NO CONTABAN CON GUILLERMO

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Boca andaba dulce. Con Alfio Basile en la Dirección Técnica, venía de ganar el Apertura 2005 y, no conforme, también se había quedado con la Copa Sudamericana y la Recopa Sudamericana. Llegaba a aquella 11° Fecha del Clausura 2006 corriendo desde atrás a River; justamente, su archienemigo, y rival aquella tarde.

Los de Daniel Passarella eran firmes líderes y no cedían ante las persecuciones de Boca, Newell’s y Vélez. Aquel 23 de Marzo salieron a la cancha: Lux; Ferrari, Cáceres, Tula, Domínguez; Santana, Ahumada, Zapata; Montenegro; Higuaín y Farías. Buen equipo, buenos nombres. Firmeza en todas las líneas, principalmente en ofensiva. Pero nunca era fácil en La Bombonera, y menos si había tantos estandartes de una década dorada para el Xeneize: Abbondanzieri, Ibarra, Palermo, y las emergentes figuras como ‘Cata’ Díaz, Gago y Palacio. También eran épocas de las zancadas del ‘Flaco’ Bilos y el talento del ‘Pocho’ Insúa.

Por nombres y posiciones en la tabla, todo daba a entender que sería un partidazo.

Boca tuvo las más claras en la primera mitad, pero a los 39 minutos, la emoción fue millonaria: el mediocampo de Boca dejó recibir, levantar la cabeza, pensar y ejecutar a Jonathan Santana. Ernesto Farías fue el que recibió de espaldas y al borde del área, y con sólo movimientos dejó desairado a Matías Silvestre: primero amagó a ir hacia el centro, y luego, rápidamente, volvió a orientar su cuerpo hacia la pelota, quedando de frente al arco, y colocándola por encima de Abbondanzieri, que había salido a achicar de manera brusca y apresurada, aunque sin imaginar, claro, que el ‘Tecla’ resolvería de una manera formidable.

Farias clavó un golazo para poner en ventaja a River.

De todas maneras, no sería la tarde de Abbondanzieri. Promediando la segunda mitad, un contragolpe dejó a Gallardo solo. Solo contra el arquero xeneize, claro, que salió casi hasta la mitad de la cancha, y ante la gambeta del hoy entrenador millonario, le cruzó el cuerpo para impedirle el paso. “El Pato” se fue expulsado, casualidad o causalidad, por una falta a aquel que le arañó el rostro en el histórico cruce por Copa Libertadores, dos años antes.
El que ocupó el arco fue Pablo Migliore. Hoy famoso por sus locuras, carácter y relaciones con barras bravas, aquel día debutaba en la Primera División mientras River iba e iba intentando liquidar el encuentro y Boca acumulaba aproximaciones cada vez menos peligrosas.

El partido se tornó emocionante: Boca yendo con puro amor propio, sabiendo que quedaba a 4 puntos del líder. Germán Lux haciéndose cada vez más grande en el arco. Silvestre-Díaz quedando continuamente mano a mano ante Gallardo-Montenegro-Farías. Justamente, este último, reventó el palo derecho de Migliore en una contra clarísima. Y si ya todo era a pedir de River (triunfo parcial, ventaja numérica y libertades para sacar la réplica), a los 37 minutos quedaría todo en bandeja. Porque Montenegro le ganó en el salto a Gago en la mitad de la cancha, y como Gallardo antes, se iba solo hacia el arco. Era Rolfi vs Migliore. El 0-2 o el debut heroico del 1 xeneize. O al menos, todo el mundo pensó que el duelo se debatía entre ellos dos. Hasta que a pura velocidad y casi como un karateka, apareció Krupoviesa. El ex lateral izquierdo de Estudiantes se arrojó con una plancha que aún hoy se recuerda. Montenegro no sufrió ninguna lesión de gravedad porque el choque entre los tapones del defensor y su rodilla se produjo en el aire. Sólo por eso. Pezzotta aplicó la lógica y expulsó a ‘Krupo’. Boca quedó con 9 hombres. Pero no todo estaba perdido: unos minutos antes, el héroe había ingresado.

Guillermo, el ganador, el vivo, hábil, picante, guapo, inteligente. El que se había cansado de hacer goles y de asistir. El que ya había enamorado a la hinchada de Boca (recordados son los gritos pidiendo por su ingreso: “Guilleeeeermo, Guilleeeeermo”) pero debía ver el show desde el banco de suplentes por la aparición de un tremendo delantero como Palacio. Bilos fue quien le dejó su lugar al 7 bravo. Este, agarró la pelota afuera del área cuando sólo faltaba un minuto para que se cumpla el tiempo reglamentario. Eludió a uno, y ante la rápida salida de otro, se metió en el área y protegió la pelota con el cuerpo. En fracción de milésimas, giró intentando ponerse de cara al arco, y cuando sintió el contacto con el defensor, se derrumbó en el área. Penal. Festejo alocado y el ya ensordecedor grito de “Guilleeeeermo, Guilleeeermo”. Al capítulo de aquella tarde sólo le quedaba un duelo:  Palermo, el destinado a ser el máximo goleador xeneize, contra Lux, destinado a ser otro buen arquero producto de las inferiores riverplatenses que no trascendería como se esperaba. Martín, el ‘Titán‘, no podía desaprovechar el obsequio que su amigo Guillermo le había dado. La cruzó fuerte y abajo, para que los diarios del lunes muestren en su tabla de posiciones a Newell’s como único puntero. Pero al final del torneo, con todo resuelto, los diarios hablaron de otro título del Boca de Basile. Difícilmente lo hubieran hecho sin la ayuda del palo, del ‘Pato’, de ‘Krupo’ y del Salvador Guillermo.

SUPERCLASICO 2: “EL RITUAL DE ROMÁN”
SUPERCLASICO 3: “MUÑECO BRAVO”

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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