Racing venció a Tigre y se quedó con la Copa Campeones de Superliga.

ROJAS PARA UNA DESPEDIDA CON TÍTULO

La Copa de Campeones de la Superliga siguió siendo la continuidad de lo planteado en los partidos anteriores. No hubo grandes sorpresas, por ambos lados. Tigre planteó un equipo muy agrupado entre líneas, con la idea de estar compacto y poder moverse en pocos metros, tapando espacios y cubriendo líneas de pase del rival. Un 5-4-1 dinámico en ataque (3-3-3-1) y firme en defensa. Del lado de Racing, el sistema que Coudet no atinó a cambiar durante sus dos años: 4-1-3-2.

Tácticamente, la idea central del equipo de Néstor Gorosito fue obstaculizar a los receptores de Racing en una segunda línea de pase, con el mismo esquema y la misma manera con la que, apenas adelantándose cinco o siete metros más, el equipo atacaba las espaldas del mediocampo de Racing. Esto es: colocar a Montillo y Morales, dos de los mejores jugadores, a la altura necesaria para obstruir y poder generar juego en pocos metros y tiempo. Todo el fútbol de Tigre pasó por ellos dos. No es sorpresa, han sido de los mejores jugadores del equipo en la Copa de la Superliga pasada.

¿Qué efecto tuvo este planteamiento de Tigre? Principalmente, y agudizando los problemas arrastrados por Racing durante los últimos meses, bloquear las líneas de pase, tapar al rival en la mitad de cancha. Esto no siempre funciona cuando hay un equipo que se desmarca en las salidas, un equipo con fluidez para desactivar estas referencias defensivas y poder recibir en espacios claves, escalonados, avanzando hacia el ataque. Un ejemplo de esto es River Plate. Racing no lo es y no lo fue durante -casi- todo el año.

Racing careció de movilidad en ataque, inteligencia en la salida, capacidad de hacerse cargo de ataques posicionales en campo rival y sorprender con desmarque. No estuvo lejos de la imagen de equipo agotado que mostró en el último semestre. La generación de juego y la creación de superioridades volvió a ser un déficit. Y así, por más que el esquema sea notoriamente favorable al juego, sólo se limita atacar forzadamente. Sin embargo, los intérpretes varían y La Academia encontró tres rendimientos muy altos para hacerse con el título: Matias Rojas, Walter Montoya y Gabriel Arias.

La adecuación táctica que le dio el carácter relevante a los dos primeros es el haber sabido atacar en espacios amplios. Una novedad y algo muy intentado, casi siempre sin éxito. Balón en largo desde la defensa, un delantero que pueda bajar y descargar la pelota hacia algún jugador que intentará un ataque profundo a campo abierto (Montoya) para que llegue por la otra punta un jugador al espacio y definir la jugada (Rojas). Racing encontró dos veces esta acción, eso explica el 2-0 favorable a pesar del rutinario y flojo rendimiento del equipo.

Luego, en el segundo tiempo, Racing modificó su esquema pasando a tener cinco defensores (Pillud, Dominguez, Diaz, Donatti, Mena) y comprimirse atrás, ante el avance desenfrenado de Tigre. Con el pasar de los minutos, Racing se fue hizo de la posesión, pese a no lastimar ofensivamente, y administró los tiempos hasta el pitazo final que decretó el nuevo título, y con él, el final de la etapa comandada por Eduardo Coudet en la Academia. «Chacho» deja a un Racing competitivo, capaz de pelear torneos, siendo fuerte de local y ganando títulos cuando River y Boca parecen llevarse todo lo que tienen por delante. Dos títulos en un año es la marca más alta lograda por el equipo de Avellaneda desde aquél glorioso 1967, cuando consiguió la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental.