EL PESO DE LA MOCHILA

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Una de las certezas en la antesala a la primera semifinal entre River y Boca, era que este equipo Xeneize dirigido por Gustavo Alfaro contaba con una mayor fortaleza defensiva en comparación a versiones anteriores. El Superclasico disputado mes atrás, en el marco de la Superliga Argentina, era la mejor prueba de aquello. Pero a poco de comenzado un nuevo capítulo de estos apasionantes cruces, Boca vio cómo su mayor certeza se derrumbaba al conceder un penal luego convertido por Rafael Santos Borré. Su competitividad, a partir de allí, quedó condicionada. Y para peor, la rápida ventaja ayudó a que River transformara sus dudas ofensivas en pura confianza y creatividad. Los de Marcelo Gallardo debieron de hacer hincapié en qué cosas mejorar para que el trámite del encuentro no se asemeje demasiado al del certamen doméstico, pero el gol tempranero echó por tierra todo interrogante. El Millonario, una vez más, sacó a relucir su versión ya habitual en noches internacionales. 

Boca intentó mantener calma y estrategia para que el envión riverplatense no ampliara diferencias. Apenas buscó activar su presión algunos metros más adelante. No obstante, una vez más, a los de Alfaro les faltaron herramientas para alternar fases de repliegue con posesiones que permitieran quitar ritmo al partido. El envío largo hacia Ramón Ábila se volvió predecible, y con el ex Huracán lejos de imponerse ante los centrales, la pelota regresó con facilidad a campo visitante. River pudo cumplir con la misión de protagonizar, y con el correr de los minutos fue sintiéndose cada vez mejor en el partido. Apoyados en una inspirada noche de nombres como Milton Casco, Enzo Pérez e Ignacio Fernández, los de Núñez buscaron cargar el juego hacia el sector izquierdo de su ataque, allí donde un delantero nato como Franco Soldano, volvía a cumplir una desgastante y poco usual función defensiva.

River no es sólo intensidad. Casco, Pérez y Fernández jugaron a un nivel técnico extraordinario.

La desventaja y el prolongado dominio local fueron un combo que desesperó a Boca conforme pasaron los minutos, al punto de no poder aprovechar ciertos desacoples que su rival mostró en su intento constante de mandar en la noche de Nuñez. El Xeneize juega estos Superclasicos con una mochila adicional luego de las últimas derrotas en mano de su máximo rival. Esteban Andrada y Carlos Izquierdoz se mostraron rápidos para corregir, pero la última línea caminó más de una vez por la cornisa y el mediocampo no pudo imponerse con regularidad. Apenas algunos destellos de Alexis Mac Allister le dieron a Boca algo de respiro. Nicolás Capaldo se mostró errático, Emanuel Reynoso apenas pudo influir y Soldano se quedó a mitad de camino entre ayudar a Marcelo Weigandt y servir como vía de escape en el juego directo. River se fue al descanso sabiéndose muy superior. Gallardo logró que los suyos pudieran imponer su ritmo a base de presión tras pérdida, pero también desde una autoridad emocional y técnica. Los futbolistas millonarios, además de exigir al máximo y provocar fallos en su rival, se mostraron muy capaces de crear ventajas en determinadas zonas de la cancha, como fue el caso de los mencionados Casco, Pérez y Fernández. River, esta vez, pudo ser el que pretende su entrenador. Y Boca estuvo lejos de defender con la solidez que tuvo en el duelo liguero. La rápida apertura del marcador tuvo mucho que ver en ambas versiones.

La mochila emocional quitó competitividad a Boca, mientras que River fue pura convicción desde el penal convertido por Borré.

El descanso no sirvió al Xeneize para recomponerse. Incluso, en dicha etapa se vio aún más marcada la superioridad riverplatense. Lejos del arco de Franco Armani y superado en ritmo, Alfaro optó por el ingreso de Carlos Tevez por detrás de Ábila, pero dicha modificación implicó que Mac Allister perdiera contactos con la pelota al pasar a jugar en banda derecha. El partido se quebró y allí también River mostró interpretar mejor los espacios. El ingreso de Ignacio Scocco aportó más claridad en los últimos metros. En el ida y vuelta llegó el segundo gol, obra de Ignacio Fernández a pase de Matías Suárez, y hasta pudo llegar alguno más de no ser por el excelso nivel de Andrada. Gallardo no se conformó con la ventaja y aún cuando Boca fue sin complejos a buscar el gol de visitante que lo vuelva a posicionar bien en la serie (y con los ingresos de Eduardo Salvio y Mauro Zárate), el Millonario continuó su búsqueda de una diferencia mayor. 

La sensación reinante más allá de los dos goles de ventaja, es que River, otra vez, dominó mejor los escenarios futbolísticos y mentales, mientras que Boca resulta algo unidimensional: tiene claro que su plan primario es mantener el orden, cerrar espacios, frustrar al rival y luego entender/aprovechar su momento en el partido, pero esta vez el mismo todo se vio condicionado por el gol tempranero. Cedió la iniciativa, River lo aprovechó, y no hubo suficientes argumentos para proponer algo más. Recurrente en el salteo de líneas, casi no pudo establecer cadenas de pases en campo rival, ni inquietó demasiado al espacio (sorprendió que Sebastián Villa no tuviera minutos).  Para revertir la eliminatoria, Alfaro deberá diseñar un plan de partido que lo acerque más al arco de Armani, pero que también le permita equiparar fuerzas a nivel mental. Deberá correr riesgos que hasta el momento prefirió evitar para no facilitarle cosas a River. Pero aún así, Gallardo y los suyos volvieron a encontrar la manera.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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