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ÓSCAR, ÁNGEL, GAICH Y SAN TORRICO

Diego Monarriz sustituyó de forma interina a Juan Antonio Pizzi tras una seguidilla de derrotas que minaron la confianza de un plantel rico en calidad y recursos. Sin demasiado tiempo de maniobra, el otrora entrenador de la reserva eligió fortalecer la defensa y reencontrarse con la competitividad a través del orden. En este contexto, los principales beneficiados fueron Óscar y Ángel Romero que, sin obligaciones defensivas, sacaron a relucir su potencial y su capacidad constante de asociación, más aún, con espacios. 

El 5-4-1 de San Lorenzo aparenta defensivo y, de hecho, ante River lo fue; un poco por elección, otro por empuje del Millonario. Sin embargo, con Rafael Borré y Matías Suárez tomados en superioridad numérica y el centro del campo poblado, los de Monarriz lograron disputar el partido a su manera y explotar los espacios con transiciones rápidas tras restringir la gran mayoría de las vías de ataque del equipo de Gallardo. En una de esas transiciones, Adolfo Gaich convirtió un gol de gran factura tras dejar en el camino a Javier Pinola y Lucas Martínez Quarta, además de fusilar a Franco Armani. La primera parte del plan estaba cumplida. 

Dicho esto, River tiene suficientes armas para romper cualquier cerrojo por más efectivo que aparente, y ahí arrancó el show de la máxima figura de la noche: Sebastián Torrico. El mítico arquero de San Lorenzo tuvo otra jornada épica que quedará en los anuarios de la historia azulgrana. Cuando River comenzó a ganar terreno desde los pies de Juan Fernando Quintero, la línea defensiva retrocedió demasiado y dejó sin efecto el plan ideado por Diego Monarriz al inicio. El 76% de posesión de pelota de River marcó lo que terminó siendo un partido que al local se le hizo cuesta arriba.

Tras el penal atajado por Torrico ante Borré, el Millonario creció en entusiasmo para llegar al empate, aunque pecó de centralizar mucho el juego. En ese rubro, Fabricio Coloccini y Ramón Arias se erigieron como las grandes figuras azulgranas: entre ambos, combinaron un total de un 80% de duelos ganados ante los delanteros de River. Las transiciones rápidas siguieron siendo la única vía de escape de San Lorenzo. En una de ellas, fallida tras un mal pase de Juan Ramírez, llegó el segundo penal para el local: Quintero lo estrelló en el palo y el aura de Torrico se expandió por todo el Monumental.

Gallardo, ante la impericia de sus mediocampistas, eligió el atajo más directo: centralizar a sus delanteros con los ingresos de Ignacio Scocco y Lucas Pratto para limitar el accionar de los centrales azulgranas. En parte, fue efectivo, hasta que comenzó el show de Óscar Romero: el internacional paraguayo enloqueció a todo River hasta provocar dos expulsiones por sendas patadas de Exequiel Palacios y Nicolás De La Cruz. El cierre del partido dejó un intercambio de golpes en el que ninguno logró conectar con precisión. El Ciclón no lo liquidó, y debió encomendarse una vez más a la buena actuación de Torrico. El arquero de 39 años fue fundamental junto a los hermanos Romero para que San Lorenzo corte una sequía de 15 años sin triunfos en el Monumental. El Ciclón tiene una base para explotar mejor sus características y la de sus buenos valores.