. ¿Pero cómo romper esa atmósfera? ¿Cómo salir de los esquemas que agobiaban a un continente? Creo que esto pensó Panenka al desarrollar su particular tiro.
La serie estaba 4-3 a favor del más débil, aquel que luchó los noventa minutos para igualar con Alemania en dos tantos. Era cuestión de calidad y azar, un cincuenta por ciento para cada lado. Hace instantes Ulrich Hoeness, gloria teutona y sobreviviente del título mundial conquistado en 1974, ha fallado. Sí, Checoslovaquia estaba a la puerta de su primer gran título. La nación que vivió momentos de gloria en 1934 y 1962, al caer en ambas finales de la Copa del Mundo, se encuentra ahora con la chance clara de enterrar estas más que decorosas derrotas bajo el ala de un histórico triunfo. Su camino hasta esta final no fue sencillo. Si bien el sistema de la Euro era totalmente distinto a cómo lo es hoy en día, ya que sólo cuatro equipos arribaban a la fase, Checoslovaquia debió dejar en el camino a Inglaterra y Portugal en la fase de clasificación y hacer lo mismo con Holanda, vigente subcampeona del mundo, en semifinales.
Panenka se aisló de todo el ambiente, tomó la pelota con decisión y encaró los que seguramente han sido los metros más difíciles en su trayectoria dentro de una cancha de fútbol, para colocarse solo y cara a cara con Sepp Maier. En ese instante y por un momento estos hombres son iguales, no hay logros y reconocimientos personales que los distancien. Son sólo futbolistas, dispuestos a derrotarse mutuamente.
El momento previo de un partido con la selección checoslovaca
El hombre anónimo de bigote, comienza su carrera. El público observa y “cae” en procesar aquello que ven sus ojos. Silencio. Antonin Panenka ha burlado al gigante alemán. Es gol de Checoslovaquia, un tanto que vale un título. La nación  de reparto venció a la estrella principal, y de qué forma sutil. Con un toque al balón que ha marchado manso y tranquilo hasta el fondo de la red. Otra vez David ha vencido a Goliat. Aunque este hito será diferente a cualquiera.
Años después Panenka declaró sobre los orígenes de su controvertida técnica que: “Solía quedarme con el portero después del entrenamiento. Nos apostábamos cosas a tandas de penalties (cervezas, chocolate…) y el portero era bastante bueno y casi siempre me ganaba. Una vez por la noche pensé en ese tiro centrado y flojo, que sorprendería al portero vencido ya a un lado”.
La manera de ejecutar ideada y practicada por primera vez aquella noche se ha convertido en un sello de calidad para quienes se atrevan a tirar de tal arriesgada manera. Djalminha, Totti, Zidane, Abreu, Riquelme, Henry, Pirlo y Neymar son algunos de los nombres que han osado a lanzar de tal manera, muchos de ellos conociendo el sabor del éxito y el de la derrota también.
Está claro que la decisión y el convencimiento del ejecutante es clave para llevar a cabo el tiro, en este sentido declaró que: “meses antes de la final sabía que llegaríamos a los penaltis, que yo dispararía el definitivo y estaba seguro al 100% de marcarlo. Algunas veces cuando se tiene fe en algo llegas a convertirlo en realidad”. Lo que además tiene muy en claro el otrora delantero es que de haberlo fallado “probablemente ahora sería un operario de fresas en una fábrica con una carrera de 30 años detrás”.
Panenka actualmente es el presidente del Bohemians, su club de toda la vida

El checo Panenka nació el 2 de diciembre de 1948 en Praga y tuvo una carrera prolífera en equipos de segundo orden. Entre 1967 y 1981 se destacó en el Bohemians de su ciudad natal. Luego mudo sus goles al fútbol austríaco, en el cual debutó con el Rapid de Viena, permaneciendo en él hasta 1985. Para luego actuar en equipos como el St. Pölten, el Slovak Viena, el Hohenau y el Kleinwiesendorf. A nivel clubes conquistó dos ligas en  Austria y una copa nacional además de una subcampeonato de Recopa, todos con el Rapid.

Sin embargo tuvo un largo andar en la selección de su país. Representó a Checoslovaquia en 59 ocasiones y marcó 17 goles internacionales. Incluso llegó a disputar dos encuentros con su selección en la Copa del Mundo de España de 1982 y marcó en ambas duelos, cómo sino a través de la vía del penal, aunque finalizaron detrás de los clasificados Inglaterra y Francia. Pero sin lugar a dudas será recordado por su singular ejecución, aquella que todos rememoran cuando son testigos de una definición desde los doce pasos.
 
 
 El momento que quedó grabado en la historia, contado por su protagonista: 
 
 Aquellos que han conseguido emularlo exitosamente: 
 
 Los que no han tenido la misma suerte: 
 
 
 
Maximiliano Santini
@santinimaxi
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Periodista deportivo egresado del Círculo. Amante de todo tipo de deporte, sin distinción alguna. Sueño con clonar a Lampard para que nunca deje de patear una pelota. Escribo sin ansias de ser leído.

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