Alemania 2-2 Argentina

REACCIÓN PARA NO RETROCEDER

Los progresos que Argentina confirmó en los amistosos ante México corrieron peligro en la visita a Dortmund. Para enfrentar a la selección alemana, la Albiceleste optó por nuevo esquema y estrategia: dos líneas de cuatro bien definidas y un plan de partido más propositivo. A diferencia de la última fecha FIFA, esto significaba dejar el triángulo en mediocampo para pasar a conformar un doble pivote y ganar un hombre (Paulo Dybala) entre líneas. Sin embargo, Joachim Löw no renegó de las ambiciones albicelestes y aceptó que los suyos dividieran la tenencia con tal de garantizarse espacios que atacar. Pese a unos interesantes minutos iniciales, Argentina comprobó que aún es demasiado pronto para imponer condiciones a tamaña selección desde una tenencia organizada. Con Juan Foyth -lateral-, Rodrigo De Paul -pivote- y Roberto Pereyra –extremo- juntándose en banda derecha, Argentina buscó controlar el partido y esperar el momento para activar en vertical a Dybala, Ángel Correa -de izquierda al centro- y Nicolás Tagliafico -amplitud en sector opuesto-.

No obstante, el repliegue alemán fue sólido y una vez recuperada la pelota, el talento de Kai Havertz, Julian Brandt, Serge Gnabry y el carrilero Lukas Klostermann, inclinó la balanza. Estos últimos participaron en los dos goles locales, luego de que Argentina mostrara notables dificultades para defender el área y frenar las transiciones. Fue allí, tras la desventaja de dos goles, cuando los recientes progresos del ciclo encabezado por Lionel Scaloni corrieron peligro. Alemania pudo palpar la confusión Albiceleste y cada transición fue un dolor de cabeza. La técnica alemana logró imponerse ante el desconcierto argentino. Un ejemplo de tal confusión se vio en banda izquierda, donde Ángel Correa saltaba a presionar antes de tiempo y concedía una gran cantidad de espacio que luego ni Paredes, ni Tagliafico ni Marcos Rojo -de muy flojo partido- lograban defender en tiempo y forma.

Correa y Rojo fueron un déficit para Argentina en la primera mitad. Ambos fueron reemplazados en el entretiempo.

De cara a la segunda mitad, Scaloni decidió echar mano al equipo y retocó tanto nombres como esquemas. Los ingresos de Marcos Acuña y Lucas Ocampos reconfiguraron al equipo en un 3-4-3 que buscó ocupar mejor el ancho del campo. Con Foyth y Tagliafico a los costados de Nicolás Otamendi, Argentina encontró un pase extra horizontal en salida y mayores facilidades para cruzar la línea divisoria. Una vez logrado eso, tanto Paredes como De Paul pudieron pasar más tiempo en campo rival y con la cancha de frente. Pero el partido acabó por cambiar con el ingreso de Lucas Alario para reemplazar a un Dybala que ya jugaba, una vez más, demasiado abierto en banda derecha. Tras esa tercera modificación, la intención de Scaloni quedó bien clara: tres delanteros por dentro para fijar a la última línea alemana, y aceptar el disputar duelos individuales en carriles exteriores.

Constante del segundo tiempo: los tres delanteros por dentro, fijando centrales, dando espacio a carrileros y alternando los apoyos. 

Constante del segundo tiempo: los tres delanteros por dentro, fijando centrales, dando espacio a carrileros y alternando los apoyos.

La frescura de Marcos Acuña fue importante para mantener la iniciativa, y con espacio suficiente para sacar centros, uno de ellos terminó en la red tras un gran cabezazo de Alario. El delantero del Bayer Leverkusen, además, se mostró activo para salir de su zona, descargar y dar continuidad a la circulación liderada por el tándem Paredes – De Paul. Incluso, se lo vio comprometido para exigir a los defensores rivales y forzar errores.

La reacción futbolística, mental y táctica tuvo premio en otra buena intervención de Alario que el otro ingresado, Ocampos, finalizó en la red. Y la remontada pudo ser total de jugarse algunos minutos más, aunque el sólo hecho de mejorar la imagen, torcer el rumbo del encuentro ante un gran rival, y poner pardas al marcador, alcanzó para que Argentina cerrara la jornada de Dortmund con buenas sensaciones y la tranquilidad de no retroceder casilleros en la búsqueda de estabilidad.