Racing 1-0 Independiente 2020

PREMIO AL CONVENCIMIENTO

Racing llegaba al clásico de Avellaneda con más dudas que certezas. El rendimiento del equipo no había terminado de ser convincente en los dos primeros partidos bajo la dirección técnica de Sebastián Beccacece, y lo que pasara en el Cilindro ante Independiente parecía fundamental de cara al futuro del proyecto. Por esto es que cobra aún más valor lo hecho por los futbolistas, que respaldaron al entrenador donde debían hacerlo, dentro de la cancha. La muestra de convencimiento para con la idea de juego fue total, y sostuvieron su identidad incluso ante la inferioridad numérica.

En el primer tiempo, antes de que el desarrollo del encuentro se desnaturalice, Racing demostró ser muy superior a Independiente. El equipo de Lucas Pusineri defendió de manera muy pasiva, dejando que el local inicie el juego y maneje los tiempos con demasiada comodidad. Marcelo Díaz se hizo eje de la circulación, con Leonel Miranda como su principal socio moviéndose del círculo central hacia la izquierda para recibir con mayor libertad. Mientras tanto, Matías Rojas se movía entre líneas sin dar referencias para ser siempre una preocupación, y Wálter Montoya atacaba el lado débil llegando por la derecha. La Academia movió la pelota por todo el ancho del campo, con paciencia pero también con agresividad para aprovechar los huecos que aparecían en la estructura rival gracias a su buen funcionamiento. Por su parte el Rojo, que dispuso un rígido 4-4-2, tuvo muchos problemas para juntar pases una vez que recuperaba, y en todo momento dio la sensación de padecer.

En la segunda parte, ya estando Racing con dos hombres menos, las limitaciones de Independiente quedaron todavía más expuestas. No ocupó bien los espacios en ataque; el Rojo dejó muchos jugadores por detrás de la línea de la pelota. Su manejo de la superioridad numérica fue muy malo, y casi nunca pudo generar chances de gol como consecuencia del juego asociado. Los de Beccacece se reacomodaron con una especie de 4-3-1, priorizando cerrar filas en zonas centrales y liberando las bandas, de manera que el conjunto visitante terminara cayendo en la trampa de repetirse con los centros desde los costados. El ingreso del colombiano Andrés Roa pareció tardío, ya que el equipo necesitaba de forma imperiosa alguien con cualidades para organizar y aportar algo de claridad de mitad de cancha hacia adelante.

Mientras tanto, Racing siguió apegándose a su plan: orden para defender, paciencia y criterio para atacar. Rara vez apostó al juego directo, sino que buscó posesiones largas para descansar y no dejar crecer a su rival. Darío Cvitanich, que entró por el capitán Lisandro López, aportó oxígeno y sabiduría para sostener la pelota ante la desesperación de Independiente. El gol del chileno Díaz terminó siendo un merecido premio por mantener las convicciones incluso en los momentos más complicados, y significó la obtención de un triunfo que quedará para siempre entre los más recordados de la historia del club.