Flamengo Campeón de la Copa Libertadores 2019

LOS TIROS DEL FINAL

“Es fútbol”. Dos palabras que funcionan como explicación a los hechos que, aparentemente, no la tienen. Esta final de la Copa Libertadores se apunta en ese listado. ¿Cómo explicamos que un equipo tuvo 88 minutos perfectos y perdió? ¿Como podemos graficar que un goleador no tocó una pelota con criterio en 88 minutos pero, en un abrir y cerrar de ojos, convirtió dos goles para ganar la final? Difícil tarea. A Flamengo le salieron los tiros del final.

De entrada, River encontró respuestas positivas al planteo inicial. El once de gala de la Copa, adaptado a un plan contragolpeador, resultó un cóctel imposible de sortear para Flamengo. El duelo táctico tuvo como ganador, una vez más, a Marcelo Gallardo. Con Enzo Pérez como estandarte, River dispuso la presión alta característica forzando a que la salida recaiga sobre William Arao, de manejo algo deficiente con la pelota. Con el equipo partido y sin conexión entre líneas, Flamengo se repitió con envíos largos a Gabriel Barbosa, absorbido en su totalidad por Javier Pinola. La primera parte del plan funcionó a la perfección. 

El duelo táctico tuvo como ganador, una vez más, a Marcelo Gallardo.

Desactivado el poderío con la pelota de Flamengo, River explotó las bandas a gusto. Los lanzamientos largos hacia Gonzalo Montiel, a espaldas de Filipe Luis, fueron una complicación constante para Pablo Mari, sin demasiada virtud para salir a los costados. Ese hueco fue vital para que Ignacio Fernández, de regular partido, rompa líneas y habilite a Rafael Santos Borré en el punto del penal para abrir el marcador. Como esta, la jugada se repitió una y otra vez; Flamengo nunca se sintió cómodo en el partido. Con el Plan A desactivado, River descansó en la ventaja; buscó replegar y explotar las bandas constantemente, cuestión que con el correr del partido fue disminuyendo.

El segundo tiempo tuvo tintes más parejos: Flamengo, con la salida forzada de Gerson y el ingreso de Diego, ganó en posesión y avanzó en el terreno, aunque siempre chocó con la inmensidad de la dupla central millonaria y, cuando pudo crear peligro, sucumbió ante Franco Armani. El trío Everton Ribeiro – De Arrascaeta- Bruno Henrique nunca pudo enlazar pases consecutivos para llegar y se repitieron los envíos largos. River lo llevó a un cerrojo del cual pareció no tener salida. 

El quiebre fueron los cambios: Julián Álvarez y Lucas Pratto por Fernández y Borre, de gran partido, no surtieron el efecto deseado. En la busca de profundizar en banda, Álvarez no fue solución, mientras que el juego más posicional de Pratto fue un alivio para Rodrigo Caio y Pablo Mari. En contrapartida, Flamengo encontró en Diego una vía de ataque más prolija; cerebral y certero, el ex Santos liberó de tareas organizativas a Everton Ribeiro y Flamengo ganó presencia en banda.  El partido, en el tercio final, entró en una zona más favorable a Flamengo. 

Con el golpe por golpe planteado desde los cambios de Gallardo, Flamengo encontró una ruta favorable con River partido y, por primera vez en el partido, marcando mal en ataque. El Mengao se acercaba, de mínima, al tiro del final. Bruno Henrique sacó a relucir toda la calidad y Gabriel Barbosa, que no había tenido un buen partido, empató una final que durante más de 80 minutos tuvo un claro dominador. El fútbol son momentos, y los centrodelanteros tienen ese olfato que los transforma en una especie ganadora. En la única falla de Pinola en la tarde, el propio Barbosa estampó el 2-1 que consagró a Flamengo como campeón de América después de 38 años.

FLAMENGO CRECE A PARTIR DE LA PELOTA