Nadie gana (ni pierde) sólo

NADIE GANA SOLO (NI PIERDE SOLO)

El triunfo de Portugal en la Eurocopa y la derrota de Argentina en la Copa América Centenario nos recuerdan las palabras del Alfredo Di Stéfano: «nadie es tan bueno como todos juntos». Es decir, ninguna victoria o derrota corresponde a un sólo jugador.

Los últimos siete u ocho años en el planeta fútbol han estado marcados por el debate sobre quién es el mejor de todos: Lionel Messi o Cristiano Ronaldo. Con las camisetas del FC Barcelona y el Real Madrid respectivamente, ambos cracks han tiranizado Europa. Cada temporada se pelean todos los premios individuales y colectivos. Jugadores enormes han quedado minimizados ante sus titánicas figuras, lamentándose haber nacido en la misma época que ellos. Son los putos amos. Generan fervientes alabanzas y defensas a ultranza entre sus fanáticos. Su dualismo ha polarizado al mundo. “Messi los hace y también los da, Cristiano no la pasa nunca”, “CR7 tiene mejor promedio goleador en la Liga”, “Messi ha ganado más veces el Balón de Oro”, “CR7 tiene cabezazo y Messi no”, dicen detractores y defensores. Hoy el portugués le puso nueva sustancia a la eterna polémica porque consiguió algo que el astro del FC Barcelona todavía no: ganó algo con la selección adulta de su país.

Muchos han aprovechado la coyuntura y se han atrincherado bajo la inmensa figura de Cristiano, que hoy parece aún más grande, para llenarlo de loas y, también, lanzar dardos envenenados contra el 10 argentino, que viene de perder su cuarta final con la albiceleste a nivel adulto en la Copa América Centenario ante Chile. Messi hace todo lo que puede por su selección. Siempre pide la pelota, juega y hace jugar, anota y asiste. Gambetea y gambetea, pero lo dejan solo; la albiceleste –ya sea con Maradona, Batista, Sabella o Martino en la banca- nunca ha dado con una estructura de conjunto que respalde el inconmensurable talento de la Pulga o cuando lo ha logrado ha renegado de sí misma en los partidos decisivos. La imagen de Messi conduciendo la pelota rodeado por cinco chilenos, sin líneas de pase, habla por sí misma. Si se le compara con el blaugrana, Cristiano Ronaldo, un goleador de época, ha tenido un rendimiento mucho más bajo con su equipo nacional. El Mundial de Sudáfrica, el Mundial de Brasil, la Eurocopa del 2012 dejaron ver a un jugador insulso, que no estuvo a la altura de una leyenda labrada en Manchester y en Madrid. Terrenal, en definitiva. En su defensa se decía que los lusos no tenían las figuras de otros equipos, pero si se revisaba la plantilla uno se encuentra con jugadores de nivel mundial, de dilatada trayectoria, algunos en los mejores equipos del mundo. El problema, tal como en Argentina, era dar con una expresión colectiva potente. En territorio francés, el madridista tampoco vivió sus mejores noches. Erró ocasiones insólitas que suele no perdonar y participó poco del juego con sus compañeros. Incluso ante rivales de poco relieve no destacó. Sus dos goles a Hungría en la fase de grupos y uno a Gales en las semifinales ayudaron a maquillar en algo su imagen. La diferencia es que, al menos en esta competencia, cuando no estuvo, ya sea por rendimiento o por lesión como en la final, sí apareció el conjunto. Portugal fue un equipo granítico, impenetrable a ratos. Se agigantaron los Ricardo Quaresma, los William Carvalho, los José Fonte, más acostumbrados a ser actores de reparto que a roles estelares. Hoy Eder, un delantero de condiciones modestas, al que muchos llamaron el peor de la liga inglesa cuando jugaba para el Swansea, pudo hacer lo que Higuaín, Agüero y Palacio no: aprovechar su oportunidad cuando la tuvo. Y de paso nos recordó algo que las luces de las grandes estrellas a veces nos hace olvidar: en el fútbol nadie gana solo (ni pierde solo).

Por: Felipe Santibañez