Barcelona 0-0 Real Madrid 2019

ESTILOS INVERTIDOS

Cada clásico detiene el mundo. El Barcelona-Real Madrid atrapa por la rivalidad y por el duelo de estilos antagónicos. Barcelona, con la tenencia y el juego asociado; Madrid, directo sin demasiado preámbulo. Pero desde las propuestas de Valverde y Zidane, el juego fue atípico producto de la concepción inicial de los estilos de cada equipo.

Con la consolidación de Federico Valverde en el once blanco, el Real Madrid ganó en tenencia y presión alta. El uruguayo tuvo más del 90% de pases completos y siempre con la intención de profundizar el juego. La importancia que ganó dentro del equipo liberó de tareas con la pelota a Casemiro, que se encomendó a su principal virtud de corte y redondeó una actuación fantástica. Para esta tarea de presión colaboraron de gran manera Isco y Gareth Bale, sumado a los apoyos de Carvajal y Ferland Mendy en banda para cercar la salida rápida del Barcelona.

El uruguayo es un bastión del once de Zidane.

El uruguayo es un bastión del once de Zidane.

Las cifras de posesión de pelota estuvieron equiparadas, lo cual evidencia un partido parejo en el trámite y la intención de protagonizar desde la tenencia. Un punto importante para explicar este aspecto fue la ausencia en el once titular de Sergio Busquets. Sin el 5, Barcelona careció de un elemento siempre vital a la hora de ayudar a saltar presiones. Al ver debilitada esa fase inicial, el conjunto culé vio limitada su capacidad de crear ventajas en campo rival, y sólo pudo intimidar en las pocas veces que Lionel Messi logró escapar del cerrojo blanco. Otro que aportó lo suyo para asociar y ayudar a progresar al conjunto blaugrana fue Frenkie de Jong, quien al igual que Valverde, se confirma como uno de los mejores centrocampistas jovenes del mundo.

Otro punto para explicar el dominio territorial del Madrid es la poca aprehensión al retroceso de Antoine Griezmann al mediocampo para ocupar mejor los espacios y que Valverde no pueda dominar a su gusto el ritmo del partido. Sumado a esto, los constantes choques de Luis Suárez ante la muralla Varane-Ramos volvieron estéril cada intento del uruguayo por sacarle jugo a las pocas pelotas que recibió con cierto panorama y espacio. 

Sin embargo, todo lo bueno que pudo generar el Madrid (17 remates contra 9) no generó demasiado peligro concreto ante Ter Stegen. La poca influencia en el juego de Isco y la buena marcación sobre Bale dejó demasiado aislado a Karim Benzema, goleador del equipo en la temporada. En contraposición a esto, Barcelona por peso específico y por tener a Messi, no necesita elaborar demasiado el juego para lograr poner un jugador de cara con el gol. En una apilada clásica del rosarino, que no pudo empujar un centro de Griezmann, casi se rompe el cero de un partido parejo hasta en los más mínimos detalles. 

El empate en cero era un fenómeno que no se daba en El Clásico desde hace 17 años. Para la realidad de ambos, punteros de Liga y en octavos de Champions, es un alivio no haber perdido. Aunque también cierto es que Real Madrid se lleva mejores sensaciones de cara al futuro.