EL PENAL MÁS LARGO DEL MUNDO

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Cinco de abril de 2003. Defensores de Cambaceres, complicado con el promedio, recibía a Atlanta, también complicado. Ambos necesitaban la victoria, sobre todo el bohemio, que era el que peor la pasaba en esa edición de la B Metroplitana. Una B Metropolitana que desde sus inicios nos ha dejado historias magníficas, fantásticas, dignas de una película de Hollywood, o del mejor relato de Fontanarrosa.

Y ese día no fue la excepción. No podía serlo, por el contexto en el que se jugaba el partido. No solo ambos equipos se jugaban la permanencia, sino que también llovía, y eso lo hacía parecerse a una guerra. Todo transcurría con normalidad, hasta que en el minuto 84 el arbitro Alejandro Toia sancionó un penal a favor de la visita. Los barrasbrava de Cambaceres demostraron su enojo. Se treparon al alambrado, intentaron ingresar al campo de juego y lanzaron objetos, lo que provocó la suspensión del cotejo. Obviamente las cosas no podían quedar así. No se podía dar por terminado un partido tan trascendental, y menos con un penal por ejecutarse, por lo que la AFA decidió reprogramarlo para el 29 de abril. Si, 24 días después de comenzado. Y así fue. Ese día Cambaceres y Atlanta volvieron a verse las caras, esta vez en cancha de Argentino de Quilmes. La fuerte lluvia y el mal estado del campo de juego hacían imposible disputar un partido de fútbol, pero se jugó igual, y se pateó el penal. Según cuenta el diario Clarín, en uno de los entrenamientos previos a la reanudación del encuentro Salvador Pasini, técnico del bohemio, le preguntó a Lucas Ferreriro, encargado de patear el penal:

-¿A donde lo vas a patear, Lucas?

-Adentro, Pasini

Y así fue. Ante la mirada de no más de cien hinchas que vaya uno a saber cómo entraron -el partido debía disputarse a puertas cerradas- Ferreiro convirtió el gol que, tiempo más tarde, significaría la salvación del club de Villa Crespo.

“Lo iba a patear a la derecha del arquero, pero sobre la marcha cambié” decía Ferreiro, y ante la pregunta de por qué lo había hecho respondíó con un contundente “No se”. Y menos mal que lo hizo, porque su disparo al palo izquierdo decretó la victoria bohemia. Pero como si no bastara con tanto sufrimiento, sobre la hora Barrera le tapó un mano a mano a Chiapetta, que podría haber condenado a Atlanta a jugar en la “C” a la siguiente temporada. Al finalizar el torneo, el equipo de Pasini y Ferreiro ocupaba la antepenúltima posición en la tabla de promedios, con un porcentaje de 1,086. Argentino de Rosario, el último equipo que descendía, tenía 1,078. ¿Que hubiera pasado si el penal más largo del mundo no finalizaba en gol? 1,068 para Atlanta, descenso, y la imposibilidad de pelear por un ascenso a la B Nacional al año siguiente, que finalmente no pudo ser tras la derrota global por 3-1 ante Tristán Suarez.

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Temperley, Ricardo Rezza y Billy Bremner. Pelotazo al nueve, siempre.

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