ANDREAS BREHME, DE LA GLORIA A LA MISERIA

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Andreas Brehme corre extasiado por el césped del Olímpico de Roma. Agita lo brazos y no para de gritar. Está en el pináculo de su carrera. Acaba de anotar un tiro penal ante Argentina en la final del Mundial de Italia ’90. Ese gol, a siete minutos del final, sería el que en definitiva le daría el título a Alemania.

Más allá de vencer a Sergio Goycochea desde los doce pasos, el rubio de cabello largo tuvo una carrera brillante. Es considerado uno de los mejores defensores de todos los tiempos en su país; un estratega, un caudillo, un capitán digno heredero del inconmesurable legado de Beckenbauer. Paseó su zurda talentosa por los principales campos europeos vistiendo camisetas con tantos galones como las de Bayer Münich o el Inter de Milán y, por supuesto, la de la Mannschaft, con la que también ganó la Euro del ’96.

Se retiró a los 38 años en su querido Kaiserlautern, el equipo que lo catapultó a la elite. Corría 1998, los futbolistas no ganaban lo que ganan ahora, pero aun así sus salarios eran estratosféricos. Haciendo muy poco podría vivir el resto de su vida con comodidades que la mayoría solo puede soñar. Brehme no quiso abandonar la pelota. Decidió convertirse en entrenador. Estuvo a cargo del Kaiserlautern y del Unterhaching, antes de que llegara el llamado de Giovanni Trappatoni para que fuera su asistente en el Sttutgart el año 2006.

Después de su experiencia junto al carismático DT italiano nunca más volvió a los banquillos ni a tener un trabajo estable. Generaba ingresos haciendo avisos publicitarios o apareciendo en eventos públicos, cada vez con menos frecuencia. El teutón tocó fondo en 2014. Según el periódico alemán Deustche Welle, tenía una deuda de 200 mil euros que lo llevó al estrado de los acusados en el juzgado de Münich. Para saldarla tuvo que vender su casa, valuada en 400 mil de la moneda europea. La situación siguió siendo delicada. Franz Beckenbauer pidió ayuda al mundo futbolístico para socorrer al ídolo noventero. “Tenemos la responsabilidad de ayudar a Andreas Brehme, él hizo mucho por el fútbol alemán, le dio un título, y ahora es el turno del fútbol alemán de hacer algo por él. Quizás podemos crear un fondo para proteger a los jugadores que atraviesan emergencias”, expresó el Kaiser.

Uno de los que ofreció ayuda fue el ex futbolista Oliver Straube. Con una carrera deportiva mucho menos exitosa –jugó solo cuatro temporadas en la Bundesliga y nunca se puso la camiseta de la selección germana- Straube tiene un pasar mucho más tranquilo que Brehme. Es dueño de una empresa de aseo y, por sus declaraciones, queda claro que le gusta el trabajo duro. “Estamos dispuestos a emplear a Andreas Brehme en nuestra empresa. Así se enterará de lo que es trabajar de verdad haciendo el aseo de los sanitarios e inodoros. Eso le servirá para enterarse de cómo es la vida y mejorar su imagen. Eso sí es ayudar a Brehme”, declaró. Brehme siempre tendrá un lugar en el olimpo de los cracks del fútbol. Se lo ganó en el único sitio que importa, la cancha. Pero para salir adelante en el mundo terrenal, tendrá que poner el hombro y ataviarse con un overol, tal como el resto de los mortales.

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El fútbol de otra manera.

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