Fortaleza 2-1 Independiente

POCO MÁS QUE EL TIRO DEL FINAL

Independiente pasa horas complicadas. El buen funcionamiento mostrado ante Rosario Central, ya es cosa del pasado. La dura derrota en el clásico ante Racing trastocó la confianza del plantel. De momento, Lucas Pusineri no encuentra respuestas tácticas que ayuden a los suyos para competir mejor. En la visita a Fortaleza, en el marco de la Copa Sudamericana, al Rojo lo salvó el tiro del final ideado entre el juvenil Alan Velasco -17 años, ingresado apenas cinco minutos antes- y Fabricio Bustos. Por lo demás, el encuentro le costó demasiado. Los brasileños controlaron el partido casi de principio a fin. Independiente volvió a ser un equipo pasivo, sin el objetivo de recuperar la pelota en campo rival. Aún cuando la serie quedó igualada, el plan de partido siguió siendo esperar más cerca de Martín Campaña que del arco contrario.

Pusineri volvió a apostar por el 4-4-2 que utilizó en gran parte del breve ciclo, mientras que Rogério Ceni organizó a los suyos en una especie de 4-2-3-1 aunque con sin referencia fija en ataque. Fortaleza supo lograr superioridades. La primera, al incrustar a Juninho entre centrales para crear un 3v2 ante los delanteros visitantes; la segunda, al retroceder a su futbolista más avanzado -a veces Romarinho, a veces Mariano Vázquez- para ganar la espalda de Lucas Romero y Domingo Blanco. Esta disposición llevó a Independiente contra su arco, aunque no se vio a los de Pusineri disconformes con los acontecimientos. Recién cuando llegó el 1-0, el Rojo intentó molestar en los primeros pases, con Blanco intentando obstaculizar a Juninho e igualar numéricamente en esa primera línea de presión, pero esto dejaba, por lo general, a dos volantes brasileños para uno solo argentino -Lucas Romero-. Para peor, otro mérito de Rogério Ceni fue generar con frecuencia el uno contra uno de Osvaldo -extremo izquierdo desequilibrante- contra Fabricio Bustos.

Pero además, una vez Independiente logró recuperar la pelota, mostró muchos inconvenientes para mantenerla, agruparse y progresar en el campo de forma conjunta. Este déficit estuvo muy relacionado a su manera de defender y al éxito de la misma. Braian Romero y Gastón Togni terminaban todas las jugadas demasiado abajo; el equipo quedaba acorralado tras la larga cadena de pases local. Y la dupla que conforman Silvio Romero – Leandro Fernández, no destaca ni en el juego directo, donde más vale lo físico, ni al espacio, donde prima la velocidad. Todo se encomendó a algún posible anticipo que de pie a contraataques, aunque sucedió en cuentagotas. Independiente pudo salir del fondo recién cuando promediaba la segunda mitad y Fortaleza, que sintió llevar el peso del partido, especuló con el gol de visitante y aceptó dividir la tenencia (72% en la primera mitad y 43% en la segunda). El ingreso de Cecilio Domínguez por Togni no modificó demasiado. Independiente no parecía disconforme con definir en penales hasta que el recién ingresado Marlon castigó en la descuidada puerta del área.

Los problemas futbolísticos de Independiente no son pocos. El primero de ellos es la falta de calidad en su plantel para aspirar a grandes cosas. El reciente mercado dejó más bajas que altas y dos regresos que no alcanzar para cambiar la ecuación -Braian Romero y Leandro Fernández-. Eso, sumado a que la apuesta por Lucas Pusineri se debió más a una ilusión que a una realidad. El campeón en 2002 aceptó el contexto de austeridad, pero, ya que su carrera como entrenador recién comienza, aún tiene mucho por demostrar; y de momento tiene problemas para sacar lo mejor de su plantel. Independiente compite condicionado por más de un factor. La agónica clasificación en Sudamericana y el inicio de un nuevo torneo pueden dar la cuota una vitalidad, como aquella que al final no fue tras la goleada a Rosario Central. Pero visto lo visto, queda mucho trabajo por delante.