UN TRIUNFO BIEN JUSTIFICADO

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Huracán y San Lorenzo no llegaron al clásico en una dinámica positiva. Pero el Globo, conducido por Néstor Apuzzo, se mostró más entero de principio a fin. El Ciclón necesitaba recuperarse luego de tres derrotas en cuatro partidos, pero una nueva caída obliga a una profunda reflexión para detectar en qué se está fallando. En las primeras fechas, el equipo se mostraba como principal candidato al título por capacidad de juego, planteo amplio y entrenador con un título en el club. Ahora, San Lorenzo parece encontrarse en una crisis abrupta e inesperada, pero al mismo tiempo, coherente con lo que el equipo muestra en la cancha.

El partido fue intenso desde el arranque. Huracán comprimió sus líneas, buscando disputar el partido en pocos metros y con principal atención en los mediocampistas azulgranas. Con problema para hacer llegar la pelota a los costados, San Lorenzo cayó en duelos individuales que acarrearon pérdidas comprometidas. La opción de salir en largo tampoco fue utilizada ya que el centrodelantero fue Ángel Romero, un jugador poco acostumbrado al duelo físico de espaldas. Y así planteado el partido, fue Huracán quien se adueñó del mediocampo, con gran vitalidad en el tándem conformado por Mariano Bareiro y Mauro Bogado: relevos, cortes, presiones y responsables de que el equipo se mantuviera comprimido y articulado. Esto no lo tuvo San Lorenzo, que en su intento por progresar desde un ataque más posicional, se partía al perder duelos en la zona media.

Óscar Romero mejoró a San Lorenzo. «Droopy» Gómez fue el mejor jugador del clásico.

Pizzi no tardó en tomar nota de los déficits de su equipo, y para el comienzo del segundo tiempo colocó a Óscar Romero, un futbolista muy participativo que buscó juntar a los suyos en el último tercio hasta encontrar algún hueco. El ingreso del ex Racing y el desgaste realizado por Huracán, hicieron que los de Apuzzo se retrasaran varios metros, dándole la pelota a su rival y encomendándose a una defensa del área que fue sólida ante un rival que continuó impreciso y falto de creatividad. Huracán fue directo y supo descansar en su mejor futbolista, Rodrigo Gómez, quien encontró bien zonas intermedias y dispuso de opciones para descargar en corto o lanzar al espacio; así como también campo para hacer valer su desequilibrio. Sin la frecuencia del primer tiempo, pero lo suficiente como para ayudar a justificar un triunfo bien trabajado y que puede servir como envión de cara a lo que viene.

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