Boca 0-0 Independiente. Foto: Germán García Adrasti

PROPUESTAS OBLIGADAS

La planificación previa es vital para entender el plan de juego a la perfección. En la antesala, un Boca renovado aspiraba al control de pelota y profundizar en banda con los laterales para buscar las asociaciones por dentro; Independiente, por su parte, ser bien directo con, prácticamente, cuatro delanteros en ataque. A los 22 minutos, todo quedó trunco con la expulsión de Carlos Izquierdoz. 

Con 10 jugadores, Miguel Ángel Russo optó por sacrificar a Agustín Obando para mantener la dupla Carlos Tévez-Mauro Zárate y aspirar a seguir logrando desequilibrio individual. Pero la intención no tuvo éxito. Por otra parte, Independiente debió adoptar una postura para la cual no parece estar preparado: hacerse cargo del trámite del partido. Por nombres y características, los de Lucas Pusineri están seteados para atacar rápidamente y no apostar a la tenencia. Aún así, con aciertos y errores, gracias a la creatividad y presencia de Pablo Pérez, el Rojo tomó la iniciativa y estuvo cerca del gol en más de una ocasión, pero se topó con una formidable actuación de Marcos Díaz.

Sin embargo, todo lo bueno que generó Pérez no fue capitalizado por sus compañeros. Sin poder colocar a Silvio Romero de frente al arco, Independiente carece de peso ofensivo. El 9 ex Lanús convirtió 10 de los 18 goles del Rojo en la Superliga, un número que delata la dependencia ofensiva del delantero. Desconectados Braian Romero y Cecilio Domínguez, el ingreso del juvenil Brian Martínez fue la vía de escape ante la férrea marca de un Boca más dedicado a cortar y salir en velocidad que al plan original de tenencia asociativa por el centro. Todo buen momento de Independiente quedó en el olvido ante la expulsión de Pérez que, una vez más, expuso su impotencia ante el contexto adverso en un partido especial para él. 

En igualdad numérica, hubo muchos duelos individuales: delanteros vs centrales, volantes externos vs laterales y doble cinco vs doble cinco.

Por otra parte, Boca, once contra once, pudo poner en práctica algún destello del plan inicial. Con una buena presentación de Pol Fernández (90% de precisión en los pases), la búsqueda de tener la pelota contra el piso y progresar a través de la asociación en corto se vio en los minutos previos a la expulsión. Otro punto alto fue Jorman Campuzano: el volante central fue amo y señor del círculo central, evidenciando su preferencia por jugar solo sin compartir el eje, con 10 duelos ganados sobre 13 disputados. En contraposición con el ciclo anterior, Boca tuvo otra presencia en el mediocampo. Las intenciones de jugar y subir las líneas son síntomas de buenas sensaciones de cara al futuro.

Aún así, el otro punto flojo xeneize son las bandas. El esquema 4-1-3-2 requiere que los laterales profundicen en banda para poder abrir los carriles internos, cosa que Boca todavía no puede lograr en la derecha con Buffarini. El ex San Lorenzo no tiene en su ADN la salida por banda con pelota ni tampoco la capacidad física de ser un “box to box”. Por ejemplo: el Racing campeón de Coudet o, hoy, el Arsenal de Sergio Rondina lo logran constantemente y abren carriles internos para sus volantes. El trabajo de Russo en ese rubro debe ser exhaustivo porque, caso contrario, el esquema quedará trunco.