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COMPETIR SIEMPRE

El ambiente del Wanda Metropolitano invitó a soñar al Atlético Madrid. Un equipo cargado de componentes pasionales, y que eleva el nivel de competencia ante las paradas bravas, fue un cóctel que el Liverpool sufrió desde que la pelota empezó a rodar en la capital española. Diego Simeone, desde la pizarra, anuló por completo al equipo más en forma de la actualidad.

El tempranero gol de Saúl Ñíguez agudizó las buenas sensaciones del Atlético en el inicio. Con la ventaja, se puso en marcha el plan anti Liverpool con la premisa de no dejar espacios. Simeone restó metros a Mohamed Salah y Sadio Mané, siempre apoyados por los laterales del momento: Trent Alexander-Arnold y Andy Robertson. Los posicionamientos defensivos del Atlético fueron a base de triángulos: siempre el apoyo de un central a la espalda del tándem lateral-volante y la supervisión de Thomas Partey.  Así cercó al Liverpool y lo obligó a jugar de una forma y a un ritmo que no identifica a los de Jurgen Klopp.

Los triángulos del Atlético: el tandem Vrsaliko-Koke con los apoyos de Thomas Partey, la fórmula para el cerrojo de Simeone

Sin espacio en bandas, el segundo paso fue limitar el radio de acción de Roberto Firmino. El brasileño retrocedió a tres cuartos de manera constante, para dar apoyos y buscar abrir a la defensa rojiblanca, aunque sin demasiado éxito. El cerrojo fue cumplido con creces, tanto que al término del partido, las estadísticas mostraron que el Liverpool no remató nunca entre los tres palos. 

El desgaste y el excesivo retroceso en el campo del Atlético le dio posibilidades al Liverpool, aunque la mente del equipo de Klopp ya estaba atrofiada por la presión impuesta por Simeone. En este contexto de partido, la presencia de Felipe Augusto en la defensa fue imperial. El internacional brasileño ganó tres de sus cuatro duelos aéreos, y fue un pilar de la estoica defensa del área ante los embates ingleses. Otro gran valor fue el lateral Renan Lodi. Cuando Liverpool intentó acortar caminos con cambios de frente constantes y más presencia de los laterales doblando a los extremos, el ex Athletico Paranaense clausuró su sector con 9/10 duelos, evidenciando su gran estado de forma en su primer temporada en Europa.

El ingreso de Diego Costa sirvió para aportar frescura y aguantar la pelota lejos del arco de Jan Oblak y sobrellevar un partido tan desgastante como reconfortante, ya que ayudó a revivir el gen competitivo del Atlético Madrid. Desde la llegada de Simeone, Atlético no perdió ningún partido de fase eliminatoria en condición de local: jugó 13 partidos, cosechó nueve triunfos y cuatro empates; además, en esos encuentros, logró once vallas invictas y sólo recibió dos goles. Claro está que la de Inglaterra será otra historia: Liverpool es el campeón defensor y Anfield es su templo. Nada está dicho, aunque algo está claro: el Atlético sobrevive en su instinto competitivo.