NO HAGAN SUFRIR A LA PELOTA

1

Eduardo Sacheri tenía razón. En su cuento “Me van a tener que disculpar”, en alusión a Maradona, el autor culpa al tiempo por haber transcurrido y no permanecer en esos momentos de alegría, donde todo parecía ser justo, sobre todo luego de aquellos dos goles a Inglaterra en el Mundial de 1986. Algo parecido me pasa ahora, 28 años después, con otro Diez. Sí, con mayúscula, porque ponerlo en minúscula es menospreciar.

Este domingo, a no ser que ocurra un milagro, será el más triste de mis sagrados días futboleros. Este domingo 11 de mayo de 2014 quedará inmortalizado como el día en que la pelota, por primera vez en la historia, derramó lágrimas por sus mejillas. Y en el “patio de su casa”, tal como describió él mismo alguna vez, se observará la desazón, la tristeza y la melancolía. Por primera vez en mucho tiempo, las caras largas serán el fiel reflejo de lo que le pasará a la verdadera protagonista de cada partido: “la caprichosa”, como bien la llama Quique Wolff.

Ella quedará herida de muerte. Será testigo de la última pisada de quien mejor la trató en los últimos 20 o 30 años. O, por qué no, como el que mejor lo hizo en la historia. La pelota llorará, tal como lo harán los amantes del fútbol, sean cual sean sus colores de camiseta favoritos.

Juan Román Riquelme, salvo, repito, que un milagro obre en La Boca, jugará su último partido. Aún es pronto saber si seguirá mostrando su clase en otro club, o incluso si seguirá un tiempo más, como lo desea la mayoría de los hinchas genuinos de Boca.

Qué feo es aclarar “genuinos”, ¿no? Pero hay que hacerlo. Últimamente para saber si un jugador tiene la razón y comparte mis códigos, simplemente hago silencio y escucho qué hacen los muchachos que se paran sobre el paraavalanchas. Si ellos no entonan ninguna canción que alce al jugador, automáticamente éste pasa a ser algo más que un “ídolo”. Y eso me pasó con Román. Cuestiones mías, de interpretación, que usted podrá (o no) estar de acuerdo.

Sin embargo, hay algo que no tiene discusión: su magia. ¿Quién puede discutir futbolísticamente a Riquelme? ¿Existe alguien sobre la tierra que sea capaz de hacer semejante ridiculez? Sí. El presidente de Boca, Daniel Angelici, mano derecha de Mauricio Macri. El “Tano” (así le dicen), por entonces tesorero del club, se opuso a la renovación de Román hace cuatro años, alegando que había que renovarle “solo por dos años, por su estado físico”. Tras muchas idas y vueltas, Jorge Amor Ameal (el presidente en aquella época) logró renovarle por la cantidad que quería el enganche, y a Angelici no le quedó otra alternativa que renunciar a su cargo. Al poco tiempo se presentó a elecciones, apoyado por el Jefe de Gobierno porteño, y ganó por un amplio margen. ¿Se podría decir, entonces, que los hinchas “descuidaron” a su ídolo? Puede ser una buena lectura, ¿pero quién hubiese pensado que estos dirigentes iban a atormentar tanto al máximo ídolo?

Riquelme se fue en 2012, tras la final de la Copa Libertadores ante Corinthians. Puso como excusa que estaba “vacío” y que “no tenía más nada que darle al club”. Razón no le faltaba. Fue campeón de asbsolutamente todo: LibertadoresIntercontinental, torneos locales, Recopa y hasta Copa Argentina. Un tipo con los códigos de Román jamás hubiese vuelto al club y traicionado su palabra. Pero volvió por dos razones: la gente y su “papá”, Carlos Bianchi. “Si hay que sufrir, suframos juntos”, le dijo al Virrey tras perder los clásicos con River en el verano. Y regresó, efectivamente, para sufrir. La campaña de Boca no fue buena, pero más allá de eso, vivió maltratos del presidente en los medios de comunicación, operaciones mediáticas y demás cosas que ningún ser humano puede estar dispuesto a soportar. Para colmo, no hablamos de un humano más. Este señor representa todo en el club. Decir él es decir Boca y decir Boca es decir él. Van de la mano.

Con la gente fue un tanto especial. El 9 de julio de 2012 se produjo el multitudinario banderazo en apoyo al jugador, que reunió a más de 6 mil hinchas en la puerta del estadio, y a más de 15 mil en el resto del mundo. Se realizó en Mar del Plata, Mendoza, Córdoba, Río Negro y hasta en México, Estados Unidos, Israel y Japón. Riquelme admitió, tiempo después, que no pudo verlo en vivo porque sino volvía automáticamente, y le pidió a su hermano que se lo grabe. A los pocos días lo vio en su casa y se largó a llorar. Jamás creyó que el amor de la gente era tan grande. De hecho tiene una estatua en el museo del club: en la inauguración estuvo Román, y en medio de las lágrimas dijo la frase que aún hoy repiten todos los fanáticos: “Soy Bostero y voy a morir Bostero”. En una entrevista en Fox Sports, el enganche dijo que la gente estaba “loca” y que todavía no podía creer la sensación de que cuando él se muera iba a estar para siempre en el club. La gente es un punto débil en la vida de Riquelme. Y ellos lo saben. Por eso hace pocos días volvieron a reunirse en la puerta de la Bombonera. Más de 5 mil personas pidieron nuevamente por la continuidad de su ídolo, quedando en evidencia solamente una cosa: el amor. Quien quiera oír, que oiga…

Quizás el ídolo más grande de todos. El que mostró el camino. La escuela del “paladar negro” estaba en la vereda de enfrente, en la de la banda cruzada. “Aquellos” jugaban bien. Pero él llegó a Brandsen 805 para cambiarle la mirada al Pueblo Boquense. Enseñó, a base de fútbol, la importancia de un pase sobre la de un gol. Quiso que todos sepan que la mejor manera de defenderse es teniendo la pelota. Demostró que una pisada en el momento exacto, haciendo pasar el balón por entre las piernas de un rival estando de espaldas, puede quedar grabado en las retinas de todo el mundo por los siglos de los siglos.

Todo tiene un final. Por culpa del tiempo, claro, que sigue empecinado en transcurrir, dejando los momentos gloriosos en un pasado intocable pero a la vez lejano. Por eso además de echarle la culpa al presidente de turno y a sus secuaces, yo también tengo que hacer como el gran Eduardo Sacheri, y culpar al tiempo. ¿Por qué no se quedó en los momentos lindos? ¿Por qué es tan terco de avanzar sobre un futuro que, se ve a simple vista, es oscuro y tétrico? No me imagino el día lunes. No me entra en la razón (ni en el corazón) el simple hecho de que a partir del lunes ese señor no me regale más alegrías. Me niego a ese futuro negro que se avecina. No estaría dispuesto a soportar que el único que trata bien al objeto que más amo en el mundo se vaya. Suficiente tiene uno para soportar las cachetadas que le da la vida como para que también le peguen así en el fútbol.

Por eso, señores dirigentes, pido a gritos que le renueven el contrato. Para ver una caricia más. De eso se trata. La pelota no quiere llorar, ella debe sonreír. En esta época de matungos de metro noventa y ochenta kilos dispuestos a chocar como dos mastodontes, este loco diez es un romántico que solamente desea mimar al objeto que más ama. Ese mismo al cual amo tanto yo.

Por el bien del fútbol y por el bien de quien verdaderamente importa en este deporte: no te vayas, Román, la pelota no quiere separarse

Share.

About Author

Estudiante de periodismo. Maradoniano y Riquelmista. "Hasta la victoria siempre". "El periodismo es el mejor oficio del mundo".

1 comentario

  1. Pingback: EL PRIMER TOPO GIGIO

Leave A Reply