MUÑECO DE LA REVOLUCIÓN

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Seguro que Almeyda tiene mérito, porque dirigió al club más ganador de Argentina en el momento más dificil de su historia, cuando el país miraba los partidos de River para extraer una cuota de morbo. Y pese a todas las complicaciones, los miedos, fantasmas y presiones, logró ascender. Seguro también que Ramón Díaz tiene mérito, porque encaminó a River hacia el nuevo titulo local. Sin brillar, no se si fue el mejor, pero salió de la mediocridad y ganó. Ganar: a fin de cuentas, lo importante.

Pero lo de Gallardo es increíble. Es de un animal, de un obsesivo, casi demente. Llegó joven y mirado de reojo a un equipo ya campeón. No le importó nada: estaba tan seguro de su manera de sentir el fútbol y de su gen riverplatense que cambió todo lo que había dado éxito. Convenció a los jugadores. Deslumbró primero y se reinventó luego, cuando parecía que a River le agarraban la mano. En el camino, aquella semifinal contra Boca podía dejarlo con las manos vacías. Pudo quedar en el recuerdo como uno más entre tantos tipos con buenas intenciones. Pero con liderazgo y táctica se las arregló para vencer a Boca, ganar la Sudamericana y decirle adiós a todos los miedos. No conforme, siguió mejorando. Siguió obsesivo, buscando alternativas y puliendo defectos.

Es cierto: clasificó a Octavos de milagro. En una de esas cosas que te pasan cuando estas derecho. Señales del destino, quizás. El equipo no le rindió pero tuvo una oportunidad para despertarlos, hacerles saber que no debían conformarse, que River tenía que ir por más. Tenía con que. Lo demostró en cada minuto de las series. Nadie superó al River de Gallardo en el Ida-Vuelta. Parece tener un manual inmenso para ganar partidos. A distintos rivales, distintos métodos. Fue por la gloria total y la alcanzó. Todo en poco más de un año. Pareciera que el River de Ramón fue hace mucho, y no, fue la temporada pasada.

Gallardo parece ser un entrenador completo, desde el liderazgo y su convicción hasta la aclamada estrategia. Lo cierto es que rotó jugadores y esquemas, pero nunca cedió en su idea de ser protagonista, de no dejar que los rivales se lleven por delante a River. Su equipo siempre hizo pie, pocas veces no estuvo a la altura y con más y más trabajo, alcanzó la cima, la de los tres trofeos continentales que organiza CONMEBOL. Todos ellos hoy pertenecen al ‘Millonario’, pero atención, porque plantel y cuerpo técnico van por más, y ya demostraron que cuando se proponen algo, pueden cumplirlo con creces.

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1994. Si no rueda una pelota me siento incompleto. Cuando sea grande diré que vi jugar a Messi. Disfruto de leer y escribir.

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