UNA FÓRMULA REPETIDA

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La asfixiante presión tras pérdida se ha convertido en una verdadera marca registrada del River de Marcelo Gallardo. A esta altura ya es, probablemente, el rasgo futbolístico más distintivo del ciclo. Y una vez más hizo gala de ella en su victoria por 2-0 ante Cerro Porteño en el Estadio Monumental, en la ida de los cuartos de final de la Copa Libertadores. La superioridad fue absoluta y la diferencia en el marcador pudo incluso haber sido mayor. El Millonario ahogó a su rival durante todo el encuentro y obtuvo una merecida victoria.

En la primera parte se vio lo mejor de River, asentándose en campo rival durante largos períodos de tiempo y manejando la pelota a placer. La ocupación de espacios en ataque de los de Gallardo fue muy buena, con futbolistas ubicados a distintas alturas y en diferentes pasillos. Esto incidió directamente en la eficacia del equipo a la hora de presionar, ya que con tantos hombres en posición de ataque, el repliegue no era un buen negocio para Cerro Porteño. Los volantes externos Nicolás De La Cruz e Ignacio Fernández, que esta vez jugaron a perfil natural, tuvieron mucha participación y fueron de lo más destacado, complementándose con los laterales para cerrase o caer a banda según lo necesario. También tuvieron mucho sentido los movimientos de los delanteros para desordenar a la defensa del conjunto paraguayo: cuando Rafael Santos Borré bajaba a pivotear, Matías Suárez se movía para atacar el espacio, y viceversa.

De La Cruz y Fernández, de la banda al centro para liberar carril a los laterales.

Por su parte Cerro, dirigido por Miguel Ángel Russo, presentó un rígido 4-4-2 con el que buscó cerrarse en campo propio para luego forzar el mano a mano con los centrales de sus delanteros Nelson Haedo Valdez y Joaquín Larrivey. Claro que el plan funcionó muy poco, ya que el ritmo impuesto por River fue avasallante y le cortó cualquier posibilidad de progresar en ataque. Lo mejor de los guaraníes llegó desde el juego aéreo, un ítem en el que casi siempre superó al equipo local.

En la segunda etapa River bajó un par de escalones en intensidad, atacando con menos gente y de manera más directa. Las triangulaciones del primer tiempo se volvieron menos frecuentes, dando lugar a más búsqueda en largo ante un Cerro que con sus limitaciones intentó conseguir el preciado gol de visitante. El Millonario terminó quedándose con gusto a poco por la sensación de que teniendo un poco más de lucidez, podría haber sentenciado la serie.

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