Alberto J. Armando

ALBERTO J. ARMANDO: POR BOCA Y PARA BOCA

Julio de 2016. En medio de crisis dirigenciales en el fútbol argentino, con la Selección Nacional sin entrenador y con incertidumbre sobre el nuevo campeonato, vale la pena recordar a uno de los mejores dirigentes que tuvo el deporte más popular del mundo. Alberto José Armando, nacido el 4 de febrero de 1910 en Santa Fe, aunque fue criado en San Francisco, Córdoba, fue uno de los presidentes más ganadores de la historia de Boca Juniors. Esta última frase contiene algunos condimentos que bien sirve separar en algunos ítems para entender mejor.

  • Se especula que su segundo nombre fue José y no Juan o Jacinto, como se pensó durante muchos años.
  • Hay algunos datos que aportan que nació el 4 de febrero pero de 1904, un año antes de la fundación del propio club que presidió. De todos modos se toma 1910 como el año de su natalicio.

Armando presidió el club en dos oportunidades, donde obtuvo diferentes resultados y logros tanto institucionales como deportivos. Fue un dirigente ambicioso que dejó llevar su imaginación para el bienestar social del club, algo que por estas fechas se dejó de lado. La primera etapa fue en 1954 en un contexto muy difícil: en 1949, Boca se había salvado del descenso en la última fecha, aunque un año después logró el subcampeonato. Con la llegada del Puma, como le decían a Armando, el Xeneize se coronó campeón después de diez años, lo que significó tomar un vaso de agua en medio del desierto, ya que su eterno rival, River Plate, había logrado cinco títulos entre 1952 y 1957. En su gestión, además se realizó una gira por Europa (emulando la histórica de 1925), donde regresó invicto, y se creó el Museo Histórico de Boca Juniors al cumplirse los 50 años de la fundación del club.

Armando celebra junto a Lorenzo la Copa Libertadores de Boca Juniors.

Sin embargo, los mayores éxitos llegaron con su segunda presidencia, aquella que desempeñó durante veinte años, desde 1960 a 1980. En lo deportivo, el club logró once títulos. En el ámbito local, se coronó en 1962, 1964, 1969, 1970, 1976 y la Copa Argentina de 1969. Además, fue subcampeón en 1973 y 1978. Pero lo más importante llegó en 1977: Boca se coronó, por primera vez en su historia, campeón de la Copa Libertadores de América bajo la dirección técnica de Juan Carlos “el Toto” Lorenzo. Ese mismo año, en Alemania, fue campeón del mundo. Al año siguiente, el Xeneize se quedó nuevamente con la Copa Libertadores. Esas fueron las dos conquistas de América que tuvo el club antes de la catarata de títulos a partir del año 2000, en el ciclo de oro de Carlos Bianchi, Juan Román Riquelme, Martín Palermo y compañía. Nuevamente se hizo una gira europea, donde Boca volvió invicto a la Argentina. La tradición de viajar y volver sin derrotas era una costumbre bajo su gestión.

Pero sus éxitos no sólo estuvieron en el ámbito deportivo. Alberto J. Armando anunció, en 1966, que en mayo de 1975 inauguraría el nuevo estadio de cara al Mundial de 1978 que se disputaría en el país. El sueño, gracias a la crisis económica de la Argentina, quedó trunco. Allí finalmente se construyó parte de la prometida y soñada Ciudad Deportiva, con seis islas comunicadas por puentes, un afiteatro para 1200 personas, restaurante, autocine, dos piletas de natación, canchas de fútbol, tenis y básquet y hasta un sector para la pesca y otras actividades sociales, deportivas y culturales. Eso fue lo más importante que impulsó el ambicioso Armando: que el socio y el vecino tenga lugar en el club. Tanto deportivamente como institucionalmente, Boca fue un club modelo durante muchísimos años. Luego, con la llegada de otros presidentes, las privatizaciones, las ventas emergentes y los negociados externos, Boca comenzó a alejarse del barrio. En una visión de extrema ambición y con un criterio increíble, Armando adquirió en 1963 el predio de La Candela en San Justo, de casi seis hectáreas. Allí construyó instalaciones para que el plantel profesional y divisiones juveniles concentren y entrenen. En 1991, sin embargo, se abandonó ese predio. Recién bajo la gestión de Daniel Angelici, hace algunos años, se volvió a usar el lugar del conurbano bonaerense, aunque de forma insólita: el club alquila lo que en algún momento fue propio. Increíble.

El 27 de diciembre de 2000, doce años después del fallecimiento de Armando, el entonces presidente del club, Mauricio Macri, realizó un acto en la Bombonera para cambiar el nombre del estadio, que dejó de llamarse “Camilo Cichero”. Hoy, entre tanto dirigente sin personalidad, Alberto J. Armando sería clave. Su visión estratégica fue clave en la historia de uno de los clubes más importantes del mundo. La memoria en el hincha es clave: será muy difícil que lo olviden. Pero, por las dudas, la mítica Bombonera lleva el nombre y apellido del hombre que dedicó su vida.