Argentina 1-0 Brasil 2019

MÁS EQUIPO QUE HACE UN AÑO

El 16 de octubre de 2018, Argentina aguantó todo lo que pudo. El ciclo de Lionel Scaloni daba sus primeros pasos y para enfrentar a Brasil, la estrategia fue coherente: ceder la iniciativa y cerrar espacios en campo propio, aunque eso implicara quedar muy lejos del arco rival. Un agónico cabezazo de Joao Miranda echó por tierra el esfuerzo del equipo, aunque no logró opacar ciertos progresos. Ahora, a poco más de un año, Argentina confirmó que es más equipo; con las ideas más claras, mejores argumentos y nuevos matices. La estrategia fue similar, pero se ejecutó con mayor naturalidad, coherencia y seguridad. Al Scratch se le fue el partido sin lograr ni una sola gran ocasión de peligro.

Argentina volvió a organizarse a partir de dos líneas de cuatro muy marcadas, al igual que en el primer tiempo ante Alemania. Desde que Scaloni tomó las riendas, y con excepción del 4-3-1-2 que se encontró en la Copa América, el equipo no ha tenido continuidad en un esquema o una idea, sino que siempre adaptó el plan en base a las características del rival. Esa búsqueda constante le ha permitido a la Selección encontrar certezas partido a partido, hasta alcanzar una competitividad más que respetable. Ante Brasil, las dos líneas de cuatro garantizaron una buena ocupación del ancho y una estructura fiable a partir del tándem que conforman Leandro Paredes y Rodrigo De Paul, quizás la gran novedad en lo que va del nuevo ciclo. Cuando le tocó tener la pelota, Argentina mostró que su idea pasó por quedar con tres centrales, cerrar a Lo Celso como interior y garantizar la amplitud en banda con Lucas Ocampos y Nicolás Tagliafico.

No obstante, la posesión fue brasileña y los de Scaloni debieron responder a aquello. Con Lionel Messi y Lautaro Martínez atentos a los marcadores centrales verdeamarelhos, Argentina descuidó la figura de Casemiro. Pero aún así, el volante central del Real Madrid no pudo pesar en el juego gracias a la cercanía entre líneas albicelestes. Si Thiago Silva o Éder Militáo buscaban pase hacia el pivote, de inmediato Paredes o De Paul lo encimaban, obligándolo a jugar rápido y con un nivel de precisión que los de Tité no encontraron a lo largo de todo el encuentro. El gol de Messi, además, simplificó la estrategia. Argentina pudo agruparse más cerca de su arco, y demostró que su plan sin pelota está bien aceitado. En ningún momento Brasil pudo encontrar los caminos para llegar hasta Esteban Andrada. Eso sí: en fase ofensiva hay margen de mejora. Aunque Messi entendió bien las necesidades del equipo -dio oxígeno y pausa con toques de control- y Ocampos insinuó al espacio, la Albiceleste no logró salir con demasiada frecuencia en el primer tiempo; en cambio, sí lo hizo cuando promediaba la segunda mitad y Brasil evidenció la frustración de chocar una y otra vez ante el férreo repliegue. Fueron los mejores minutos de la Selección Argentina, que bien pudo liquidar el partido. Los ingresos de Nicolás González y Marcos Acuña sirvieron para recobrar aire y ganar metros con mayor facilidad.

En su regreso, Messi entendió bien las necesidades del equipo. Sus acciones dieron oxígeno y pausa.

Scaloni siempre fue partido a partido. Priorizó el corto plazo. Llegó a la Copa América con la idea del 4-3-3 (no sin antes tentarse con una línea de tres centrales) y en la misma encontró el 4-3-1-2 que olió a certeza. Pero enseguida volvió a probar: 4-5-1 para maniatar a México, 4-4-2 ante Alemania, que luego mutó a 3-4-3. Hoy, otra vez, dos líneas de cuatro bien marcadas. Ocampos y Lo Celso mostraron constancia en los apoyos defensivos. Paredes y De Paul siguen siendo las banderas. La defensa -Andrada incluído- casi no debió intervenir en situaciones comprometedoras. Argentina cambia esquemas y estrategias, pero compite siempre. En la búsqueda cortoplacista, se encuentra a sí misma; a sus virtudes y a sus carencias. Hoy, a comparación de hace un año, la Selección se siente más equipo.

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