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EL ATAQUE MORTAL DE BOCA

La crisis sin fondo de Colón llevó a Diego Osella a desempolvar una vieja fórmula: 4-5-1 con rigurosidad en la ocupación de espacios, doblando las marcas en banda y limitando a Boca para que el primer pase sea de Carlos Izquierdoz y no de Júnior Alonso. Por su parte, el Xeneize de los delanteros no encontró variantes para desnivelar. Quieto y sin sorpresa, el equipo de Miguel Ángel Russo careció de movilidad y ocupación en la medular, con la marca de Fernando Zuqui sobre Jorman Campuzano, que lo limitó en su radio de acción habitual.

Como todo esquema ideado para la marca, la capacidad ofensiva de Colón se redujo. El equipo local, con superioridad en el círculo central (Frítzler/Zuqui-Estigarribia vs Campuzano-Fernández) se dedicó a esperar un error de Boca y apostar por un transición que salió en cuentagotas. La visita, por su parte, no contó con los apoyos de los laterales para auxiliar a Eduardo Salvio y Sebastián Villa. Claro, sus capacidades individuales son incontables y, en el único descuido de la primera etapa, Villa estrelló un remate en el palo que puso en alerta al esquema de Osella.

En el complemento fue otro Boca: Russo ajustó los roles de los laterales y ambos fueron la vía elegida para oxigenar los ataques xeneizes. Tanto Julio Buffarini como Frank Fabra dieron la amplitud necesaria para abrir nuevos carriles de ataque y comenzar a destartalar el engranaje defensivo de Colón. A este ajuste, se sumó un Pol Fernández más cerca del área, donde puede explotar mejor sus cualidades. En una salida rápida, Fabra estiró las líneas y llegó a posiciones definitorias: tiró un centro que Pol empalmó tras un buen control con el pecho para abrir un partido que, hasta ese momento, fue muy complicado para los de Russo.

Duró 60 minutos el plan anti Boca de Colon. Tras el gol, se desmoronó. Nunca obtuvo las respuestas necesarias para poder preocupar el arco de Andrada. Como en los anteriores partidos, Boca, en ventaja y con espacios, resultó mortal. El estado de forma de Sebastián Villa es una preocupación constante para toda defensa y, más aún si el colombiano tiene metros para correr. En una apilada fantástica en velocidad y cambio de ritmo asistió a Salvio para el 2-0. Ese gol pinta de cuerpo entero a este Boca: se le caen los goles. Lleva 15  en seis partidos desde la reanudación de la Superliga, y elevó sus promedios goleadores a más de dos por partido. Una cifra que evidencia que el ataque de Boca puede ser un cóctel explosivo para cualquier rival.