Juan Román Riquelme

TE VAMOS A EXTRAÑAR, DIEZ

No voy a hablar de lo que hizo, de lo que hace o de lo que hará afuera de la cancha. No me interesa, no lo veo necesario, y menos en este momento. El último diez se fue del jardín de su casa. Duele el alma. Lastima el corazón. 

Yo a Riquelme lo empecé a conocer en la Libertadores del 2007. Tengo que ser sincero, soy muy jóven y no disfruté de las grandes hazañas que este pibe introvertido proveniente de Don Torcuato hizo antes de irse a desplegar su magia a Europa. Pero esa Copa Libertadores fue distinta a las demás. Se vivió de manera diferente, se sintió de una manera extrema, casi de vida o muerte.
Ese año, Riquelme no hizo la Pretemporada. Venía con un bajo nivel de juego, volviendo de a poco al club. Russo agarraba un equipo en formación, con buenos jugadores pero con falta de unidad. La derrota ante Estudiantes que lo dejaba sin Tricampeonato al club fue detonante para el plantel. Más allá de esto, los nombres eran prometedores. Riquelme, Palacio, Palermo, Morel Rodríguez, Clemente. Jugadores había, lo que faltaba era un equipo.
Recuerdo que Russo fue seguido a hablar a los medios, ya que todos se habían sorprendido con el hecho de que el técnico se la jugara una vez más por el 10. «Si usted cree que con Riquelme en el equipo podrá ganar la Copa, está muy equivocado» comentaba un periodista. Román, por su parte, callado volvía a los entrenamientos. Y en la Copa, Riquelme fue el Riquelme que todos conocemos. Deslumbró. Nos llenó de fútbol los ojos. Nadie podía entender como ese muchacho con la número diez en la espalda hacía lo que hacía. Empezó contra Vélez en octavos, marcando un golazo infernal al ángulo en la ida. Después en la vuelta, haría un gol olímpico. Esto fue Riquelme. 
Ni hablar del gol a Libertad, en Paraguay, por los cuartos de final. Arranca de la mitad de la cancha, se saca a uno, luego a otro, luego a otro y remata fuerte abajo. Era insano lo que hacía ese jugador con la pelota. Increíble. ¿Se acuerda el día de la niebla? Bueno, imagino se acordará el golazo de tiro libre que hace este señor. Un hermoso toque sutil que se incrusta en el ángulo derecho del arco que da a Casa Amarilla. Maravilloso, nada para acotar. 
Pero si en verdad uno quiere darse cuenta que es Riquelme y que es el fútbol, tiene que mirar la ida y la vuelta de la final de esa Copa Libertadores frente a Gremio. Eso fue Riquelme. Eso es Riquelme. Arte, pasión, locura, sorpresa, amor, sutileza, hambre de gloria. Millones de adjetivos calificativos puedo aportar para esa final, por el simple hecho de que fue de otro planeta.
Se preguntará que tiene que ver la Copa Libertadores de Riquelme con su turbulenta salida del club del que fue parte por más de 10 años. Todo. Todo tiene que ver. Porque este es el Riquelme con el que nos tenemos que quedar. Con el habilidoso, sagaz, rápido de cuerpo y mente Riquelme. No con el Riquelme afuera de la cancha. Ese a mi no me consta. Yo, como hincha de Boca, me quedo con el Riquelme jugador, que le dio todo al club y fue y es un hincha más. 
Se va del jardín de su casa, el último diez. Único e inigualable. ¿Siento tristeza? ¿Desazón? Un poco, no les voy a mentir. Pero también siento una alegría inmensa. Porque nos dio todo y mucho más. Gracias y perdón. Te vamos a extrañar. 
Federico Tinelli