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POCO FÚTBOL EN LINIERS

Vélez-Boca, por historia, tradición y jerarquía es de esos partidos que, al sortear el fixture, el futbolero promedio apunta en una lista de partidos para no perderse. En los tiempos que corren, se le suma una cuota morbosa por el caso Mauro Zárate. Todo este cóctel explosivo parece haber conspirado contra los buenos valores de ambos tras el tercer empate consecutivo sin goles.

El plan de Gustavo Alfaro para neutralizar a Vélez, resultó a la perfección: ajustó el once respecto del partido ante Arsenal y mutó a un 4-1-4-1 con la intención de presionar alto, blindar las bandas y obligar al conjunto de Gabriel Heinze a centralizar el juego para hacer un cerrojo y que la dupla López-Izquierdoz juegue cerca de la zona que mejor defiende, limitando las opciones de Vélez a la mínima expresión. No obstante, una vez más, esta estrategia le restó a Boca posibilidades de encontrar profundidad en ataque. La elección de Mauro Zárate como centrodelantero se contrapuso a la forma de atacar de Boca, con envíos largos dada la habitual presión alta de Vélez. El primer tiempo, con este panorama, pasó inadvertido y ambas fuerzas se contrarrestaron tanto que resignaron opciones ofensivas.

El complemento tuvo un antes y un después: la expulsión de Frank Fabra a los 15 minutos. Hasta ese momento, Boca tuvo su único tramo de lucidez ofensiva. Con Emanuel Reynoso y Alexis Mac Allister más conectados y los apoyos de Fabra, el Xeneize logró hilvanar una serie de pases -una característica poco explotada en el ciclo pero muy útil por sus intérpretes- y llegar con algo de peligro al arco de Alexander Domínguez, que respondió de forma sobria ante cada ataque. La expulsión limitó la intención de Boca, que solo logró inquietar el arco velezano en una excursión ofensiva de Agustín Almendra, que tuvo el 89% de precisión en sus pases.

EL ESLABÓN QUE SOSTUVO LA PRESIÓN

En el tramo final del partido, emergió en todo su esplendor la figura de Fernando Gago. El 4-4-1 de Boca con blindaje total en las bandas llevó a Vélez a un embudo en sus zonas de ataque predilecta. El volante central contó con lo que pedía el partido: precisión para explotar la zona interior. Con el ingreso de Thiago Almada, esta situación se propició cada vez más y generaron las ocasiones más claras del partido. Gago, en su participación vital para sostener la presión, además ganó la totalidad de sus duelos aéreos y un 80% de sus entradas, sumado a un pase clave para dejar de frente al arco a Maximiliano Romero, quién hizo figura a Esteban Andrada.

Con el empate consumado, Boca se llevó un punto que le permite alcanzar nuevamente la cima de la Superliga y, por ahora, le sirve para esconder las falencias a la hora de generar fútbol. Por otro lado, Vélez sumó su tercer empate sin goles consecutivo y deberá encontrar variantes para generar ocasiones de gol y no caer en la previsibilidad.