MI RIQUELME

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Cuando era chico no era un gran amante del fútbol. Cualquiera que me conoce hoy no puede entender cómo este fanático de Argentinos y admirador compulsivo del deporte más lindo de todos, no miraba partidos a los 6 o 7 años. Lo cierto es que el primer partido del que tengo memoria es el de la Promoción que el Bicho le ganó a Talleres en 2004, el “Cordobazo”. Recuerdo ver feliz a mi viejo y a los jugadores festejando. A partir de ahí, con 7 años, empecé a mirar un poco más e interiorizarme. Ese momento coincidió con una de las etapas de mayor esplendor de Juan Román Riquelme: su estadía en Villarreal.

Lo veía gambetear, mostrársela a los rivales y pisarla como ninguno. Tiraba caños y luego hacía algo productivo, no como esos cancheros que hacen puro chiche. Daba pases de gol. “A lo Bochini” decía mi viejo. Yo no entendía, pero suponía que eso era bueno. Le pegaba de afuera, metía tiros libres. Cada vez que podía, lo miraba. Empezaba mi memoria futbolísitica y ese tipo se empezaba a convertir en mi referente, mi ídolo.

Un año después, me compraron mi primera camiseta de la Selección Argentina, y obviamente, pedí que me estampen la número 8 con el nombre de Román. La usaba todo el día. En mi club, algunos hasta pensaban que yo me llamaba de esa manera. Una vez, tras el partido que Argentina le ganó 3 a 1 a Brasil en el Monumental por las Eliminatorias al Mundial de Alemania 2006, me agarré a piñas con un compañero porque el decía que “Crespo es el más importante porque metió 2 goles”, y yo, ofendido, e incrédulo ante su pensamiento de que sólo importa quién mete los tantos, retrucaba “pero el de Román fue más lindo”. Claro, no todos entendían su fútbol. Claro, ahora sigue habiendo quienes no lo entienden.

El tiempo seguía pasando, cada vez más hincha de Argentinos, cada vez más hincha de Riquelme, y cada vez más orgulloso de que el mejor jugador de mi mundo había salido de mi club. Lloré cuando erró el penal definitorio ante el Arsenal en la semi de la Champions y después lo disfruté en el Mundial. Volvió a Boca. La puta madre, mi ídolo volvía a mi liga pero para jugar en otro equipo, en un equipo que jugaba contra el mio.

Sin Argentinos en la Libertadores, celebré sus goles ante Gremio. Lo volví a disfrutar en la Copa América de Venezuela, porque ahí sí me defendía a mi. Sufrí sus renuncias a la Selección, lo defendí hasta lo indefendible y me comí varias cargadas de mis amigos: “Preguntale a la mamá de Román”.

Seguí sufriendo los goles que nos metía, porque para colmo era su costumbre: embocarnos. Un buen día, peleado con Angelici y aduciendo estar vacío, renunció a Boca. Durante algunos meses estuvo negociando con varios clubes argentinos y del exterior, y el Bicho era uno de ellos. La ilusión que tuve fue casi tan grande como la tristeza que sentí cuando volvió al xeneize. Qué chance desperdiciada.

Ya un poco más grande y con 6 meses en el lomo trabajando de periodista partidario, llegó otra oportunidad de repatriarlo, de convencerlo, apelar a su sentimiento y lograr que vuelva al club que lo formó, que tanto le dio, y al que Román nunca pudo retribuir. La historia es conocida, hoy firmó su contrato y el domingo lo presentan con bombos y platillos. Como prometí, voy a tener que caminar ida y vuelta a Plaza de Mayo (la última cuadra en boxers) y comprar pizza para todos mis amigos, pero lo va a valer. Porque ahora ese Riquelme de Boca, el ídolo de muchos otros, es mío, va a defender mi camiseta, mis colores y va a desparramar su talento por mi cancha.

Seguramente llore en la presentación, y también cuando lo vea entrar en el Estadio Diego Armando Maradona, cuando lo vea gambetear, mostrársela a los rivales y pisarla como ninguno. Cuando tire caños y luego haga algo productivo, no como esos cancheros que hacen puro chiche (aunque ojo, ahora inventó una nueva modalidad, la de tirar caño sin tocarla). También me emocionaré, seguramente, cuando desde la tribuna vea que tire una milimétrica habilitación. “A lo Bochini” me va a decir mi viejo. “No boludo, a lo Riquelme”, le voy a responder yo.

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About Author

Estudiante de Historia en la UBA. A veces oficio de periodista. Hincha y socio de Argentinos Juniors.

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