Liverpool - Atlético Madrid

LA NOCHE DE LOS DOS MILAGROS EN ANFIELD

En tiempos convulsionados, donde no se sabe cuándo será la próxima gran jornada de fútbol profesional, Liverpool y Atlético Madrid se encargaron de protagonizar un duelo apasionante. El último campeón de la UEFA Champions League cayó eliminado a manos del conjunto Colchonero. En Anfield Road se escribió otro capítulo del Cholismo. Liverpool golpeó sin cesar, pero el Atlético Madrid pareció Rocky Balboa. Los de Jürgen Klopp jugaron como campeones, pero se toparon ante un club que hace un culto de la resistencia cuando compite desde la inferioridad. Si había un equipo capaz de eliminar al Dream Team del momento, era el dirigido por Diego Pablo Simeone. Porque cuando los Reds elevan el ritmo y Anfield comienza a rugir, hay que estar preparado para sufrir; para resistir. Y ahí ninguno como el Atlético Madrid. No bastaron 34 remates para tirar el muro albirrojo, que se sostuvo de forma heroica. Una vez más, el fútbol escapó a la lógica. Fue, sencillamente, el primero de los dos grandes milagros ocurridos en la noche de Anfield.

La imagen del Liverpool en el Wanda Metropolitano le dejó una certeza a Jürgen Klopp: para lastimar al Atlético, debía conseguir elevar el ritmo. Mover la pelota a otra velocidad. Para eso, hacen falta más desmarques, en apoyo y en ruptura. Nada que el conjunto inglés no conozca, pero que en grandes noches, nunca está de más ajustar desde la pizarra. Klopp prescindió de Fabinho para dar ingreso a una pieza que podía darle lo que necesitaba. Alex Oxlade-Chamberlain fue el futbolista que marcó la diferencia durante gran parte del encuentro. El entrenador alemán, esta vez, fijó a Mohamed Salah en banda derecha. De esta manera, atrajo a Renán Lodi -lateral izquierdo-, y con la proyección del siempre peligroso Trent Alexander-Arnold, consiguió arrastrar a Saúl -volante izquierdo- hasta los metros finales. Pero fue el ex mediocampista del Arsenal quien, acercándose a esa zona para ejercer de tercer hombre, complicó los planes colchoneros al arrastrar también a Koke -pivote izquierdo- y liberar la zona de remate. Así llegó el primer gol del Liverpool, con conexión entre interiores: Chamberlain en el desborde y Georginio Wijnaldum pisando el área. Antes, el guante en el pie de Alexander-Arnold había inquietado con centros envenenados. Fue pasada la media hora cuando el Atlético, -que salió con Ángel Correa en banda para acompañar a la doble punta Diego Costa – Joao Félix- debió olvidarse de contraatacar para, simplemente, resistir.

Alex Oxlade-Chamberlain fue el futbolista que marcó la diferencia durante gran parte del encuentro.

El segundo tiempo se jugó a pedir del Liverpool. Fueron 45 minutos a un nivel impresionante, digno de último campeón europeo y -muy probablemente- próximo ganador de la Premier League. Los de Klopp protagonizaron un asedio de magnitud inalcanzable e indefendible para muchos equipos aspirantes al trono. Comparable, quizás, al que sufrió Barcelona una temporada atrás, con la diferencia de que la resistencia culé cedió con mayor facilidad. Que el segundo gol red no haya caído antes del tiempo suplementario, fue, sencillamente, un milagro; producido, claro, por Jan Oblak. El arquero esloveno, secundado por Stefan Savić y Felipe Monteiro -32 despejes entre ambos- tuvo una actuación sobresaliente e imborrable. Simeone ajustó las tuercas con el ingreso de Marcos Llorente por un espectador Diego Costa, e intercambió posiciones entre Koke y Saúl -este último, menos posicional defensivamente- pero el temporal no se detuvo. El Atlético defendió cada vez más atrás; cada vez más al límite. Pero las sucesivas atajadas de Oblak, parecían incluso ayudarlo a confiar en que aquel era el camino y tarde o temprano, la resistencia tendría su recompensa. Y la tuvo.

El tiempo suplementario pareció estirar la agonía. Resistir otra media hora ante aquella tormenta roja, sería imposible. Lo fue, incluso, porque tras apenas cuatro minutos, Roberto Firmino estrelló un remate en el poste y pudo definir sin la presencia del increíble Oblak. Pero el Atlético Madrid, se sabe, nunca deja de creer y si ha destacado en estos años, es también por su gran cuota de oportunismo. Lo que algunos llaman suerte, deja de ser mera casualidad cuando hay, como en este caso, un intérprete repetido. Una falla del Liverpool -en los pies de Adrián San Miguel- bastó para que el Colchonero reclame factura. Una dividida ganada, una buena gestión de João Félix y una definición de manual del héroe menos pensado. Marcos Llorente, que entró a otra cosa, primero evitó el offside, luego controló, esperó y ajustició. Fue un ex Real Madrid el autor del segundo gran milagro futbolístico en la noche de Anfield. Un doblete histórico que hizo valer la resistencia encabezada por Oblak; los más de 90′ bajo la tormenta. Mucho más aún: dos goles -y luego otro de Morata- que permiten escribir otra página del Cholismo. Una cultura de equipo muy particular que vuelve a sacar la cabeza en una gran noche y ante un equipo de época.